jueves, 28 de diciembre de 2017

7 años

Siete años llevo escribiendo este blog. Siete años intentando mejorar la educación desde esta tribuna. Ofreciendo ideas y compartiendo experiencias exitosas. Desahogándome con ustedes ante la fosilización de un sistema educativo diseñado con criterios industriales, apropiado para otra época. Porque bien entrado el siglo XXI cuesta justificar la forma en que educamos en este país. Siete años es suficiente. 
Porque después de ver los resultados de la PSU, se reitera una vez más, lo perdidas que han estado nuestras autoridades educativas. Nadie que esté medianamente informado y que sea imparcial en el análisis puede desconocer que, según el propio criterio del CRUCH, la educación privada es muy superior a la educación pública. Y digo según el criterio del CRUCH, porque la PSU es la vara que usan para admitir a los estudiantes a la universidad. 
Los categóricos resultados de la PSU demuestran que los colegios privados cubren los contenidos. Al parecer, los colegios públicos no lo hacen. Pueden esgrimir excusas, es cierto, la falta de recursos y el capital cultural, entre muchas otras justificaciones. Pero no pueden desconocer los impactantes resultados que demuestran, una y otra vez, desde hace decenas de años, que la educación privada logra mejor los objetivos educacionales requeridos para los egresados de la educación secundaria. Si hablamos de aprendizajes, la educación privada es superior. Muchísimo mejor que la educación pública. Esta gran verdad sólo puede ser tergiversada por mentes ideológicamente sesgadas. 
¿Injusto?
Por cierto. Hoy, solo los que pueden pagar, tienen acceso a una buena educación. La cancha está desnivelada. Eso lo sabemos. Eso lo reconocemos. 
Lo que resulta paradójico es que los colegios particulares subvencionados sean castigados por este desnivel. Porque justamente allí estaba la receta para mejorar. Esos colegios estaban copiando lo que estaba haciendo bien la educación privada. Lograban mayor eficiencia y mayor compromiso. Reconocían e incentivaban las buenas prácticas. 
Y tal vez, algunos pocos sostenedores, abusaban lucrando más allá de lo razonable. Ni siquiera creo que hayan sido mayoría. A mi juicio, eran casos muy singulares. La motivación de los sostenedores normalmente partía por la vocación educativa y la responsabilidad social. Pues bien, esa energía emprendedora fue aplastada con una mala reforma. En el futuro la calidad de la educación pública seguirá bajando. No puedo conformarme. 
Es que se ha satanizado al lucro, haciéndolo responsable del desnivel. Y debo agregar que este diagnóstico es tuerto. Es cierto que el alto nivel de nuestra educación privada –la mejor de latinoamérica– exige un estándar superior. Pero no es menos cierto, que el bajo nivel de la educación pública es el verdadero problema. En lugar de focalizarnos en rellenar la cancha, allí donde el nivel es bajo, como debería ser, hemos optado por rebajar el nivel de los colegios subvencionados. Bajarlos de los patines. El resultado de este "tratamiento", provocará un hoyo educativo que ante el diluvio de información de la era tecnológica, sencillamente inundará los colegios públicos. Extrayendo material, se puede emparejar la cancha, pero el nivel del juego siempre será inferior. 
En lugar de usar una retroexcavadora, habría que haber traído muchos camiones con buena tierra, compactarla con buenos apisonadores y esparcirla con motoniveladoras. Habría que haberse preocupado de la calidad. Pero de subirla, no de bajarla. Nivelando hacia arriba.
Lamento que la visión de nuestras autoridades haya sido tan tuerta. Han usado la educación sin visión de largo plazo. Han abusado de ella. Parece que ellos prefieren vivir en un país de ciegos. Lo más curioso es que educan a sus hijos en la educación privada, dotándolos de ventajas indebidas y por supuesto, acrecentando el desnivel. Ellos no buscan justicia. Buscan justicia, con un tinte de venganza por no haber sido admitidos al club y quieren asegurarse que sus hijos, si pertenezcan a la elite. Deberían tener vergüenza. Detrás de muchas de estas posturas populistas, sospecho que hay mucho resentimiento. Lástima por Chile.
Ante tal escenario, prefiero optar por tomar cierta distancia. Es probable que yo también esté aquejado del mismo mal. En cierta forma, reconozco que todos somos tuertos. Vemos lo que queremos ver. Y cuando los demás no ven lo mismo, creemos que son ellos los equivocados. Tal vez yo esté tremendamente equivocado. Por eso, dejaré por un tiempo de quejarme, con la esperanza de descansar mi visión y recuperar la paz interior. 
Dejaré de postear, confiando en que la dirección del cambio es tan evidente, que tarde o temprano nuestras autoridades y los profesores, se preocuparán de mejorar la calidad. 
Por todo lo anterior, me despido por un tiempo y les deseo un ¡feliz año 2018!

viernes, 22 de diciembre de 2017

Hacia un país más limpio

He interrumpido mis posteos semanales, para tomar cierta distancia de lo que ha ocurrido en nuestro país, enfrascado en una discusión político-ideológica acerca del rumbo que debe tomar nuestro futuro gobierno. 

La reciente elección presidencial, fue un proceso interesante y por cierto admirable. La primera etapa, donde participaron varios candidatos, permitió ver una diversidad ideológica que estaba escondida detrás del antiguo sistema binominal. Lo que nos permite llegar a primera gran conclusión: Somos mucho más diversos de lo que creemos

De allí se desprende que si queremos vivir en armonía, tenemos que ser más tolerantes. Mucho más. En nuestro país, conviven miradas ultraconservadoras con posturas ultraprogresistas. Somos un pueblo variopinto. Y tenemos opiniones diferentes. Todas tienen una cuota de validez. Pero si nadie tiene derecho a sentirse dueño de la verdad, tampoco nadie debe ser excluido. Por eso, debemos construir un país inclusivo. En esta larga y angosta faja de tierra, no sobran personas. Falta respeto por las opiniones de los demás. Falta educación cívica y formación democrática.

Habiendo dicho lo anterior, ningún candidato pudo obtener mayoría absoluta y los dos que pasaron a segunda vuelta, representaban las coaliciones tradicionales de centro izquierda y centro derecha. Es decir, para elegir al presidente volvimos al esquema binominal. Chile quiere cambios graduales. 

En esta primera vuelta, la frugal participación democrática, que ahora es voluntaria, demostró que existe una gran desconfianza con la clase política. Pocos votaron por los candidatos a la presidencia, menos votaron por los candidatos al parlamento y muchos menos por las autoridades regionales. Algunos nombres emblemáticos se perdieron, demostrando que no basta la trayectoria. Al contrario, la mayoría piensa que el poder corrompe. La reciente conducta de nuestras autoridades no ha hecho sino reafirmar este viejo dicho. Los chilenos votaron por la alternancia en el poder, porque el desprestigio de los políticos es transversal. Y mientras más poder tienen, más se quieren atornillar a sus puestos. En democracia, la alternancia que hemos visto entre Bachelet y Piñera, transmite un descontento con el accionar de las autoridades políticas. Es que ahora existe una transparencia que antes no existía. Las conductas que antes eran aceptables, ya no lo son. Esto permite llegar a la segunda conclusión: La vara ética con que medimos a las autoridades ha subido.
A pesar de este diagnóstico, nuestros "honorables" parecen insensibles a estas nuevas exigencias y continúan actuando como siempre: Ampliando el número de congresistas, subiéndose los sueldos, ofreciendo puestos en el Congreso a los que han sido castigados por el voto popular y cambiando sus horarios de trabajo a su propio arbitrio. Tarde o temprano, serán castigados. El estándar ético seguirá subiendo, lo que permitirá que solo sobrevivan aquellos que cambien. El descaro de un diputado, exigiendo nombres y sueldos de periodistas de un canal de TV, por denunciar estos hechos, fue un chiste malo, que pronto será reprochado por el monstruo popular. 

Pero volvamos a las elecciones. Son la voz del pueblo. En el balotaje, la participación creció considerablemente. Es que los chilenos queremos a nuestro país y somos cívicamente responsables. No nos daba lo mismo quien condujera al país. Y al ver los resultados, claramente favorables a la oposición, llegamos a la principal conclusión: No queremos más de lo mismo

Según esta interpretación, la continuidad fue castigada. Hay un claro mandato para cambiar. Pero no me parece que el cambio exigido sea respecto del modelo económico. 
Entonces... ¿qué es lo que queremos cambiar?

Veamos..., las 2 candidaturas eran expresiones del mismo modelo con matices, una más social y otra más pragmática. Tal vez la alternancia apunta hacia el camino recto y el camino del medio. Es razonable pensar que Chile quiere estabilidad. 

Por otra parte, los 2 fenómenos más relevantes de la primera vuelta fueron: 

Una derecha menos conservadora y más liberal, expresada en la votación de Evópoli y una izquierda que se avergüenza de las prácticas tradicionales en política, expresada en el respaldo a la figura de Beatriz Sanchez.

Creo que el candidato que triunfó –y lo hizo categóricamente–, leyó bien el clamor popular después de la primera vuelta. Reconoció sus errores anteriores, pidió perdón y prometió cambios. Se refería a cambios en los estándares, ya que denunció la incipiente corrupción que amenaza con destruir a nuestro país. Esto, a mi parecer, fue determinante. La promesa que venció esta vez en las urnas, proponía indirectamente, mejorar la forma de hacer política. 

Curiosamente se trata del mismo mensaje del Frente Amplio. Y por eso atrajo muchos votos desde allí. Votos que no son ideológicos. Votos más pragmáticos, de jóvenes que pretenden sanar la política. Tengo la impresión de que ese es el gran cambio que queremos. Queremos una mejor política. Tan simple y sin embargo, nada de trivial. Como lo demuestra el respaldo que tienen figuras como Boric o Jackson. No se trata de las ideas políticas que tienen, se valora su actitud. Queremos parlamentarios honrados con sueldos razonables, sin privilegios y dispuestos a rendir cuentas. 

Por el bien del país, espero que el próximo gobierno sea republicano. Un gobierno para todos los chilenos, en su amplia diversidad. Que logre consensos, que exija probidad y transparencia. Que logre hacer de la política una actividad honrosa. Aunque esta sea su único logro, ese cambio transformará al país en términos culturales y permitirá el asalto al desarrollo definitivo. Porque el lastre que hemos debido soportar para mostrar nuestro verdadero potencial, es de carácter ético. 

Ojalá Sebastián Piñera logre un gobierno inclusivo, orientado al cambio de calidad en la política. Ojalá la oposición acepte el desafío y se una al gran proyecto de un Chile honrado. Sin renunciar a ser oposición o a defender sus ideas. Ojalá que nuestros políticos, de todas las tendencias, se unan en pos de la probidad. Que sean capaces de enterrar sus intereses mezquinos y pongan al bienestar de Chile antes que nada. Ese es el gran legado que la clase política puede dejarle a nuestros compatriotas en los próximos 4 años. Y sospecho que el presidente electo tiene el mismo diagnóstico. Apenas supo los resultados habló de unidad y de consensos. Y ahora está exigiendo colaboradores intachables. Espero los encuentre, aunque no lo tiene fácil. 

Sobre todo, durante los próximos 4 años, él mismo tendrá que tener una conducta impecable. Porque todos somos perfectibles. Humanos. Incluso él. Especialmente él.

Hoy debemos respetar la democracia, reforzarla con educación cívica y educación valórica. Unirnos a esa idea de pedir perdón por nuestros anteriores errores y ser más exigentes con nuestros propios estándares éticos. Debemos convertir a Chile en un país limpio. Propongo pues que nos regalemos un buen detergente en estas navidades como símbolo de nuestro compromiso con el actuar ético. Y a nuestras autoridades recién electas, podemos regalarles una garrocha, ya que tendrán que subir el nivel de su comportamiento.

En la víspera de esta Navidad, deseo que los chilenos seamos más tolerantes, flexibles y transparentes. Deseo que veamos a nuestras autoridades ponerse a la altura de las exigencias éticas del siglo XXI y que el 2018 sea el año que ellos –todos los políticos juntos–, declaren la guerra a la corrupción. 

Solo así viviremos en armonía. Solo así estaremos orgullosos de ser chilenos. Solo así viviremos en un país más limpio. 


¡Feliz Navidad a todos!




jueves, 9 de noviembre de 2017

La discriminación chilena

Aunque no queramos aceptarlo, Chile es un país donde la discriminación reina. Aunque la discriminación se disfrace con elegantes ropajes, seguirá siendo injusta e irrespetuosa. Una vieja fea que se pasea altiva y desdeñante por los pasillos de los poderosos, sin que nadie la salude. Todos la conocen, nadie la reconoce.
En tiempos pasados se discriminaba por raza. Juzgábamos a los demás por el color de la piel o el color de pelo o el color de los ojos. Nuestros pueblos originarios no fueron tratados dignamente. Nuestra historia está plagada de ejemplos de una discriminación brutal de los descendientes de inmigrantes europeos que se consideraban aristócratas. Y así  acabamos con muchas etnias y tribus que vivían en la américa precolombina. Aun tenemos grandes problemas en la Araucanía y los Pascuenses pretenden independizarse. No hemos aprendido a convivir. 
También se discriminaba por religión. Aquellos que no comparten nuestras creencias, son considerados diferentes e inferiores espiritualmente. En un país esencialmente cristiano, profesar otra religión sigue siendo un pecado mortal. Y en la educación nacional, muchos colegios religiosos ahondan la sensación de separación y de superioridad moral. Los exámenes de admisión, escondían subrepticiamente las diferentes pruebas de blancura,   exigidas a sus alumnos. Tampoco hemos aprendido a respetar diferentes credos religiosos.
Para qué hablar de la discriminación por género. Obvia en la sociedad actual. Tanto que el gobierno ha pretendido equilibrar la cancha para las mujeres, artificialmente. Exigiendo cuotas de participación. Mejor hubiese sido potenciar los colegios colegios mixtos, haciendo que la convivencia entre hombres y mujeres sea normal desde la tierna infancia. Reconocemos que los hombres y mujeres procesan la información con estrategias diferentes. Pero son complementarias. Lo que es innegable es que vivimos juntos y los colegios deben ir más allá del aprendizaje. Deben enseñarnos a convivir en armonía. La discriminación por género es fomentada en los proyectos educacionales excluyentes. 
Hay otras discriminaciones muy vivas en nuestra sociedad: se discrimina al discapacitado y al campesino. Y también al delincuente, pretendiendo aislarlo. No fomentamos la inclusión. 

En estos tiempos, se reconoce la injusticia de la tan extendida discriminación por la preferencia sexual de las personas. Está de moda celebrar al que sale del closet, como si fuese un gran éxito. En público muchos esconden la condena y toleran, esa es la palabra correcta, apenas toleran la diversidad sexual. Son demasiados los hipócritas que por dentro   enjuician severamente a quien es diferente. Ahora, este gobierno mediante una serie de normas y leyes, quiere aparentar que somos abiertos y tolerantes y que no discriminamos. Pero ese cáncer está demasiado extendido como para extirparlo mediante decretos. 
Todas esas formas de discriminación aun existen y perduran porque nunca hemos educado para fomentar la diversidad. Todo lo contrario. Este es un país de clubes sociales. Y el que no pertenece al club, no puede acceder a los beneficios de la red. Es tan profunda la discriminación, que incluso discriminamos a las nanas y a los profesores. A los que educan a nuestros hijos. Son trabajadores que no pertenecen al club. ¿Como podemos educar para la diversidad si menospreciamos a los educadores?¿Qué aprenden nuestros hijos de ese tipo de actitudes?
La discriminación chilena va más allá. También discrimina por afinidad política. Este mismo gobierno es un gran culpable de esa, la peor discriminación que existe. Hoy, cuando estamos llenos de inmigrantes que viene a nuestro país buscando justicia social, ellos, los extranjeros recién llegados, se encuentran de frente con esta discriminación moderna. La discriminación ideológica. Esa es la discriminación que está ahogando a nuestra sociedad. Es invisible para muchos. Creen que nadie la percibe. Pero se engañan...
Darle preferencia a uno sobre otro más capaz, solo porque comparte nuestras ideas políticas es una forma de discriminación mucho más deleznable que la discriminación tradicional. Y en los últimos años, en este país, esa profunda discriminación ideológica que impera en la sociedad, ha desvalorizado la función política y ha infectado a las instituciones más prestigiosas, transformándolas en clubes ideológicos, que ondean estandartes para perpetuar una forma de pensamiento. Hemos construido una institucionalidad incestuosa, incapaz de generar innovación o creatividad. 
En este país, nadie puede pensar fuera de la caja. El pensamiento independiente es condenado incluso antes de su concepción. Nos obligan a abortar las ideas diferentes. Por eso seremos estériles en el desafío de la economía de la creatividad. Peor aún, ahora que se aproximan las elecciones, los candidatos a la presidencia nos están invitando a incorporarnos a su club. Solo tenemos que votar por ellos. Enarbolar sus ideas. No perciben el peligro de enjuiciar al que piensa diferente. Luego se extrañan de que la mayoría no quiera votar. En el siglo XXI las ideas se enriquecen con aportes desde la diversidad.  
Las ideas no son propiedad de algún club exclusivo. Son patrimonio de la humanidad. Son producto de un proceso histórico. Y nuestra responsabilidad es enriquecerlas. 
Hubiese querido ver a algún candidato aceptando y enriqueciendo las propuestas de sus contendores. Hubiese querido ver debates constructivos para pensar el país que queremos para nuestros hijos y nietos. Hubiese pensado votar por aquel que mirase al futuro con los anteojos de la diversidad. Integrando las buenas ideas, vengan de donde vengan, para ser presidente de todos los chilenos. No del club que lleva la barra más numerosa a las urnas.
Reconozco que pequé de ingenuo. En un país que discrimina, aquel que cambia de opinión, que escucha para comprender, que evoluciona, que aprende y que apoya las buenas ideas de otros clubes, es peligroso y sabe a traidor. Aquí ya no hay políticos que tengan estatura de estadista. Que puedan mirar por sobre la cordillera y diseñar a un país verdaderamente global. Chile está conectado al mundo y para tener éxito, los chilenos debemos conectar nuestras mentes, imaginando colectivamente una sociedad más integrada, respetuosa y justa. Una sociedad que nos enorgullezca.
Sin fomentar la educación para la diversidad, Chile seguirá discriminando, seguirá dividido en grupos ideológicos e irremediablemente se quedará atrás. El siglo XXI está repleto de oportunidades para los países respetuosos de las diferencias, para las culturas inclusivas y para las sociedades heterogéneas. Ojalá dejemos atrás la discriminación con una educación inclusiva. 

miércoles, 18 de octubre de 2017

Charla TEDxUMayor: El tamaño de nuestra conciencia IMPORTA


Aquí podrán ver el video completo de la charla TED que dí hace algunos años, donde pretendí mostrar una nueva manera de educar. En ese momento me pareció que esta propuesta no fue bien comprendida. La educación estaba enfrascada en una discusión ideológica sobre cómo debía financiarse. Hoy, sin embargo, por distintos medios y desde diferentes países, me han llegado excelentes comentarios sobre la iniciativa que aquí esbozamos.  Educar para expandir la conciencia. Parece que el mundo está cambiando muy rápido. Y los educadores están aceptando la necesidad del cambio de enfoque. Tal vez sea una idea a la que le ha llegado su momento. Por eso lo vuelvo a subir...

Incluso en una reciente columna vi que J.J.Brunner está postulando una educación enfocada en las artes liberales. Una formación amplia que nos prepare para el cambio permanente y para vivir en la incertidumbre. Justamente eso es lo que pretende una educación integral. Combatir la fragmentación de la especialización excesiva que no nos deja ver el bosque.

Si se toman el trabajo de ver el video, tengo que confesar que tiene un pecado capital: allí hay mucho más información que la que es evidente a simple vista. Es necesario pausarlo o verlo varias veces, para digerir la información subliminal. Pero creo que vale la pena. Aunque sea autorreferente, allí se sintetiza una visión renovadora de lo que debe entenderse por educación en el siglo XXI. 


viernes, 13 de octubre de 2017

Aprender del error

El ser humano es curioso por naturaleza. Por eso, hasta ahora, nuestra estrategia para educarnos ha sido probar y luego aprender del error. Probar por curiosidad y reaccionar frente al resultado. Y toda la cultura científica e incluso la propia civilización se ha diseñado para permitirnos cometer errores como medio de aprendizaje. En las actuales circunstancias, cuando el ser humano ya ha adquirido tecnología para aniquilar al mundo, modificar el clima, extinguir o resucitar especies extintas, crear nuevos virus biológicos y usar tecnología capaz de pensar en forma autónoma, esta estrategia se ha vuelto extremadamente peligrosa. 
Hoy en día, aprender del error puede resultar fatal para nuestra especie. Un pequeño error en alguna de estas cruciales materias, puede resultar verdaderamente letal para la humanidad. No podemos permitirnos el lujo de equivocarnos en temas que amenazan nuestra supervivencia. 
Peor aún, cuando los líderes de países tecnológicamente poderosos no tienen la prudencia ni la sabiduría para permitirnos dormir tranquilos, entonces quiere decir que hemos llegado a un punto de inflexión. No debemos continuar aprendiendo del error. Hay demasiados políticos que tienen poder pero no tienen criterio. Y conociendo a algunos de ellos, eso es aterrador. 
Necesitamos modificar nuestra forma de aprender. Es urgente que durante el siglo XXI seamos mucho más responsables, cuidadosos y sabios que nuestros antepasados. Y la única forma de lograr esto, es a través de una nueva forma de educar. Educar en valores y apuntar hacia la sabiduría antes que el desarrollo tecnológico es la única posibilidad para nuestros descendientes. Cambiar el rumbo pedagógico hacia una educación responsable y consciente. Ese es el único camino viable para el ser humano. Cualquiera que no vea el peligro latente de mantener la educación tal como está ahora, o está ciego o es irresponsable. O indolente...
Aprender del error ha sido una bendición histórica para el ser humano. Mucho de nuestro progreso material se ha basado en esta estrategia. Pero ahora, cuando el hombre tiene superpoderes, esa ideología puede ser su peor maldición. Nos hemos convertido en seres demasiado peligrosos y nuestra tan proverbial humanidad, que reconoce la falibilidad como característica de nuestra especie, se está transformando en una fragilidad evolutiva tan delicada como evidente. 
Si no somos capaces de incrementar la velocidad de expansión de conciencia de nuestros jóvenes, si no somos capaces de convertirlos en seres sabios, solidarios y empáticos, nuestra especie se extinguirá. Ahora somos socios de la evolución, porque estamos interviniendo en sus quehaceres. La mutación azarosa del pasado que dirigía la evolución y posibilitaba la supervivencia del más apto, está cambiando por el diseño "inteligente" que irremediablemente transformará la especie humana en una versión diferente de si misma. Veo 2 alternativas: Nos convertiremos en una especie extinta o  en una mucho más sabia. 
Por eso, el imperativo educacional más urgente es volvernos una especie consciente antes que seguir aspirando a un progreso económico no sustentable. No necesitamos más desarrollo ni más tecnología, si no tenemos la sabiduría para hacernos responsables de nuestras propias decisiones. Necesitamos una fuerte componente espiritual en la educación actual. Antes de que sea demasiado tarde. 
Aprender del error puede ser la última gran equivocación del homo sapiens. 


martes, 10 de octubre de 2017

El laberinto existencial

La idea de un laberinto como una metáfora educacional de la vida, es algo bastante común.  Un recorrido largo y sinuoso, repleto de bifurcaciones que nos invitan a tomar decisiones en base a nuestra intuición y a la información que conocemos. Se presenta como un camino irreversible donde hacemos uso del supuesto libre albedrío que poseemos y tomamos decisiones que nos acercan o alejan de nuestro objetivo.
Pero ahora, con el desarrollo de la realidad virtual podemos imaginar un laberinto muchísimo más parecido a la realidad. Un laboratorio donde ejercitamos nuestra voluntad, obligándonos a tomar decisiones de carácter ético, recurriendo a información que nos ayude a encontrar el rumbo correcto, como si estuviéramos viviendo una aventura real. Y esa información que recibimos, puede ser a veces consciente y otras veces estar escondida en algunas señales que nos envía el universo para orientarnos. 
Ese laberinto educacional que ahora imaginamos y describimos, podría transformar la realidad que experimentamos al recorrerlo y hacerla más dura y dolorosa en caso de que tomemos el camino correcto o más suave y placentera en caso contrario. Como lo hace la vida misma. El camino y sus desafíos se van transformando en función de nuestras decisiones. 

Las encrucijadas del laberinto nos enfrentarían a dilemas éticos y nos obligarían a enfrentar las consecuencias de nuestros actos y decisiones. Las variantes sin salida demuestran que antes te equivocaste. Encuentra el error y enmiéndalo. Porque, a diferencia de nuestra propia existencia, al volver nuestros pasos y corregir la decisión, podemos analizar qué hubiese sucedido si en lugar de haber torcido en ese lugar, hubiésemos escogido el otro sendero. Así es como este laberinto, se transforma en una herramienta poderosa para forjar nuestro carácter y reforzar nuestros valores. 
Un laberinto que puede ser diseñado por psicólogos y educadores, con el fin de aprender las lecciones de la vida. Las pequeñas y las grandes enseñanzas. Un laberinto que nos permite evaluar el criterio con que procesamos la información. Que incluso nos ayuda a elegir correctamente colocando señales que debemos interpretar correctamente. Señales que pueden quedar en nuestro inconsciente, como los sueños o símbolos más obvios, señales que están allí para dirigirnos y que a veces pasamos por alto. Este laboratorio experiencial será la principal herramienta de los colegios del futuro para desarrollar el carácter y la personalidad de sus alumnos. Sobre todo, una herramienta para aprender a luchar con las tentaciones de la vida cotidiana.

Un lugar donde nos colocaremos anteojos de realidad virtual para experimentar una aventura. Con la misión de encontrar nuestro objetivo. Pero donde podremos tener éxito sólo si siempre escogemos el rumbo éticamente correcto. Una experiencia virtual en diversos escenarios, desde la sabana africana o en las profundidades del océano donde tendríamos que escondernos de nuestros depredadores; hasta unas escarpadas montañas que tendríamos que escalar o una selva impenetrable donde deberíamos sobrevivir.
Un juego virtual, deben estar pensando ustedes. Exactamente. Un juego de realidad virtual que nos enseñe a ser mejores personas. Y que nos proponga desafíos que estén de acuerdo a nuestra capacidad. O mejor dicho, diseñado para diferentes niveles de conciencia. Allí está la clave de la educación de calidad. Allí está el futuro de la educación. Entretenida, tecnológica, experiencial y personalizada. Allí es donde debieran estar trabajando los educadores del siglo XXI, asociados con los diseñadores de juegos computacionales. Allí, en esos juegos didácticos se está jugando el futuro de la humanidad. ¿Cuanto demoraremos en tomar consciencia de que este es el verdadero desafío educativo de nuestra generación?


jueves, 5 de octubre de 2017

Rita

Así como en este mismo blog hace algún tiempo recomendamos la extraordinaria serie de Netflix, Merli, también queremos recomendar Rita. Trata de una profesora rebelde en una escuela pública de Dinamarca, que permanentemente se salta las reglas en beneficio de sus alumnos. Otra serie que muestra la incapacidad de los profesores tradicionales para enfrentar los desafíos de educar millenials.
La serie es una ventana hacia la educación nórdica y hacia una cultura muy diferente de la latina, pero bien vale la pena para flexibilizar el comportamiento de los educadores nacionales. No podemos seguir haciendo lo mismo. Estamos educando a una generación que ha evolucionado y es más consciente, pero usamos los mismos métodos arcaicos. Es que a veces no nos damos cuenta cuan atrapados estamos con los reglamentos y normativas...



Así comienza cada capítulo y cada uno de ellos presenta una problemática diferente. Rita se atreve a enfrentar los problemas, aceptando riesgos y algunas veces trascendiendo la lógica y la razón. Recomiendo que los profesores vean esta serie y la discutan con sus colegas. Rita rompe los moldes incluso con imprudencia y desfachatez y tiene una actitud muy particular para enseñar. Pero se atreve a desafiar el status quo. Sólo eso, hace que la serie sea un aporte a la educación de calidad. 
Pero por supuesto que hay más. Allí se muestra que el mundo del profesor tradicional, se está derrumbando. Y todos en aquella escuela pública están sufriendo las tensiones de un cambio que no comprenden bien. A pesar de las buenas intenciones, las vidas de todos los profesores evolucionan hacia un futuro incierto. El cambio es inexorable.