lunes, 17 de julio de 2017

Educar cerebros para tener un país pensante


Los extraordinarios avances y descubrimientos de las neurociencias cognitivas nos han abierto una ventana de oportunidad para transformar la educación siguiendo un camino científico, que permitiría optimizar los cerebros de nuestros jóvenes y evitar el irresponsable derroche de talentos que impera en las escuelas.

En las últimas décadas no solo hemos avanzado en comprender como funciona nuestro cerebro sino que también hemos desenmascarado algunos mitos que sostenían prácticas educacionales de cuestionable eficacia.
Tal vez la sorpresa más auspiciosa acerca de nuestro cerebro es su notable plasticidad. Allí existe un potencial insospechado para la educación del cerebro humano. Mientras exista vida, podemos reconfigurar nuestra arquitectura neuronal. Siempre se puede aprender una nueva habilidad, independiente de la edad que tengamos. 
Nunca es tarde para aprender.
La producción de nuevas neuronas es un proceso que continúa durante la mayor parte de nuestras vidas. Y la capacidad de procesar información tiene directa relación con la densidad neuronal y la cantidad de interconexiones. Mientras estemos vivos, nuestro cerebro se adapta al trabajo que le encomendamos. 
Nunca se termina de aprender.
Si queremos aprovechar nuestro cerebro, debemos incentivarlo a trabajar duro y fortalecer las conexiones neuronales. Ejercitarlo continuamente y progresivamente. La escuela debe ser un gimnasio cerebral con muchos aparatos. Y los profesores deben ser entrenadores exigentes. El ambiente escolar debe estar enriquecido con múltiples estímulos y diversidad de interacciones. 
Siempre podemos aprender más.
Nuestro cerebro cambia permanentemente, adaptándose a las condiciones en que se desarrolla. Nadie está condenado por haber vivido situaciones difíciles, porque si las condiciones cambian, el cerebro también lo hace. Si bien es cierto que la desnutrición, la contaminación y el aislamiento social son detrimentales, no son condenas perpetuas. El cerebro puede revertir las adaptaciones adversas ante nuevas situaciones. El cerebro es resiliente. Se rehabilita. 
Siempre hay esperanzas. 
El cerebro opera mejor cuando interactúa con otros cerebros. Como una orquesta. Es un organismo social y empático. Aprende observando y comprendiendo a los demás. Se estimula con la presencia de otros cerebros a su alrededor. Y piensa mejor colectivamente. Por eso, la relación con otras personas, más maduras y sabias que nosotros, mejora nuestra capacidad de resolver problemas.
La inteligencia es contagiosa.
Las huellas de nuestra evolución como especie y de nuestra historia personal están escritas en nuestra arquitectura neuronal. Somos criaturas prematuras y necesitamos el cuidado de nuestros mayores para sobrevivir. La educación debe ayudarnos a sobrevivir, a relacionarnos con nuestros semejantes y adaptarnos al medio ambiente natural y cultural en que vivimos. Con confianza, podremos pensar mejor y desarrollar nuestros talentos. 
La educación es un proceso evolutivo. 
Pero la sorpresa mayor que hemos encontrado al estudiar nuestro cerebro, es reconocer que no somos seres racionales, sino emocionales. Nuestras decisiones se toman casi instantáneamente, antes de que razonemos e influídas fundamentalmente por nuestras emociones y sentimientos. Solo después de actuar, nuestra razón justifica nuestra decisión y conducta. Somos seres que tomamos decisiones emocionales. 
Debemos educar a nuestras emociones.
El peor pecado del profesor es desconocer cómo se desarrolla el cerebro de un niño. Un pecado que se origina en las facultades de educación que no incorporan las neurociencias cognitiva en la formación inicial docente. Porque lo que un profesor hace es conectar neuronas. Mientras más conexiones logre, mejor profesor es.
Debemos educar cerebros.
Ahora, si el cerebro es plástico y la educación lo moldea, la educación no debe ser rígida sino flexible. Debe adaptarse a niños cada vez más inteligentes, más sociales, mas interconectados y más informados. Si el cerebro es un órgano que se modifica a si mismo, la educación debe hacer lo propio. Dejar de uniformar conductas para dedicarse a desarrollar talentos. 
La educación debe formar cerebros diversificados. 

Por todo esto y mucho más, la tarea más relevante de la educación debiera ser curar, cuidar, entrenar, conectar y estimular los cerebros de nuestros jóvenes. Solo así, nuestro país tendrá el potencial de capital humano que se merece. 





lunes, 10 de julio de 2017

La corrupción será derrotada

Después de escuchar al diputado René Saffirio en Tolerancia Cero, quedé angustiado con el nivel de corrupción que infecta a nuestros políticos. Los partidos  están podridos. Se han acostumbrado al poder y lo usan para su propio beneficio, vistiéndose de servidores públicos. El olor del dinero parece ser irresistible para ellos. ¡Qué vergüenza! 
Lo más preocupante es que es algo transversal. No son unos pocos. No hay algunas manzanas podridas. La cosecha entera está contaminada. Todos, absolutamente todos, están involucrados. Incluso el propio Saffirio, como el mismo reconoció y como seguramente sus pares ahora se encargarán de demostrar. 

¿Porqué demoró tanto en destaparse la hoya? me pregunto yo...

Saffirio tiene un mérito, eso si podemos reconocerle. Se atrevió a decir... ¡basta! Y eso lo distingue del resto. Bien por él. Porque a las autoridades tampoco podemos exigirles santidad. No se trata de eso. Son humanos y perfectibles. Pero no podemos minimizar la tragedia enorme que vive nuestro país. Tenemos que aceptar de una vez por todas, que la política está desprestigiada porque actúa como una mafia. Pronto veremos como aquellos que intentan salirse del sistema, son amenazados y políticamente asesinados. Viendo el programa, me pareció que al día siguiente tendrían que renunciar al menos 2 ministros. Pero no me extrañaría que la denuncia sea minimizada, escondida bajo la alfombra y que los medios cedan a las presiones del lobby, obviando la grave denuncia. Veremos...

Tampoco debemos pensar que es un problema estrictamente nacional. Todos los días se destapan hoyas de apestosa corrupción alrededor del mundo. Vale la pena preguntarse seriamente si la democracia representativa es un sistema que funciona bien. Aunque la pregunta sea retórica, porque funciona bien para los que tienen poder y ellos la defenderán a muerte. Como hacen los gánsters. Ajusticiando a la fuerza a quienes pretenden quitarles su modo de sustento. Pero sospecho que no funciona bien para la gran mayoría. 

No puedo creer que nos sintamos bien representados por estos arácnidos que tejen y retejen redes de influencias para defender los intereses de los suyos sin considerar los efectos sobre los inocentes. Actúan como arañas que se esconden en los rincones para salir protegidas por la oscuridad, a alimentarse de lo que caiga en sus redes. 
Las excusas que dan los "honorables", que rechazaron el informe Sename II, son patéticas. No creo que ellos mismos se las crean. Tienen tanto ego y autoestima, que probablemente piensan que la gente es tonta y que se tragarán sus palabras sin la debida reflexión. Pero ya sabemos que le pasó a Icaro, cuando voló tan alto que el Sol derritió sus alas. Mientras más alto estén, más fuerte caerán. Nadie se puede desentender de las consecuencias de sus actos. Y los políticos menos que nadie. 

Las consecuencias pueden tardar, pero llegarán. La tecnología nos está haciendo vivir en un mundo más plano y transparente. Donde nuestros actos, pensamientos y huellas pasan a ser de dominio público. Esto está provocando una revolución cultural de proporciones inéditas. Las exigencias éticas se están incrementando. La tecnología está limpiando el deporte. Los controles anti doping son comunes. Los arbitrajes supervisados por videos han higienizado el rugby y el tenis y ahora está eliminando los actores teatrales del futbol. La tecnología es nuestra esperanza. Expone y condena las debilidades humanas. Nos obliga a ser más auténticos. Los hipócritas a la larga se extinguirán. Será una batalla larga y difícil pero la guerra contra la corrupción es necesaria para la supervivencia de nuestra especie. Y finalmente los arácnidos serán derrotados  Nuestros nietos vivirán en una sociedad menos opaca. Y mucho más justa. La historia finalmente desenmascarará a los corruptos. 

Por el momento, el ciudadano común y corriente debe tener más cuidado con qué ideas alimenta a su mente. Debe discernir cuando está siendo utilizado por esas redes de presión y atreverse a llegar a conclusiones independientes. El hombre de a pié, debe sospechar de las máscaras demasiado prístinas y reconocer los intereses oscuros detrás de las sugerencias de terceros. El ser humano debe perder su ingenuidad, especialmente con sus congéneres. 
Un consejo para los jóvenes: Reflexionen bien antes de actuar. Sus almohadas son mejores consejeras de lo que creen y les ayudarán a dormir bien. ¡Consúltenlas!



lunes, 3 de julio de 2017

Educación, la clave de las elecciones presidenciales

Después de las primarias, comienza la verdadera carrera presidencial. Ya están definidos los candidatos del Frente Amplio y Chile Vamos y pronto se despejará la incógnita de la Nueva Mayoría (¿será un corral que corre a dos bandas, o se bajará un candidato?) y quienes serán los otros aspirantes, que son claramente menos favoritos y que difícilmente pueden dar el batatazo.  En cuestión de semanas, los presidenciables estarán en el partidor. Ahora, los chilenos tenemos que sopesar las ideas que propondrán y apostar por los programas que nos parezcan mejores para Chile. 
Mi abuelo era muy aficionado a la hípica y estudiaba con cuidado los aprontes previos de los caballos en pruebas semejantes, consideraba muy relevante el jinete que lo conducía y el peso que debía cargar el equino. Pero al momento de apostar, intentaba encontrar la clave que definiría la carrera. Ese aspecto, tremendamente importante pero muchas veces invisible, que favorecería al triunfador. Nadie gana porque si, solía decir. Los jinetes ganadores saben encontrar la estrategia adecuada para triunfar.

A mi juicio, la clave que definirá la carrera presidencial de fines de año, será la Educación. Por varios motivos...
En primer lugar, porque fue la gran carta que enarboló la Nueva Mayoría en las elecciones pasadas y que la llevó a triunfar categóricamente. La educación es un tema relevante para todos los chilenos. Todos queremos una educación de calidad, porque eso asegura el futuro de nuestros hijos y nietos. Y por lo tanto, nuestro bienestar. De modo que apostar por una educación de calidad debiera dar dividendos. 
En segundo lugar, porque la estrategia que siguió el actual gobierno con la educación, fracasó rotundamente. El respaldo generalizado que tenía la reforma hace 4 años, se transformó en un rechazo categórico de 2 de cada 3 chilenos, según la última Adimark. Las expectativas no se cumplieron y hay una enorme frustración en torno al tema. Desde esta perspectiva, si alguien propone una estrategia distinta para lograr esa anhelada educación de calidad, puede conquistar a esos numerosos desilusionados.
En tercer lugar, porque no resulta difícil enmendar la fallida estrategia educacional. En lugar de sacarle los patines a las instituciones que avanzan velozmente hacia la calidad, hay que regalarle otros medios de propulsión a la educación pública. Ojalá más eficientes y robustos que los patines. ¿Como impulsar la educación pública? Adecuándose a los tiempos. Incorporando más y mejor tecnología. Colaborando, formando redes de cooperación y hablando el lenguaje de los nativos digitales. Aulas virtuales, cursos en linea con los mejores profesores. Realidad virtual. En todas las áreas, excepto la educación, la tecnología ha provocado transformaciones profundas. La educación no puede seguir esperando.
Por último, porque la educación es lo único que cambiará la mentalidad de nuestros ciudadanos. Como ya lo demostró repetidamente nuestra selección, cuando hay mentalidad ganadora, se puede aspirar a ser campeón del mundo. Y ese cambio de mentalidad que tanto necesita nuestro país, ese cambio cultural del pensamiento "chiquitito" a "creerse el cuento", es lo que verdaderamente nos hace orgullosos de ser chilenos. A todos los que tienen el corazón rojo... y que están satisfechos de haber salido subcampeones de la Copa Confederaciones, no por haber perdido la final, sino por estar dispuestos a perdonar al compatriota que cometió un error. Porque esa es la verdadera grandeza de nuestro pueblo. Levantarse cuando caemos. Pero no para quejarnos, sino para volverlo a intentar.

Por todo esto y mucho más, estoy convencido de que la carrera presidencial será ganada por aquel jinete que vistiendo los colores de la educación, tenga visión de futuro, criterios de largo plazo, perspectiva integradora y propuestas de rotundos cambios culturales. 
Un consejo para los candidatos de la elección presidencial:
¡Saquemos las anteojeras de nuestra educación y pongámosle alas a nuestros colegios!

jueves, 29 de junio de 2017

Coincidencias

Escribo de coincidencias, hoy, un día 29 de junio, fecha del cumpleaños de mi padre, del cumpleaños de mi suegra y también de mi nuera; Escribo de coincidencias, porque yo nací un 28 de noviembre, igual que mi abuelo, mi madre y mi hermana. Porque mi familia está plagada de casualidades, que yo prefiero llamar causalidades. Debe haber alguna conexión entre todos estos eventos y estoy decidido a descubrirla.
Carl Jung sostenía que las coincidencias improbables no eran producto del azar sino que eran señales de una realidad unificada subyacente. Estoy de acuerdo con él. Jung las llamó sincronicidades y pensaba que eran posibles porque tanto el observador como el evento observado brotan de una misma fuente. Entre ambos sucesos hay una conexión invisible porque en otra dimensión todos los eventos y todos los sujetos que perciben un evento no son más que la misma cosa. El observador se hace consciente de si mismo.
No es extraño que yo esté conectado a mi madre. Eso me parece casi evidente. Estamos unidos por un cordón umbilical invisible pero poderoso de intenso de incondicional amor. ¿Pero mi abuelo? 
No lo conocí. Murió justo antes de que yo naciera. Pero llevo su nombre y también me convertí en ingeniero, como él. A ambos nos gustaban los números y los convertimos en nuestros amigos. Ahora sé que el 28 es un número perfecto, porque la suma de sus factores es el mismo número. Y sé que todo lo que sucede también es perfecto.
Jung intuía que el Universo era obra de un ingeniero. Pensaba que el misterio de la sincronicidad tenía un origen numérico. Y aquel conocido fenómeno 11:11, que nos advierte el preciso instante en que se abre un portal de comunicación interdimensional, parece darle la razón. 

Yo no creo en las coincidencias, debo aclarar. 
Concuerdo con el Kybalion, un texto gnóstico dice: "Azar no es más que el nombre que se da a una ley desconocida; hay muchos planos de causación". Pero confieso que bauticé a mi perro, Azar, porque quiero que tenga suerte. Buena suerte. En mi interior, yo creo que la suerte es una forma de poder que favorece a aquellos que están alineados con los deseos de aquel Gran Programador.
El reconocido científico David Bohm en su libro: La Totalidad y el Orden Implicado, postula la existencia de un Universo de energía infinita que explica la manifestación del mundo material que percibimos, como producto de una razón implícita, mucho más profunda. Algo que un religioso llamaría la voluntad de Dios. 
William James, otro gran pensador, decía que somos islas desconectadas, solo en la superficie, conectadas por el fondo del océano.
Toda esta introducción para permitirme proponer que las coincidencias tienen un significado oculto. Son mensajes que debemos descifrar. 

La tarde en que Carl Jung murió, una gran tormenta eléctrica estalló sobre su casa y justo en el instante de su muerte, un relámpago destrozó su árbol favorito en el jardín. Nada podría ser más simbólico. Nada...
Algunos años después, otro rayo cayó en ese mismo jardín. Curiosamente, ocurrió no solo cuando se estaba filmando una película sobre el famoso psicólogo, sino en el momento exacto en que se estaba relatando la coincidencia de la muerte del psicólogo con la caída del rayo y la destrucción del árbol. 
Una coincidencia es un rayo que aclara la oscuridad en que vivimos o un relámpago que nos advierte sobre la existencia de una realidad profundamente interconectada. 

La física moderna habla del entrelazamiento cuántico entre partículas elementales,  una conexión aparentemente inexplicable e invisible entre entidades separadas, que probablemente sea extensible a la realidad macro. 
Las religiones ancestrales, suponían la existencia de una memoria donde se guardaban todas las experiencias y conocimientos adquiridos por los seres humanos. Una memoria que denominaban Campos Akáshicos y que conectaba todos los eventos. 
Las sincronicidades son anomalías superficiales que están conectadas en el fondo. Todos estamos viviendo una y solo una experiencia: el Universo observándose a si mismo. La vivimos como si fuese nuestra experiencia, solo porque es vista con nuestros ojos. Son solo diferentes perspectivas de lo mismo.
Las coincidencias nos advierten acerca de un mensaje que Dios quiere transmitirnos. Pretenden liberarnos de creencias falsas y ayudarnos a despertar. Son ayuda divina para vivir mejor.


Dios es un poeta elegante y misterioso,
que rima sus versos con coincidencias...
Para que apreciemos su panorama grandioso,
desenmascarando las sutiles providencias.


jueves, 22 de junio de 2017

Como nació la educación espiritual


La educación tradicional es económica y por tanto, racional. Está basada en la producción de valor físico. Tiene por lo tanto, premisas esencialmente materialistas. Es y fue muy necesaria para el ser humano que necesitaba aprender a ganarse la vida en forma autónoma. Pretendía que el estudiante adquiriera competencias concretas para desarrollar una actividad productiva y lo hacía competir para progresar. Pero es una educación que tiene problemas porque el mundo no es exclusivamente material. Paulatinamente nos dimos cuenta que hay consecuencias negativas e imprevistas, cuando se educa exclusivamente para el progreso individual. Nuestro medio ambiente sufre, el ser humano se estresa y las reglas de convivencia se rompen. 

Afortunadamente, nació un nuevo tipo de educación:

La educación ecológica: Una educación basada en la biología y la ecología, que reconoce la propuesta tradicional y agrega una visión ecológica y emocional. Es una educación más responsable. Reconoce la profunda interconectividad en que vivimos. Está basada en la fuerza de la diversidad y del trabajo en equipo. Es colaborativa, respetuosa del medio ambiente y eminentemente social. Persigue que el estudiante logre autonomía, aprendiendo a relacionarse con los demás, a respetar la vida en cualquiera de sus formas y a construir comunidades. 
Pero reconozcamos que también es una educación que presenta problemas, porque el universo tampoco es exclusivamente material y relacional. Existen fuerzas invisibles que este tipo de mirada no considera: energías que son relevantes para nuestro bienestar. La cabeza y el corazón no bastan.
Por eso, hubo que inventar otra forma de educar...


Apareció entonces la educación energética: Una educación basada en la física, que plantea que vivimos en un universo energético. Que también reconoce los aportes de las educaciones tradicional y ecológica, pero que agrega una nueva dimensión. Considera a lo material como un tipo de energía y se preocupa mucho más de las energías sutiles que influyen en nuestra realidad: las emociones, los pensamientos, los sentimientos, los deseos y las mal llamadas habilidades blandas. Propone ver a las ideas como un tipo de energía también y en ese sentido, es una mirada que persigue que el estudiante produzca valor energético y aumente su bienestar. Una educación que nos convierte en creadores y emprendedores, que desarrolla nuestros talentos y amplía nuestra conciencia.  
Esta nueva educación acertadamente, potenció la imaginación, pero aun así, no logró resolver los problemas existenciales del ser humano. 

Fue así como nació la educación espiritual: Una educación basada en la física cuántica y en las religiones orientales. Es una educación que construye una mirada validando las educaciones anteriores pero que se empeña en que descubramos nuestra verdadera identidad y en darle un sentido profundo a nuestras vidas. Sostiene que estamos atrapados en una ilusión onírica y pretende despertarnos. Una educación orientada a la realización plena. Una mirada que nos hace descubrir una nueva forma de entender la realidad. Nos convierte en observadores de nuestra propia conciencia y finalmente nos ilumina. 
Esta educación espiritual nos está transformando en seres con cuerpo, mente y espíritu. Sin distinguir entre ellos. Y nos ayuda a descubrir que somos una gran conciencia experimentándose desde diferentes puntos de vista. Esta es la educación que hace que el hombre y la humanidad se conviertan en Uno. Es la ciencia que descubre la No-dualidad.


lunes, 19 de junio de 2017

¿Qúe es la felicidad?

Le pregunté a un dinosaurio qué era la felicidad. Me contestó: "Convertirse en ave y aprender a volar". El viejo reptil me sugirió que la felicidad es un estado de conciencia adquirido. Más espiritual y menos material. Más celestial y menos terrenal. Mucho más evolucionado. Un estado de conciencia que se alcanza aprendiendo de las experiencias que vivimos. Y de los cambios físicos que sufrimos. Me aseguró que la mayoría de nosotros necesitamos experimentar muchas vidas para adquirir los aprendizajes que necesitamos para encontrarnos con la felicidad. No es fácil para un dinosaurio ser feliz. La transformación es lenta y dolorosa. Pero se aprende acercándose al cielo...

Le pregunté a una oruga qué era la felicidad. Me contestó: "Convertirse en mariposa y surfear el viento". Me sonrió irónicamente señalando que había que despojarse del cuerpo y hacerse más liviano. Me recomendó el desapego. Desprenderse de nuestros vínculos con lo material y conectarse con el aire. No es fácil para una oruga aprender a volar, me confesó. Hay que reinventarse. Y tener fe. Mucha fe...

Le pregunté a un manzano qué era la felicidad. Me contestó: "Convertirse en flor y esparcir semillas". El frutal esperaba la primavera con ilusión para ofrecer su bello y delicado néctar a las abejas y la belleza de sus pétalos al atardecer. Entregarse. Eso es felicidad, añadió. Trascenderse. La felicidad es amor que repartimos. Lo más difícil es tener paciencia y mantener la esperanza en el otoño.

Le pregunté a un simio qué era la felicidad. "Convertirse en humano para construir aviones y volar por los cielos", señaló. El mundo de la imaginación del humano es infinito, lleno de posibilidades. Me  gusta imaginar que nuestra mente puede liberarnos de la animalidad y acercarnos a la humanidad. La felicidad es poder imaginar. Así nos convertimos en creadores. En dioses...

Le pregunté a un niño qué era la felicidad. "Convertirse en ángel y habitar en el cielo", respondió. Me recordó que todos queremos desprendernos de las limitaciones biológicas y explorar el potencial del alma. Somos animales que queremos convertirnos en ángeles. Agregó que es cierto que perdemos los recuerdos de nuestras existencias previas, pero no es menos cierto que igual recibimos los aprendizajes heredados de nuestros antepasados. Vienen incorporados en nuestra arquitectura neuronal, en nuestra cultura, en nuestros valores familiares. Vienen como un regalo generoso del pasado. Porque todos los seres humanos estamos evolucionando hacia un estado más etéreo, más sutil, más benevolente y más hermoso. 

Le pregunté a una mujer qué era la felicidad. Y me dijo: "Ser hermosa para convertirme en la reina del Universo". Y agregó: "La felicidad es bella". No me confundí. No se refería a la belleza externa. Insinuaba que la encontramos en un nivel de conciencia donde dejamos de sufrir y nos identificamos con el Universo. Con todo el Universo. Señaló que encontramos la plenitud en aquella dimensión más profunda de nuestra conciencia donde todo se hace Uno. Ella creía que la belleza es la fuente de la felicidad y que la felicidad es la fuente de la belleza. Que son lo mismo. 

Le pregunté a un viejo qué era la felicidad. "Vivir...Vivir sin ataduras, fluyendo en el presente", aseguró. Vivir es una experiencia espiritual buscando trascender lo material. Es madurar y comprender... Algo que todos hacemos en etapas, buscando el tesoro del bienestar.  Es tomar conciencia de que podemos elegir ser felices. Porque aunque no lo sepamos, todos poseemos la capacidad de acceder voluntariamente a esa dimensión más sutil donde desaparecen los límites y somos totalmente plenos. Felicidad es estar en esa dimensión donde nos damos cuenta de que simplemente somos. Y que esa es la razón de existir. Somos. Simplemente somos. Y eso basta para ser feliz. 

Después de escucharlos a todos, me pregunté: ¿qué es la felicidad?
Y yo mismo me contesté: No lo sé... aún, pero en las palabras de estos maestros se encierra el secreto que debo descifrar. Parece que la felicidad es un enigma a punto de resolverse.

domingo, 11 de junio de 2017

Profesores auténticamente felices

Esa fuerza poderosa que genera el cambio continuo y nos impulsa a la acción, esa fuerza que llamamos vida, pretende que seamos felices, que vivamos en el bienestar. Lo único que se interpone entre nuestra realidad y nuestra felicidad son nuestras creencias. Porque todo lo que sucede está perfectamente alineado con nuestro destino. Todo, absolutamente todo, sucede por una buena razón. Es perfecto para nuestro aprendizaje.
Sin embargo si nos resistimos a los acontecimientos, sufriremos. La vida es un juego para disfrutar, no una lucha para sobrevivir. Si intentamos ser alguien distinto de quien somos; si pretendemos ocultar nuestras debilidades y mostrar tan solo nuestras virtudes, siempre tendremos que hacer un esfuerzo agotador. Sólo siendo verdaderamente auténticos, la vida se hace fácil, fluye.
Y para ser auténticos, hay que comenzar por aceptarnos tal cual somos. Esa aceptación, es el comienzo de la aceptación de cualquier otro… Ya no intentaremos cambiarnos nosotros mismos ni tampoco cambiar a nadie más. Nos respetamos y comenzamos a respetar a los demás. Aceptarnos significa valorar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma tal como son. Es rendirnos ante nuestra realidad y reconocer que en realidad somos perfectos.  Es dejar de resistirnos.
Vivir sin oponer resistencia hace que la vida sea más agradable y también implica vivir siguiendo los dictados del corazón. Expresando aprecio y cariño. Asombrándonos y evolucionando. Aprendiendo y madurando. Tomando conciencia de que somos vida. Somos una versión de la vida que ha decidido mirarse desde nuestro punto de vista, aceptar nuestros ancestros y nuestra historia, usar nuestro cuerpo como vehículo y nuestra mente como brújula. Somos vida experimentándose como nosotros.
Cuando aceptamos esto, recién entonces, caemos en cuenta que los demás, también son vida, expresándose desde otras perspectivas. Tan válidas como la nuestra. Somos esencialmente lo mismo. Debemos pues, aceptarlos como son. Son personas viviendo un proceso que espera hacernos felices y que lamentablemente boicoteamos cuando nos aferramos a creencias que nos hacen sufrir. Todos estamos acá, buscando la felicidad. Los que no logran ser felices, simplemente tienen creencias limitantes.  Que son falsas, por lo demás. Basta cambiarlas, para que despierten del infierno en que viven y comiencen a experimentar el bienestar natural que nos pertenece por derecho.
La primera responsabilidad de la educación, por lo tanto, debiera ser motivarnos a ser auténticos.  Únicos. Aceptarnos tal como somos y ayudarnos a moldear nuestras creencias para que no obstruyan nuestro feliz destino. Descubrir nuestros talentos, transformarlos en pasiones e inspirarnos a convertir nuestras vidas en obras de arte. Es obvio que necesitamos personalizar la educación. Como proponen los colegios Waldorf o Montessori, por ejemplo.
Una educación que aspire a tener alumnos felices, también requiere profesores satisfechos, motivados y realizados. Y por esta razón, la transformación educacional debe comenzar por los docentes. La mayoría de ellos, tiene buenas intenciones, pero se apoyan en creencias limitantes que deben ser examinadas y disueltas. Hay que ayudarlos a despertar. A aceptarse y quererse. A respetarse e identificarse con la vida. Postulo que hay que ofrecerles talleres de autoestima, de autoayuda y de autoconocimiento. Refrescarles sus miradas para que cuestionen aquellas creencias sospechosas. Ayudarlos a fluir por la vida.

En vez de gratuidad universal, yo hubiese preferido invertir esos recursos en “felicidad docente”. En lugar de destinar el 10% de los ingresos de Codelco a renovar armas, yo hubiese optado por potenciar el arsenal cognitivo de nuestra juventud. En la era del conocimiento, allí se darán las grandes batallas del siglo XXI. Nuestro país debe imponerse en la guerra de ideas. Por eso, sostengo que tener profesores auténticos y realizados, es el ingrediente más importante de la nueva educación y la inversión más rentable para la economía del país.