lunes, 20 de marzo de 2017

Las Etapas de la Aventura Humana

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.


Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.”

Antonio Machado
Las etapas de desarrollo humano

La Dinámica Espiral, es una nueva teoría acerca del desarrollo humano, propuesta inicialmente por Clare W. Graves y profundizada posteriormente, por Don Beck y Chris Cowan. Una hipótesis coherente con la postura de: "evolución de la conciencia", demostrada por Jean Gebser, puesto que propone un proceso de desarrollo psicológico del hombre en un movimiento oscilante, en espiral, caracterizado por la progresiva subordinación de los antiguos comportamientos a nuevas conductas mejor adaptadas a las condiciones de vida. Según este marco de referencia, el desarrollo del ser humano individual sigue una serie de etapas, que se traducen en tipos de pensamiento, que permiten comprender la historia y el comportamiento de cada persona ante sus circunstancias. Cada persona tiene una historia que se explica por su tipo de pensamiento. El camino y el caminar de una persona, revelan su desarrollo.

De acuerdo a esta teoría, esto también ocurre desde el punto de vista colectivo. Los grupos, organizaciones y sociedades, se desarrollan siguiendo estas mismas etapas, puesto que están compuestos por personas. En un grupo, organización o sociedad, donde se comparten valores, hay un tipo de pensamiento dominante –el más frecuente- que explica su comportamiento. Aquí se establece un vínculo entre el modo de pensar preponderante y la cultura del grupo. Encontramos así, la perspectiva cultural.

Según esta tesis, el desarrollo humano, individual y colectivo seguiría un patrón bastante definido: En la medida que nuestras circunstancias cambian, cambian nuestras emociones, nuestros pensamientos y comportamientos. Al cambiar nuestros comportamientos, se ejerce presión para cambiar el sistema y muy pronto necesitamos reorganizarlo para hacerlo coherente con la nueva cultura. Aquí se establece un vínculo fundamental entre la cultura y su organización.  Encontramos ahora, la mirada sistémica.
Recién ahora, la idea Jungiana se revela en todo su esplendor: todo parece estar íntimamente conectado en múltiples direcciones. El pensamiento y la cultura y el comportamiento y la organización y el comportamiento y la cultura y el pensamiento, en una red intrincada pero consistente. El desarrollo social es coherente. Cuando cambia uno cambian todos.

Aprovecharemos de hacer una aclaración: cuando emerge un nuevo paradigma, el pensamiento antiguo no desaparece. Se mantiene latente por si resulta necesario en el futuro. Continuamente debemos adaptarnos a las circunstancias sin perder la historia, en un desarrollo recursivo y holárquico.

Según esta teoría, la vida parece ser un juego, que tiene reglas para cada etapa y cuando las dominamos, pasamos a la etapa siguiente. Lo curioso, lo verdaderamente extraordinario del juego, es que todos enfrentamos los mismos desafíos...

En primer lugar, en la etapa beige, nos enfrentamos a una naturaleza desconocida y dependemos de nuestros instintos para aprender a sobrevivir; de no lograrlo, obviamente no pasamos a la siguiente etapa...

En segundo lugar, la etapa púrpura, comprendemos que somos vulnerables y aprendemos a vivir en un mundo mágico y vencer nuestros miedos para encontrar seguridad imitando las conductas y costumbres de nuestros semejantes...

En tercer lugar, la etapa roja, afrontamos una selva donde solo sobreviven los astutos y fuertes. Reconocemos nuestros intereses y buscamos satisfacción personal persiguiendo ciegamente nuestros objetivos, luchando sin cuartel por lograrlos;

En cuarto lugar, la etapa azul, cuando distinguimos opuestos irreconciliables, aprendemos a respetar las reglas, las jerarquías y la autoridad, viviendo una existencia ordenada por verdades absolutas. 

En quinto lugar, la etapa naranja, cuando luchamos por nuestra autonomía y el éxito empleando estrategias competitivas en un mercado lleno de posibilidades y oportunidades.

En sexto lugar, la etapa verde, cuando convivimos en un hábitat comunitario donde asentamos nuestro sentido de pertenencia y trabajamos en equipo respetando la naturaleza.

En séptimo lugar, en la etapa amarilla, se vive plena y responsablemente, aprendemos a ser flexibles y a reconocer las interconexiones en un mundo donde la trama de la vida nos sorprende continuamente.

Finalmente, en la etapa turquesa, se experimenta una sensación de unidad trascendental y comprendemos que vivimos en un elegante universo donde tenemos que asumir nuestra responsabilidad con la vida.

En el juego de la vida, no podemos saltarnos etapas puesto que las lecciones aprendidas son nuestro pasaporte para la etapa siguiente. No sabemos cuanto tiempo tenemos. En cualquier momento se termina el juego.

El ser humano individual obviamente pasa por estas etapas, evolucionando hacia etapas superiores al madurar y expandir su consciencia. Distinguimos por ejemplo, la etapa instintiva de la lactancia; la tierna infancia cuando adquirimos seguridad en el seno de la familia; la etapa pre-escolar teñida de egoísmo; la etapa escolar cuando aprendemos a convivir; la adolescencia, cuando nos rebelamos ante el sistema; y la adultez primero, cuando nos incorporamos al sistema económico-social y posteriormente cuando asumimos nuestras responsabilidades. Algunos sin embargo, no logran madurar psicológicamente en forma progresiva y pueden quedar atrapados en alguna etapa de desarrollo, independientemente de su edad cronológica. Todos conocemos adultos que actúan como adolescentes y a veces como niños. Nadie tiene garantizada su evolución sin seguir un proceso de expansión de consciencia progresivo.

Colectivamente, según Graves, la humanidad también ha pasado por 4 etapas: Arcaica o Instintiva; Mágica o  Tierna infancia; Mítica o Pre-escolar y Mental o Escolar. Estaríamos en consecuencia entrando a la Adolescencia de la Humanidad, con todas las crisis y complicaciones del crecimiento físico, la madurez intelectual y la transformación de nuestra identidad colectiva; una etapa turbulenta, llena de contradicciones y esencialmente compleja. Por eso estamos donde estamos.

Llegó la hora de caminar por un camino incierto, entender nuestras anteojeras y ponernos lentes que nos permitan mirar desde nuevas perspectivas, para admirar las complejidades de la evolución del mundo exterior y profundizar el conocimiento de la naturaleza humana y así, aprovechar toda la información acumulada por nuestra especie.


En resumen, nos cuesta adaptarnos al cambio. Pero el cambio es inexorable. El mundo evoluciona. Todo está en movimiento y todo está conectado. Incluso el ser humano, que es ciego al movimiento y a las conexiones, se desarrolla en etapas. Un proceso individual y colectivo de expansión de la consciencia que afecta y es afectado por la forma de pensar y aprender, las creencias, los valores consensuados, la cultura y tradiciones y la organización social y política, es decir por el sistema. Debido al movimiento perpetuo y a las infinitas conexiones, emergerán asombrosas sorpresas en nuestra fabulosa aventura hacia el superhombre.

lunes, 13 de marzo de 2017

Bases Curriculares

El Ministerio de Educación ha iniciado el período de consultas públicas, para su propuesta curricular de los últimos dos años de la educación secundaria, cosa que por supuesto me parece destacable. La actualización permanente del currículo es necesaria en tiempos de cambios acelerados.
A primera vista, sin embargo, la propuesta se ha desarrollado siguiendo la lógica del pensamiento lineal y manteniendo la fragmentación curricular. A pesar de que se aprecia claramente la intención de acoger lo que denominan: "Demandas de la sociedad" y declaran su intención de reforzar la formación integral, mejorar la equidad y la pertinencia del currículo –todos, aspectos muy deseables– creo que la propuesta fracasa, justamente porque se mantiene dentro del paradigma vigente. 

La formación integral, no se logra con una educación diferenciada. Todo lo contrario. La diferenciación propuesta, técnico-profesional, humanista-científica y artística, propone 3 caminos distintos para jóvenes en plena adolescencia, que afectarán su vida futura. La primera alternativa tiende a cerrar las puertas de la educación superior. La segunda alternativa, insiste en un dualismo peligroso. El humanista, sin la dosis de escepticismo y pensamiento crítico de la ciencia, tiende a ser demasiado idealista para el mundo actual. En cambio, el científico sin humanismo, es más dañino aún. Tal vez la última alternativa, la opción artística, sea la opción más promisoria para nuestra juventud. En el futuro, la creatividad, la sensibilidad, la innovación y el poder de la imaginación, será la energía que impulsará el progreso. Pero, sospecho que será el camino menos recorrido. En nuestra opinión, una formación verdaderamente integral debiera unir estos 3 caminos, admitiendo múltiples opciones interdisciplinarias. Además, si ya nos hemos opuesto a que un estudiante de 17 años elija la profesión que desempeñará en el futuro, con mayor razón nos parece que hacerlos escoger un tipo de formación a los 15, es una aberración.


En cuanto a la equidad, mientras las evaluaciones sigan siendo pruebas de alternativas, la equidad de género, allí donde más se requiere emparejar la cancha, será apenas una declaración políticamente correcta. La evolución ha provocado que hombres y mujeres procesemos la información con estrategias diferentes. El hombre cazador, se concentraba en su objetivo y descartaba cualquier distracción. La mujer recolectora, se preocupaba del entorno y analizaba contextualmente todas las posibilidades. No es de extrañar entonces que los hombres tengan puntajes nacionales en la PSU y las mujeres obtengan mejores notas en las pruebas de desarrollo. La selección de alternativas favorece a los hombres. Son especialistas en el descarte. Y esto debe ser reconocido expresamente por el sistema, si de verdad queremos equidad. Pero lo más peligroso es que los 3 caminos propuestos, generan más desigualdad. La distinción entre técnicos, profesionales y artistas, construirá muros sociales infranqueables. Sus redes sociales estarán desconectadas y sus oportunidades también. Tendremos 3 clases de seres humanos definidos por sus trabajos. Los superiores, los subordinados y los rebeldes. Complejo futuro para Chile.

La pertinencia por otra parte, es un tema más delicado. Pretender diseñar un currículo utilitario, en función de los trabajos que serían más demandados en un futuro lejano, parece desconocer la frenética transformación en que vivimos. Las máquinas irán siendo cada vez más eficientes. Progresivamente desplazarán al ser humano de muchas actividades. Si conducir un auto está acercándose a la obsolescencia, la inteligencia artificial desplazará al hombre hacia actividades difíciles de imaginar hoy. En nuestra opinión, preparar al ser humano para la longevidad, para la incertidumbre y para la resiliencia, requiere gran flexibilidad curricular. Algo que tiende a desaparecer con bases rígidas y universales. 

Por último, la necesidad reinstalar la formación ciudadana para aprender a convivir es reconocida como un aporte. Pero a nuestro juicio, es una iniciativa tardía. Los jóvenes llegan a esta edad con valores y creencias bastante rígidos y pensamos que esa es un área que debiera tratarse mucho antes. Tenderán a defender los valores y creencias de sus familias y el dialogo constructivo no prosperará.


Con todo, el esfuerzo por incorporar una visión más integral es loable. Hay temas que son incorporados por primera vez en la discusión curricular. Y visiones que dan alguna esperanza. Pero esperamos que el documento propuesto sea un documento de trabajo para ser mejorado con las contribuciones de todos. Muchas veces hemos visto que las llamadas consultas, solo aspiran a dar un sello de legitimidad. No pretenden cambiar los contenidos. Esperemos que este no sea otro ejemplo de lo anterior.


Sin perjuicio de aplaudir la iniciativa y reconocer que hay más que buenas intenciones en la propuesta, nuestros deseos apuntan hacia una formación secundaria mucho menos especializada, más profunda y más flexible. Todos, aspectos que en esta propuesta se minimizan. Y si esta discusión parece demasiado crítica, es porque ante la consulta, debemos contestar. Quien calla otorga.


jueves, 9 de marzo de 2017

Las razones de la emoción

Comparto con ustedes, un video que muestra la conexión entre el corazón y la cabeza. Entre la emoción y la razón. Entre las neuronas cardíacas y las neuronas cerebrales.
https://youtu.be/Xwx5fbElMfk

miércoles, 8 de marzo de 2017

La Academia

La "Academia" surgió como una iniciativa de profesores que querían hacer clases creativas, usar métodos no tradicionales y enriquecerse con las ideas innovadoras de sus colegas. Originalmente fue concebida como un taller de creatividad pedagógica, dictado por un profesor de arte y una psicóloga para profesores de un colegio privado. Tuvo éxito de inmediato. Tanto, que debió abrirse para incorporar profesores de otros colegios, incluyendo profesores del sector público, quienes eran becados.

Sin querer queriendo, la Academia se transformó rápidamente en un lugar de formación y capacitación para profesores en ejercicio. Allí, los profesores actualizaban sus conocimientos pedagógicos, con los avances más novedosos en tecnología, psicología del desarrollo, neurociencias, mindfulness, educación emocional y creatividad. Funcionaba ininterrumpidamente durante enero y en horario vespertino, ocasionalmente durante el año académico. La participación creció sistemáticamente, no solo porque los contenidos eran prácticos y novedosos, sino porque las reuniones permitían generar vínculos entre profesionales que se enfrentaban a realidades muy diferentes. 

Finalmente, la Academia evolucionó, transformándose en casi una facultad de educación de vanguardia. En una propuesta de formación inicial alternativa. Se atrevió a formar profesores recién salidos de secundaria, con extraordinarios resultados. Coherente con la visión innovadora que impulsaba a todos sus miembros, sus requisitos de admisión eran muy diferentes. Exigían: vocación de servicio, sensibilidad socio-emocional, sólidos valores, intereses diversos, talento comunicacional e imaginación. De la PSU, ninguna señal.

El plan de estudios comenzaba convirtiendo a los estudiantes de pedagogía en grandes narradores y estimulaba la creatividad didáctica. Continuaba entregándoles conocimientos psicológicos para que los futuros profesores, entendieran como funcionaba la mente. Aprendían de neurociencias avanzadas, concentrándose en el desarrollo de arquitecturas neuronales y redes de procesamiento de información. Y si todo esto suena árido, en realidad eran programas participativos, basados en co-aprendizaje mediante juegos. 

Si bien se especializaban en alguna disciplina, esta apenas era una de las dimensiones del profesor egresado de la Academia. También se les preparaba para ser profesores del tema que más les interesara, independiente del currículo nacional. La mayoría se convertía en profesor de su hobby favorito. Y  por supuesto, se les preparaba para ser coaches y formadores. Debía respetar ciertos valores universales y exigir comportamientos éticos, en cualquier actividad. De esta forma, se convertían en profesores expertos, entusiastas y correctos. Poli-funcionales. La idea era tener profesores que pudiesen desarrollar diferentes papeles en una institución educativa y ojalá trabajar en ella a tiempo completo. En la Academia no formaban profesores para enseñar por hora. Formaban profesores de personas. Justo lo contrario de lo que proponía la formación tradicional universitaria.

En un ambiente de ideas innovadoras, la idea más potente que circulaba en la Academia, era que la misión de fondo de los profesores era enseñar a sus alumnos a ser felices. A desarrollar sus talentos e intereses. Profesores del bienestar, se llamaban a si mismos los estudiantes. Esto no era un eslogan. Dado que el ambiente emocional en el aula es sumamente relevante para el aprendizaje, había una gran preocupación por tener estudiantes motivados positivamente. ¡Estudiantes felices, aprenden mejor!

Lamentablemente hay que decirlo, allí en el seno de la Academia, también reinaba una visión bastante crítica del establishment educativo y casi imperceptiblemente, se fue incubando una cierta negatividad progresiva frente a las didácticas más tradicionales. Sobre todo, se generó un gran cuestionamiento al proceso industrial uniformante, el currículo rígido y los rankings de calidad educativa tradicionales. La rebeldía en contra del sistema tradicional era evidente. Obviamente, el sistema miraba estas actividades con recelo. 

Pero las metodologías que se desarrollaron eran muy eficaces. Aprovechaban todo el potencial del inconsciente. Por ejemplo, las "tareas para la almohada", diseñadas para que en lugar de hacer deberes en su tiempo social o familiar, el estudiante se concentrara en un problema, justo antes de conciliar el sueño para encargarle a su inconsciente resolverlo. Con esta técnica, se aprendía literalmente durmiendo. Una propuesta notable por sus resultados eficaces en el aprendizaje. Incluso más allá de lo pedagógico. Normalmente, el estudiante efectívamente despertaba no solo con la solución correcta sino con una comprensión más profunda.

Una variante de esta metodología, consistía en que al despertar, el estudiante se mantuviese en el estado de sopor previo a la vigilia, e intentase observar sus pensamientos. Se decía que “el aprendizaje se producía en la imaginación, entre el sueño y la vigilia”. Este proceso para experimentar epifanías, se conocía como: "el lento despertar".

Otro método muy usado eran los “diarios del inconsciente”, donde el alumno, apenas despertaba tomaba un cuaderno y escribía, sin razonar ni detenerse, lo que se le viniera a la mente. Unas cuantas páginas. Al leer después las anotaciones, normalmente comprendían que eran indicaciones del inconsciente para enfrentar el día. Claro, los "académicos" usaban didácticas no tradicionales, y se enorgullecían de hacerlo.

De sus talleres salieron ideas como: la “evaluación incógnita”, que consistía en corregir los trabajos sin conocer la identidad de los alumnos (evitando sesgos); hacer exámenes que pidieran “preguntas en lugar de respuestas” sobre los contenidos (para evaluar no solo donde estaban las dudas sino especialmente la profundidad de la inquietud). Y un ejercicio que llamaban “conectar los puntos” y que fascinaba a los niños. Consistía en descubrir las conexiones entre las distintas materias que se pasaban.

Pero en la Academia nunca se perdió de vista que su intención era ser un aporte a la creatividad pedagógica. Las capacitaciones continuas eran muy frecuentes y se hacían al aire libre, en contacto con la naturaleza. Allí, desconectados del mundanal ruido, los profesores se concentraban en enseñar a reflexionar, a aprender a convivir y a disfrutar la vida. La sola experiencia de participar en estos retiros era sumamente enriquecedora. 

Podría seguir comentando las bondades de la Academia. Y las innovaciones que utiliza. Son muchas. Es aire renovado para el sistema educativo. Pero prefiero señalar que su éxito también generó mucha resistencia. Y ahora está siendo cuestionada. Ojalá los profesores que se han formado allí, se levanten a defenderla. Los que se han renovado en ella, deben promoverla. Y los estudiantes que han visto la transformación de sus profesores y la efectividad de sus métodos, tendrán que ser testigos a su favor. Hoy, hay que proteger a la Academia. Muy pocos la conocen, porque jamás se promovió. El sistema quiere eliminarla antes de que se transforme en una amenaza incontrolable. Su pecado más grande es que requiere cambios profundos en una cultura fosilizada.

jueves, 23 de febrero de 2017

Prólogo del libro "Los secretos del Escarabajo"


Soy un colegio evolucionado. Exitoso, según muchas personas que me conocen bien. Peligroso, según otras. Pionero en los grandes cambios que necesitaba la educación, de acuerdo a algunos profesores. Irreverente con la educación tradicional, en opinión de varios educadores.
No hay una opinión definitiva acerca de mi. He sido transgresor y he generado controversias, eso está claro. Pero entre los otros colegios, tengo muchos admiradores y la mayoría de ellos han seguido mis pasos con gran entusiasmo. Unos pocos, lamentablemente, lo han hecho a regañadientes. Ni siquiera el Ministerio de Educación se atreve a catalogarme. Nadie en el sistema educacional ha quedado indiferente frente a mi metamorfosis y probablemente hubiese sido rápidamente condenado y exterminado, si a comienzos del siglo XXI, la educación no hubiese estado fuertemente cuestionada y mi existencia no hubiese dado una pequeña luz de esperanza al ser humano frente a la crisis existencial que estaba enfrentando entonces.
Esta es mi historia. Una historia de transformación dolorosa e incierta, que influyó decisivamente en la sociedad humana. Mi tarea consistía en preparar a los humanos para enfrentar el futuro. Y mientras el futuro era predecible y los cambios culturales eran graduales, pude hacer mi trabajo razonablemente bien. Pero el extraordinario progreso de la ciencia y la tecnología nos catapultó hacia una era de cambios acelerados y el futuro se transformó en un territorio incierto y peligroso. ¿Cómo preparar a los humanos para un futuro desconocido? Esa era la pregunta que me dejaba sin dormir. Y aunque el sistema educacional estaba concebido como un mecanismo esencialmente conservador de la cultura, todo parecía indicar que había que cambiar el modelo educativo. ¿Quién desafiaría al sistema?
Por circunstancias que ustedes ya conocerán, me tocó a mi ser el gran transgresor. Fui el colegio que comenzó la “Gran Revolución Educativa”. Confieso que yo no lo busqué. Sencillamente me sucedió. Fue como si todas las energías cósmicas se alinearan para producir una serie de casualidades que gatillaron mi transformación.

Comencé a educar niños humanos hace 100 años…
Nací en un pueblo llamado Las Condes, cerca de Santiago, allá en 1920, como un pequeño jardín infantil llamado “El Escarabajo”, nombre que jamás lograría despintarme a pesar de que con el paso de los años, crecí hasta abarcar toda la educación secundaria. Pero no siempre fui un “bicho” raro…

En mi adolescencia, yo fui un colegio bastante tradicional. En ese entonces, el profesor era el actor fundamental, tenía poder, era el dueño de la verdad y usaba zanahorias o garrotes (premios y castigos) para disciplinar a sus alumnos. Estos niños, motivados principalmente por el miedo, adquirían conocimientos estandarizados y aprendían a obedecer y respetar las jerarquías, con gran énfasis en valores absolutos. La religión definía la línea entre el bien y el mal, sostenía las creencias y supuestamente regía la conducta estudiantil. Los libros y la biblioteca eran la principal fuente de sabiduría. El currículo estaba fragmentado y las clases eran frontales, de tiza y pizarrón, caracterizadas por un largo monólogo del profesor que exigía atención e inmovilidad de sus estudiantes. La disciplina era rígida y quien no se adaptaba al sistema, sencillamente era expulsado. La cultura autoritaria del aula se extendía por toda la institución, las jerarquías eran evidentes y todo el quehacer pedagógico se centraba en la enseñanza con una orientación industrial. Nuestro objetivo era preservar la cultura y los valores, manteniendo la estabilidad de la sociedad humana. Intentábamos transmitir los aprendizajes de las generaciones anteriores y pretendíamos conservar las tradiciones. Mirábamos mucho al pasado. Éramos conservadores y tan resistentes al cambio, que aun existen muchos colegios tradicionales.

En mi juventud, me transformé en un colegio moderno. Después de las guerras del siglo XX, la ciencia se hizo todopoderosa y prometía encontrar al “relojero”. Todo tenía una explicación científica. La autoridad del profesor se relativizó. Los valores religiosos también. Las creencias debían ser medibles y demostrables empíricamente. Me llené de laboratorios y de tecnología. Había que ser más eficiente y lograr que todos nuestros alumnos pudiesen ser productivos. El progreso, impulsado por la ciencia y la tecnología, seducía al mundo e influyó decisivamente en el ambiente educacional. La objetividad era esencial. Nuestros estudiantes debieron aprender a ser escépticos, a usar el método científico para resolver problemas y a obtener buenos resultados en pruebas estandarizadas, exámenes que literalmente abrían las puertas de la educación superior. Nuestros procesos debieron optimizarse y estandarizarse. Mandaba entonces el tratamiento estadístico de los resultados y comenzó a medirse la “calidad” para conseguir un ambiente competitivo intentando fomentar el esfuerzo continuado y el progreso permanente. La eficiencia primaba como criterio general y la ambición era la energía impulsora hacia el éxito. Se fomentó una cultura de exploración, el pensamiento racional y la especialización. El sistema educativo se orientó a formar personas autónomas, productivas, capaces de aprender y emprender. El futuro era promisorio y predecible…
En el aula hubo más dialogo, pero las tareas aumentaron drásticamente. Nuestra intención era maximizar el aprendizaje ante el aumento explosivo del conocimiento. Y no dábamos abasto.
La cultura pragmática de entonces, giraba alrededor del aprendizaje, con énfasis en las evaluaciones para fomentar la competencia. Y justamente cuando todo parecía bajo control y obtuve el mayor éxito de mi historia educativa, ocurrió un evento inesperado, que me provocó una gran crisis existencial y precipitó mi metamorfosis más angustiante. Como muchas veces ocurre, cuando el futuro está lleno de certezas, entonces, ¡ocurre lo imposible!


Avancé con plena normalidad hacia mi madurez, cuando viví un verdadero terremoto que removió mis cimientos e inició un proceso de transformación profunda que ya conocerán. Así me convertí en un colegio diferente, un bicho raro en el sistema educativo. Un colegio que miraba al interior del alumno y que reconocía el valor de la mirada subjetiva. Fue entonces cuando al interior de nuestra comunidad, la verdad dejó de ser absoluta y la interpretación personal comenzó a ser relevante. Se reconoció la validez del punto de vista ajeno. Y la emoción comenzó a ser la energía que movía a la institución. La educación se personalizó y comenzamos a distinguir y potenciar talentos únicos e inteligencias diferentes. Cada estudiante tenía un camino propio que recorrer y nos esforzamos en que así lo hiciera. El aprendizaje estaba basado en experiencias y la metodología sufrió cambios espectaculares. El proceso educativo se centró en el desarrollo de talentos mediante auto-aprendizaje apoyado por tutorías.
Se formó una cultura ecológica e inclusiva, donde la diversidad era señal de salud, donde imperaba la cooperación, la tolerancia y el trabajo en equipo. El aula se amplió física y temporalmente y el ambiente emocional adecuado fue la principal receta para el auto-aprendizaje.
Para estos efectos, el rector implementó muchos cambios metodológicos basados por una parte en ciencia de vanguardia y por otra parte en conocimientos ancestrales.
Pero tenía un arma secreta que permitía expandir la conciencia del estudiante que se estancaba en algún proceso de su desarrollo. Muy pocos sabían en qué consistía, pero los resultados eran tan dramáticos, que comenzaron a circular rumores: magia, alquimia, drogas…
Fue entonces cuando comencé a ser leyenda y también entonces cuando aparecieron mis primeros enemigos peligrosos. Mis estudiantes demostraban avances tan extraordinarios que mis procesos educativos fueron declarados “sospechosos”. El sistema educacional se sintió amenazado y estaba dispuesto a luchar a muerte por su supervivencia.

Superé esta dura etapa, enfrentando numerosas incertidumbres. Un nuevo rector debió hacerse cargo de mi. Y también trajo muchas sorpresas bajo su brazo. Aunque fue continuador de la transformación liderada por el rector anterior y usó las mismas estrategias, incluida la herramienta secreta, el nuevo rector tenía su propio sello. Su mirada apuntaba hacia la creatividad. Concebía a la educación como un proceso evolutivo. Privilegió el desarrollo de la intuición y la imaginación. Incorporó el desarrollo de la espiritualidad y se basó en los avances de la neurociencia y la física cuántica para generar los cambios más significativos. Procuraba modificar la arquitectura neuronal de los estudiantes mediante la meditación e introspección, intentando convertirlos en seres verdaderamente originales. Pero su impronta más característica era intentar educar a sus alumnos para alcanzar la felicidad. Incorporó una serie de nuevas didácticas orientadas a fomentar la creatividad, identificar áreas de bienestar y encontrarle sentido a la vida. Lideró otro gran cambio de modelo educativo y como era de esperarse, también provocó resistencias. Sobre todo porque los resultados inicialmente no fueron promisorios. Entonces el destino intervino y me obligó a cambiar de piel. Eso permitió centrar el proceso educativo en el co-aprendizaje y los resultados mejoraron como por milagro.

Y si de milagros hablamos, la llegada de una alumna muy especial, una singularidad que terminó por destruir cualquier vestigio del colegio que fui antaño. Ella probó la intuición que siempre tuvo el rector. Los seres humanos siguen evolucionando. Están superando al hombre moderno. Solo necesitaban el ambiente adecuado. Ella fue la primera de una nueva generación de humanos superdotados que necesitaban otro tipo de educación. Observadores y al mismo tiempo creadores de una nueva civilización. Y en consecuencia, yo debí adaptarme a ellos y no al revés, en lo que supuso mi cambio más radical. Reconocer y educar para la no-dualidad.

Así fue como recorrí un camino que no existía. Salí del estancamiento y la circularidad de la enseñanza humana tradicional y entré en la espiral del aprendizaje moderno, superando las promesas tanto del auto-aprendizaje como del co-aprendizaje de la postmodernidad para finalmente facilitar la expansión de conciencia que la especie humana necesitaba con tanta urgencia.

Desde la perspectiva que me dan los años, mi transformación influyó en los seres humanos, la especie dominante del planeta Tierra, preparándolos para tomar conciencia de que colectivamente son custodios temporales de la magnifica manifestación de la naturaleza en un pequeño rincón del universo y de que la evolución seguirá su curso inexorable, dejándolos atrás como los primeros seres que realmente fueron socios de la evolución en el emprendimiento más hermoso que jamás fue imaginado. La vida.

Quisiera pensar que mi existencia tuvo sentido. Pero los humanos han decidido enjuiciarme. El miedo los enloquece. Temen a sus propios hijos, potenciados por la tecnología, porque lograrán vencer al envejecimiento y conquistarán el conocimiento. Temen a la sangre de su sangre, solo porque tienen poderes superiores. No se dan cuenta que sus hijos, también tienen una conciencia superior.

Si me condenan, considerando que he sido el principal responsable (con o sin intención) de su molesta degradación como especie superior del planeta, e instigador (con o sin conciencia) de la amenaza existencial que supone convivir con una especie superior en el mismo planeta, probablemente me cerrarán y harán lo mismo con todos los colegios que se han aventurado a recorrer mi camino. La educación para la toma de conciencia se prohibirá y supongo que la humanidad preferirá condenarse a la extinción que reconocer con humildad que fueron un eslabón evolutivo hacia nuevas formas de vida más conscientes y responsables.

En este caso, espoleados por el miedo, también es posible que separen e intenten exterminar a los super-humanos, antes de que colectivamente se hagan invencibles. O tal vez, tratarlos psicológicamente para limitar sus capacidades. Quien sabe a qué nivel emocional actuarán.

Tengo la esperanza de que me absuelvan y no solo eso, quisiera que también me permitan seguir expandiendo la conciencia humana, generando condiciones para que los jóvenes se potencien en infinita diversidad y que las nuevas generaciones de la especie homo sean mejores versiones que los sapiens. Desearía que los hijos de los humanos sean una especie en armonía con las fuerzas de la naturaleza, avanzando al frente de la deriva evolutiva. Pero no soy humano y no tengo el privilegio de poder defenderme en el gran juicio. La única oportunidad que tengo es que otros humanos conozcan mi verdadera historia y decidan defenderme. La historia que acabo de relatar no es humana. Ningún humano puede pensar o sentirse como un colegio. No la comprenderán, a menos que sea “humanizada”.

En mi defensa, tengo 3 historias humanas que pueden relatar mucho mejor que yo, la metamorfosis educativa que sufrí. La evolución de “El Escarabajo”, al cumplir su primer siglo de vida.

Luego de que lean las historias de los dos rectores que lideraron mi transformación y la de una alumna diferente que aprovechó al máximo nuestra educación, les rogaría que emitieran su juicio definitivo. Este escarabajo, debe… ¿Vivir o Morir?


De ustedes depende.