lunes, 11 de septiembre de 2017

Conversaciones

Un viejo amigo que es doctor en medicina, me invitó a una tertulia en su departamento ayer en la noche. Se trataba de una invitación a conversar sobre temas profundos con otros dos invitados. Un premio nacional de ciencias y un educador con doctorado en filosofía. 
¿Una invitación a conversar?
Así fue. Los invitados llegaron puntualmente y mediando apenas los saludos protocolares, la conversación adquirió una profundidad poco habitual. 
Hablamos sin pauta preconcebida sobre la vida, en general y sobre la educación –interés compartido por todos– en particular. Las palabras fluían musicalmente, como siguiendo un ritmo, entre copas y mastiques.
–Casi no tenemos tiempo para conversar –sugirió uno al rato, saboreando las reflexiones en voz alta que hacíamos.
–Es que son pocos los que saben conversar –comentó otro, mientras disfrutaba una exquisita copa de vino.
–Aunque son menos los que saben escuchar –terció el anfitrión dejando que sus palabras penetraran en el silencio que se produjo entonces.
El arte de la conversación, parece estar extinguiéndose. Reunirse alrededor de una chimenea o una mesa, dispuesto a compartir pensamientos, es un hábito del pasado. Es una pena, porque conversar nos transforma. Como pudimos atestiguar los presentes. Nos enriquece y nos expande la mente. 
¿Porqué en los colegios no se enseña a conversar? Nos preguntamos. Y cada uno encontró una respuesta. Todas diferentes, pero sin embargo, coincidimos en que en los tiempos que estamos viviendo,  es urgente y necesario recuperar la capacidad de establecer una instancia de comunicación más profunda con nuestros amigos y seres queridos. El tan extendido chat, no tiene el mismo sabor que una conversación cara a cara. Tal vez la presencia física trasmite emociones que dan sentido a las palabras. En una conversación, nuestros decires siempre van acompañados de un lenguaje corporal que complementa el mensaje. En un chat, podemos sazonarlos con emoticones, de vez en cuando, pero no se logra el mismo efecto. Es muy difícil hablar de corazón a corazón por medios virtuales. No cabe dudas de que hemos ido aprendiendo a comunicarnos sin emociones. Como se comunican las máquinas. 
Y en esas reflexiones, también concordamos en que es necesario aprender a conversar con desconocidos. Para transformarlos en personas con historia e identidad. Para volver a confiar en los demás. Porque estamos viviendo una crisis de confianza. Llegamos a la conclusión de que tal vez las conversaciones en persona, sean el antídoto contra el individualismo y la fragmentación que nos está alienando. 
Porque para conversar de verdad, hay que pensar antes de pronunciar palabras. Ese puede ser el problema. Estamos viviendo tan apurados, que no nos damos tiempo para pensar en lo que creemos, en lo que queremos y mucho menos, en quienes somos o en el sentido que tiene la vida. 
Aunque de acuerdo a la experiencia que vivimos ayer, conversar nos enriquece. Desde el punto de vista espiritual más que material. Y esa es riqueza verdadera. 
Conversar. Invitar a conversar. Conversar con nuestros compañeros. Para entenderlos, para conocerlos, para quererlos. Conversar con nuestros familiares para estrechar los lazos de amor y afecto. Sobre todo, conversar con nuestras parejas. Para cultivar esas relaciones importantes. 
¿Y porqué no?, conversar con nuestras mascotas y con las plantas de nuestro jardín. Conversar con el cosmos y con el silencio. Conversar con nuestros antepasados y también con Dios. Porque a mi, me pareció que detrás de las palabras de mis contertulios, había un mensaje de alguien mas sabio y más amoroso que los presentes. Hay que aprender a tener  conversaciones profundas...
Intentar que nuestros pensamientos bailen con pensamientos extraños y que produzcan una coreografía de ideas que transforme nuestra realidad es muy gratificante. Aprovechen de conversar. Busquen excusas para compartir, porque así serán mucho más felices. 

viernes, 25 de agosto de 2017

Merli

Hace algunas semanas me encontré con Merlí. Una serie de Netflix que debe ser vista por todos los que tenemos preocupación por la educación. La recomiendo con la misma vehemencia con la que me la recomendaron a mi. Se trata de un profesor de filosofía que comienza a hacer clases en un instituto y que revoluciona a los alumnos, profesores y apoderados con sus métodos poco-ortodoxos. 
Merlí tiene una cosmovisión postmoderna que choca frontalmente con el paradigma tradicional que predomina en el Instituto, aunque interpreta muy bien el sentir de sus alumnos adolescentes, que pertenecen a una generación que mira a sus padres con bastante recelo. Merlí es un profesor distinto, uno que los entiende y los desafía a pensar por si mismos.
Aquí les dejo un video de la excelente banda sonora de la serie, donde destaca "El Moscardón", tema de la introducción, con toda la carga metafórica de un insecto que genera revuelo por donde vuela y que representa a este profesor de adolescentes, que se preocupa de sus alumnos como personas. ¡Disfruten la música y vean la serie!

jueves, 17 de agosto de 2017

Aumentar la felicidad

Voy a confesarles una receta que me ayuda enormemente a ser feliz. Se trata de un comportamiento que se manifestaba en todos los actos y en cada palabra de una joven y radiante amiga, que conocí hace ya varios años. Era su secreto para ser feliz. Ella me lo confió y ahora quiero compartirlo con ustedes.
Desde que la ví, me pareció que esa joven era una persona diferente. Auténtica como pocas. Acompañaba sus pasos inquietos con una actitud amorosa que dejaba siempre una estela de sonrisas en su camino. Expelía una felicidad contagiosa. De trancos ágiles y sonrisa franca, esta joven se esforzaba por hacer que todos aquellos que se cruzaban con ella, quedaran contentos. Decía que su tarea era incrementar la felicidad en el Universo. Siempre tenía gestos de cortesía y amabilidad hacia los demás. Sin egoísmo alguno, habitualmente se desviaba de su curso para desearle a alguien buena suerte. Su tarea autoimpuesta consistía en regalar buenas vibras y se sentía muy afortunada de cumplir con esa responsabilidad.

Lo más impresionante es que ella no tenía una vida fácil. Más bien todo lo contrario. Si alguien hubiese tenido razones para hacerse víctima de las circunstancias, era ella. Su vida estaba llena de algunos fracasos estrepitosos y varias desilusiones. Su infancia fue algo triste y sus padres la hirieron profundamente. Pero ahora era evidentemente una mujer plenamente realizada, aunque su alma estuviese llena de cicatrices. A pesar de su compleja historia, se hacía cargo de sus errores con gran elegancia y dignidad. Sabía perdonarse. Y también sabía perdonar a los demás. En eso era francamente notable. 

Un día se me acercó para agradecerme algo y entonces aproveché de preguntarle cómo hacía para estar siempre tan feliz. ¿Saben qué me contestó?

"Me ocurrió por casualidad", dijo, como disculpándose. "Yo quería agradecerle a la vida y decidí que mi tarea era contribuir a incrementar la felicidad en el ambiente. Todos los que vivían a mi alrededor habitualmente andaban malhumorados y eso, yo lo podía cambiar. Me propuse hacer feliz a quien se cruzara en mi camino. Ese iba a ser mi compromiso para que honrar la vida que me había tocado vivir."

La miré con cierta ironía. Supongo que con algo de incredulidad. Y ella continuó encantada, relatándome su experiencia, a pesar de mi actitud...

"No fue fácil cambiar mi conducta, pero ser agradecida y gentil con los demás, me hacía bien. Me sentía mejor conmigo misma. Y así comencé a distribuir sonrisas y buenos deseos. Saludé con cariño, abracé con entusiasmo y me relacioné con amabilidad. Entregué buenas vibras y deseé, con total sinceridad, que le fuera bien a los demás. Descubrí entonces, que la felicidad es contagiosa".

A estas alturas de su explicación, su entusiamo era evidente. Me pareció obvio que ella quería aconsejarme de corazón y que con sus palabras me estaba desafiando a cambiar mi actitud y aceptar la tarea de aumentar la felicidad ambiente...

"El resultado inesperado pero natural de intentar ser más amable, más respetuosa, de ayudar a los demás y desearles éxito en lo que estuviesen haciendo, fue que ellos, naturalmente y de mutuo propio, comenzaron a desearme bienestar a mí. Mis genuinos deseos eran correspondidos. Y pronto, muchas, pero muchísimas personas estaban enviándome buenas vibraciones a mi. Todo cambió rápidamente. Me llegaba energía positiva desde muchas partes. Y así descubrí que ser feliz es fácil, cuando haces felices a los demás".

Fue entonces cuando sacó de su cartera una tarjeta. Tenía dibujada una carita sonriente, mirando hacia arriba hacia donde ella había escrito las palabras mágicas: ¿Cómo aumentar la felicidad? Ella me explicó: 

"Este es mi recordatorio. Cada vez que tengo tiempo, leo estas palabras y renuevo mi compromiso por aumentar la felicidad a mi alrededor. Siempre hay una forma de aumentar la felicidad a nuestro alrededor. Es mi receta para hacer felices a los demás y recibir felicidad de vuelta. Te recomiendo usarla". 

Me regaló la tarjeta y se fue sonriendo, como era habitual, incluso antes de pudiese terminar de agradecerle. Guardé la tarjeta en mi billetera pero pasaron varios días hasta que me atreví a hacerle caso. Una mañana leí las palabras mágicas: ¿Cómo aumentar la felicidad? Y en ese momento, decidí contribuir a la felicidad de otros, con una conducta diferente. Actuando con generosidad emocional. Después de un par de días de entrenamiento, ya me sentía más cómodo con el encargo de generar felicidad en mi entorno. Y asombrosamente, todo cambió. Comencé a tener resultados inesperados. Mis esfuerzos tuvieron más éxito que antes y percibía mejores vibras a mi alrededor. Las cosas empezaron a resultar mucho más rápido y sin tanto esfuerzo. Negocios que estaban estancados se cerraron como por arte de magia. Incluso algunos de mis problemas de salud desaparecieron. Parecía un milagro, pero ese angelito tenía toda la razón. Cuando se volvió a encontrar conmigo y, notando mi nuevo comportamiento, me dijo con alegre complicidad:

"Hacer felices a otros y ser felices nosotros es parte de este maravilloso viaje en el que estamos embarcados, ¿no te parece?".

Háganlo y verán que es una receta milagrosa.




miércoles, 2 de agosto de 2017

El cambio cultural y la política

El extraordinario efecto de la internet nos está cambiando. Estamos viviendo una transformación cultural, tan radical que podríamos considerarla sin precedentes. Al menos en la era moderna. Se trata de un profundo cambio de pensamiento. Una nueva manera de interpretar la realidad. Una nueva religión, según Ken Wilber. Estamos en presencia de nuevos valores y nuevas creencias. 
El mundo está experimentando una crisis existencial, que ha puesto a prueba las viejas formas de resolver problemas. La humanidad está expandiendo su conciencia, dándose cuenta ahora, de cosas que en el pasado había relegado al inconsciente colectivo. Lo que antes era aceptado, hoy es cuestionado. Estamos usando una vara más exigente para juzgar nuestros actos. Y eso se nota en todas partes..., excepto en la política, donde nuestros representantes parecen desconcertados por el desprestigio.
El cambio climático es una expresión física de esta crisis. Toda transformación externa se debe a un cambio interno. Y viceversa. El mundo está cambiando física y mentalmente. 

Veamos pues, ¿cuales son estos grandes cambios?
1º. Estamos hiperconectados:
La primera gran toma de conciencia tiene que ver con la interconectividad de todas las cosas. Estamos profundamente entrelazados, aunque no veamos los hilos que nos unen. Todos nuestros actos tienen repercusiones. Consecuencias que muchas veces son imprevistas. Nada de lo que hacemos, pensamos o creemos es inocuo. Afecta nuestro futuro y nuestro entorno. En consecuencia, somos responsables del mundo que vivimos. Esta primera conclusión, nos permite darnos cuenta de que no somos los individuos independientes que creíamos antes. Ahora, que somos más sensibles a las repercusiones de nuestros actos, necesitamos redefinir lo que entendemos por comportamiento ético. Porque vivimos juntos en una comunidad construida en base a la cooperación.
2º. El mundo es transparente:
La increíble penetración de internet y las redes sociales han producido un mundo virtual donde todos nuestros actos están registrados y pueden ser revisados. Quedan huellas de nuestros correos y nuestras opiniones o conversaciones, de modo que ya no podemos usar máscaras para aparentar. Estamos obligados a ser más auténticos. No podemos borrar nuestra historia, de modo que nuestra coherencia puede ser cuestionada. Un viejo error nos va a perseguir eternamente. Como el error de la violencia que hoy persigue a un diputado. No podemos borrar los errores. Solo podemos arrepentirnos y aprender de ellos. La transparencia de internet nos quita intimidad, pero muestra quienes somos realmente y no quienes pretendemos ser.
3º. Seremos juzgados con más severidad: 
Esa misma transparencia no hace sentirnos observados siempre. Nuestro comportamiento es público. Como las viejas prácticas hoy no son aceptadas, debemos evolucionar y adoptar estándares más estrictos, acordes con los tiempos que vivimos. La conducta ética hoy, es un imperativo social. Por ejemplo: Fumar ya no es una decisión estrictamente personal, afecta a terceros; cazar por deporte; talar, pescar o explotar indiscriminadamente; el nepotismo, los cuoteos políticos y los favores condicionados, son prácticas antiguas que terminarán por extinguirse. No son aceptables en la actualidad. 

Cada vez es más claro que los políticos no están conscientes del cambio cultural. Siguen haciendo política entre 4 paredes, atornillándose a sus puestos, preocupándose de mantenerse en el poder, más que en el bienestar social. No comprenden porqué está tan desprestigiada su noble actividad y tampoco se hacen responsables del desprestigio. No comprenden que sus actos son transparentes, que están siendo juzgados a diario y que los estándares hace rato que subieron. La vieja manera de hacer política debe extinguirse. Por el bien de la sociedad.

La actual crisis de la Democracia Cristiana es una demostración dramática de lo que señalamos. Un candidato a diputado con antecedentes de violencia intrafamiliar no es aceptable en estos tiempos. Pretender defenderlo tampoco. Postularlo, una aberración. La presidenta del partido podría vetarlo, pero la quieren obligar a apuntar con su pulgar hacia abajo. Es otro craso error. El partido tenía la oportunidad de redimirse, actuando como colectividad. Todos debieron sumarse a la limpieza que necesita la política. En cambio, algunos "honorables" siguen creyendo que viven en el siglo XX. La presidenta está reflexionando con justa razón. Ha pasado por momentos difíciles antes y sabe cuando las decisiones son importantes. Si dentro de sus camaradas no existe unanimidad para reprochar estos comportamientos, tal vez sea mejor renunciar y comenzar un nuevo partido. Un partido para el Chile del siglo XXI. Conectado, transparente y ético.






miércoles, 26 de julio de 2017

La intuición

La mayoría de los seres humanos tenemos una idea equivocada de cómo funciona nuestro cerebro. Nuestro cerebro no funciona solo como un computador que procesa la información recolectada por nuestros 5 sentidos. Es, por sobre todo, un delicado y preciso radar de ideas. Un detector de vibraciones que es capaz de sintonizar con las energías invisibles que nos rodean. Porque vivimos en un universo energético. Sintonizamos nuestro cerebro en aquellas frecuencias que nos interesan, para nutrirnos de nuevas ideas. Tal como sintonizamos la radio de nuestro auto para escuchar la música que nos gusta o los comentarios que nos interesan. Y cuando captamos alguna información interesante, pensamos que es una idea nuestra. 

A este proceso de detección de ideas, lo llamamos intuición. Y es nuestra principal herramienta para sobrevivir y evolucionar. Esa extraordinaria capacidad intuitiva nos permite inferir, aprender, expandir nuestra conciencia y nutrirnos de información más allá de la que nos proporcionan nuestros 5 sentidos. Más allá de lo obvio, más allá de lo material. la intuición es nuestro sexto y más relevante sentido. Y sin embargo, la menospreciamos. La ciencia la considera casi como una anomalía. ¡Qué grave e inexcusable error!
Cuando nuestra educación comprenda que una de sus principales responsabilidades es desarrollar y cultivar la intuición, recién estaremos enmendando el rumbo. Recién entonces, potenciaremos a nuestros jóvenes para enfrentarse a un futuro incierto. Recién entonces les daremos herramientas para adaptarse a los exhorbitantes cambios que nos depara el mañana. Recién entonces estaremos educando correctamente al cerebro y explotando su verdadera capacidad. 

Transformar a la educación para potenciar la intuición es el primer paso, en la dirección correcta. Y por lo tanto, el más importante en el cambio de rumbo que se necesita para preparar a la humanidad para la nueva era.  Una educación orientada a procesar hechos y datos, es apenas computacional. Una educación orientada a intuir respuestas, es asombrosamente artística. La diferencia entre ambos enfoques es sideral. Dará lugar a personas muy diferentes. ¿Autómatas o Artistas? esa es la pregunta.
Si la educación nos ayudara a desarrollar la capacidad de percibir aquellas energías invisibles que nos rodean desde muy niños, seríamos mucho mejores personas. Más sensibles, más empáticos y más comprensivos. Y sobre todo, más compasivos. Seres humanos más intuitivos, eso es lo que necesita el mundo. Y eso es lo que la educación nos niega. Ya es tiempo de cambiar. Eso es lo que algunos intuimos.

lunes, 17 de julio de 2017

Educar cerebros para tener un país pensante


Los extraordinarios avances y descubrimientos de las neurociencias cognitivas nos han abierto una ventana de oportunidad para transformar la educación siguiendo un camino científico, que permitiría optimizar los cerebros de nuestros jóvenes y evitar el irresponsable derroche de talentos que impera en las escuelas.

En las últimas décadas no solo hemos avanzado en comprender como funciona nuestro cerebro sino que también hemos desenmascarado algunos mitos que sostenían prácticas educacionales de cuestionable eficacia.
Tal vez la sorpresa más auspiciosa acerca de nuestro cerebro es su notable plasticidad. Allí existe un potencial insospechado para la educación del cerebro humano. Mientras exista vida, podemos reconfigurar nuestra arquitectura neuronal. Siempre se puede aprender una nueva habilidad, independiente de la edad que tengamos. 
Nunca es tarde para aprender.
La producción de nuevas neuronas es un proceso que continúa durante la mayor parte de nuestras vidas. Y la capacidad de procesar información tiene directa relación con la densidad neuronal y la cantidad de interconexiones. Mientras estemos vivos, nuestro cerebro se adapta al trabajo que le encomendamos. 
Nunca se termina de aprender.
Si queremos aprovechar nuestro cerebro, debemos incentivarlo a trabajar duro y fortalecer las conexiones neuronales. Ejercitarlo continuamente y progresivamente. La escuela debe ser un gimnasio cerebral con muchos aparatos. Y los profesores deben ser entrenadores exigentes. El ambiente escolar debe estar enriquecido con múltiples estímulos y diversidad de interacciones. 
Siempre podemos aprender más.
Nuestro cerebro cambia permanentemente, adaptándose a las condiciones en que se desarrolla. Nadie está condenado por haber vivido situaciones difíciles, porque si las condiciones cambian, el cerebro también lo hace. Si bien es cierto que la desnutrición, la contaminación y el aislamiento social son detrimentales, no son condenas perpetuas. El cerebro puede revertir las adaptaciones adversas ante nuevas situaciones. El cerebro es resiliente. Se rehabilita. 
Siempre hay esperanzas. 
El cerebro opera mejor cuando interactúa con otros cerebros. Como una orquesta. Es un organismo social y empático. Aprende observando y comprendiendo a los demás. Se estimula con la presencia de otros cerebros a su alrededor. Y piensa mejor colectivamente. Por eso, la relación con otras personas, más maduras y sabias que nosotros, mejora nuestra capacidad de resolver problemas.
La inteligencia es contagiosa.
Las huellas de nuestra evolución como especie y de nuestra historia personal están escritas en nuestra arquitectura neuronal. Somos criaturas prematuras y necesitamos el cuidado de nuestros mayores para sobrevivir. La educación debe ayudarnos a sobrevivir, a relacionarnos con nuestros semejantes y adaptarnos al medio ambiente natural y cultural en que vivimos. Con confianza, podremos pensar mejor y desarrollar nuestros talentos. 
La educación es un proceso evolutivo. 
Pero la sorpresa mayor que hemos encontrado al estudiar nuestro cerebro, es reconocer que no somos seres racionales, sino emocionales. Nuestras decisiones se toman casi instantáneamente, antes de que razonemos e influídas fundamentalmente por nuestras emociones y sentimientos. Solo después de actuar, nuestra razón justifica nuestra decisión y conducta. Somos seres que tomamos decisiones emocionales. 
Debemos educar a nuestras emociones.
El peor pecado del profesor es desconocer cómo se desarrolla el cerebro de un niño. Un pecado que se origina en las facultades de educación que no incorporan las neurociencias cognitiva en la formación inicial docente. Porque lo que un profesor hace es conectar neuronas. Mientras más conexiones logre, mejor profesor es.
Debemos educar cerebros.
Ahora, si el cerebro es plástico y la educación lo moldea, la educación no debe ser rígida sino flexible. Debe adaptarse a niños cada vez más inteligentes, más sociales, mas interconectados y más informados. Si el cerebro es un órgano que se modifica a si mismo, la educación debe hacer lo propio. Dejar de uniformar conductas para dedicarse a desarrollar talentos. 
La educación debe formar cerebros diversificados. 

Por todo esto y mucho más, la tarea más relevante de la educación debiera ser curar, cuidar, entrenar, conectar y estimular los cerebros de nuestros jóvenes. Solo así, nuestro país tendrá el potencial de capital humano que se merece. 





lunes, 10 de julio de 2017

La corrupción será derrotada

Después de escuchar al diputado René Saffirio en Tolerancia Cero, quedé angustiado con el nivel de corrupción que infecta a nuestros políticos. Los partidos  están podridos. Se han acostumbrado al poder y lo usan para su propio beneficio, vistiéndose de servidores públicos. El olor del dinero parece ser irresistible para ellos. ¡Qué vergüenza! 
Lo más preocupante es que es algo transversal. No son unos pocos. No hay algunas manzanas podridas. La cosecha entera está contaminada. Todos, absolutamente todos, están involucrados. Incluso el propio Saffirio, como el mismo reconoció y como seguramente sus pares ahora se encargarán de demostrar. 

¿Porqué demoró tanto en destaparse la hoya? me pregunto yo...

Saffirio tiene un mérito, eso si podemos reconocerle. Se atrevió a decir... ¡basta! Y eso lo distingue del resto. Bien por él. Porque a las autoridades tampoco podemos exigirles santidad. No se trata de eso. Son humanos y perfectibles. Pero no podemos minimizar la tragedia enorme que vive nuestro país. Tenemos que aceptar de una vez por todas, que la política está desprestigiada porque actúa como una mafia. Pronto veremos como aquellos que intentan salirse del sistema, son amenazados y políticamente asesinados. Viendo el programa, me pareció que al día siguiente tendrían que renunciar al menos 2 ministros. Pero no me extrañaría que la denuncia sea minimizada, escondida bajo la alfombra y que los medios cedan a las presiones del lobby, obviando la grave denuncia. Veremos...

Tampoco debemos pensar que es un problema estrictamente nacional. Todos los días se destapan hoyas de apestosa corrupción alrededor del mundo. Vale la pena preguntarse seriamente si la democracia representativa es un sistema que funciona bien. Aunque la pregunta sea retórica, porque funciona bien para los que tienen poder y ellos la defenderán a muerte. Como hacen los gánsters. Ajusticiando a la fuerza a quienes pretenden quitarles su modo de sustento. Pero sospecho que no funciona bien para la gran mayoría. 

No puedo creer que nos sintamos bien representados por estos arácnidos que tejen y retejen redes de influencias para defender los intereses de los suyos sin considerar los efectos sobre los inocentes. Actúan como arañas que se esconden en los rincones para salir protegidas por la oscuridad, a alimentarse de lo que caiga en sus redes. 
Las excusas que dan los "honorables", que rechazaron el informe Sename II, son patéticas. No creo que ellos mismos se las crean. Tienen tanto ego y autoestima, que probablemente piensan que la gente es tonta y que se tragarán sus palabras sin la debida reflexión. Pero ya sabemos que le pasó a Icaro, cuando voló tan alto que el Sol derritió sus alas. Mientras más alto estén, más fuerte caerán. Nadie se puede desentender de las consecuencias de sus actos. Y los políticos menos que nadie. 

Las consecuencias pueden tardar, pero llegarán. La tecnología nos está haciendo vivir en un mundo más plano y transparente. Donde nuestros actos, pensamientos y huellas pasan a ser de dominio público. Esto está provocando una revolución cultural de proporciones inéditas. Las exigencias éticas se están incrementando. La tecnología está limpiando el deporte. Los controles anti doping son comunes. Los arbitrajes supervisados por videos han higienizado el rugby y el tenis y ahora está eliminando los actores teatrales del futbol. La tecnología es nuestra esperanza. Expone y condena las debilidades humanas. Nos obliga a ser más auténticos. Los hipócritas a la larga se extinguirán. Será una batalla larga y difícil pero la guerra contra la corrupción es necesaria para la supervivencia de nuestra especie. Y finalmente los arácnidos serán derrotados  Nuestros nietos vivirán en una sociedad menos opaca. Y mucho más justa. La historia finalmente desenmascarará a los corruptos. 

Por el momento, el ciudadano común y corriente debe tener más cuidado con qué ideas alimenta a su mente. Debe discernir cuando está siendo utilizado por esas redes de presión y atreverse a llegar a conclusiones independientes. El hombre de a pié, debe sospechar de las máscaras demasiado prístinas y reconocer los intereses oscuros detrás de las sugerencias de terceros. El ser humano debe perder su ingenuidad, especialmente con sus congéneres. 
Un consejo para los jóvenes: Reflexionen bien antes de actuar. Sus almohadas son mejores consejeras de lo que creen y les ayudarán a dormir bien. ¡Consúltenlas!