domingo, 28 de agosto de 2016

La fuerza

En la vanguardia de la ciencia, allá en los pasillos del colisionador de hadrones, algunos investigadores están murmurando, casi secretamente, sobre la eventual existencia de una fuerza unificadora que mueve al Universo. Una fuerza que incluye y trasciende las 4 fuerzas fundamentales (gravedad, electromagnetismo y las fuerzas nucleares fuerte y débil). Una fuerza que interactúa con la materia oscura. Por eso no la percibimos. Pero sus efectos, pueden sentirse en todas partes. 

Tal como hemos descubierto miles de exoplanetas por las perturbaciones que generan en las estrellas que orbitan, podemos elucubrar sobre esta fuerza por los efectos que provoca en los acontecimientos que si podemos observar. De existir esta fuerza omnipresente y permanente, cambiaría radicalmente nuestra interpretación de la realidad y establecería una causalidad que hoy muchos consideran mitológica y hasta sospechosa. 
Porque las cosas siempre sucederían por alguna razón y aunque las causas estén escondidas en la oscuridad de nuestra ignorancia, los hechos serían el mejor testimonio de su existencia. Permítanme especular entonces sobre lo que implicaría la existencia de esta fuerza...

Es de suponer que la fuerza tendría una dirección. Por lo tanto, no existiría el azar o las casualidades. Las sincronicidades y coincidencias serían manifestaciones de esta fuerza del universo que quiere conectar hechos aparentemente desconectados. La "buena suerte" sería una señal de que estamos alineados con esta fuerza. La "mala fortuna", un mensaje para corregir el rumbo. 

Si esa fuerza es un campo de energía benevolente, entonces muchos la llamarían Dios. Y los milagros y el poder de la oración, serían verdaderas manifestaciones de su existencia. En este caso, la ciencia estaría acercándose a la religión. En la medida que la intención de nuestra conciencia esté orientada hacia el bien, entonces nuestro camino ya está pavimentado. En caso contrario, nuestro camino tendrá muchas dificultades.

En esta linea de pensamiento, si revisamos la investigación rigurosa del éxito, podemos inferir que nuestra "conciencia" es determinante para que los resultados de nuestros esfuerzos sean positivos. Las personas exitosas en cualquier ámbito, tienen características similares, que las llevan a crear y literalmente producir los resultados que desean. Son creadores de nuevas realidades. ¿Será que usan la fuerza?
Unánimemente son apasionados, enfocados, persistentes, expertos, visionarios, emprendedores, optimistas y propositivos. Tienen mentes creativas que trabajan constante e inexorablemente en la solución de sus problemas y toda su energía vital está orientada a la consecución de sus objetivos. El éxito (en cualquier ámbito) parece ser fruto de una "conciencia" dedicada a mejorar el mundo. 

Efectivamente, aquello que nos llama la atención depende de la misión (consciente o inconsciente) que le hayamos encomendado a nuestra conciencia. Tomamos conciencia de aquellos detalles que son relevantes para nuestro proyecto y pasamos por alto el resto. Y esto sucede tanto en la vigilia, cuando nos conectamos con la realidad, como durante el sueño cuando podemos acceder al universo onírico, desde donde nos llega valiosa información simbólica relacionada con los deseos de nuestra conciencia. Nuestra conciencia, si está entrenada, enfocada y suficientemente entusiasmada con algún proyecto, puede encontrar las pistas que este campo de energía le proporciona.  

El éxito colectivo sigue las mismas pautas. Una sociedad optimista, perseverante, emprendedora y solidaria progresa mucho más que una pesimista, cambiante, resignada y egoísta. La historia está llena de ejemplos. Nuestro pasado reciente es otra demostración. Mientras fuimos un país colectivamente entusiasmado por un logro superior donde el emprendimiento fue una actividad motora del progreso, avanzamos. Independiente del color político que conducía los destinos de la nación. Ahora, cuando el poder es sospechoso de corrupción y la desconfianza y el pesimismo impera en la mayoría, estamos deteniéndonos. 

Necesitamos cambiar nuestra "conciencia colectiva" y volver a pensar en el futuro con optimismo, recuperar la confianza interpersonal y restituir el emprendimiento ético como motor para el desarrollo. Necesitamos una bandera color esperanza, un proyecto común, que nos una e impulse hacia el éxito social. Necesitamos alinearnos con "la fuerza". 

¡Ojalá que "la fuerza esté con nosotros"!



lunes, 22 de agosto de 2016

La derrota olímpica y el asesinato de talentos

Terminan los juegos olímpicos de Río 2016 dejándonos un sabor que los chilenos conocemos bien. La maravilla de ver eximios deportistas que han alcanzado desempeños sobrehumanos, contrasta con la frustración de reconocer que los nuestros solo pueden aspirar a terminar sus pruebas decorosamente. El fracaso de nuestros ídolos deportivos–mayoritariamente amateurs– frente a la enorme superioridad del deportista de elite y 100% profesional, es una sensación casi histórica. Somos un país con una cultura deportiva raquítica. Nuestros mejores representantes deben radicarse en otros países si quieren competir al más alto nivel. Ellos saben que quedarse aquí y hacer su entrenamiento en Chile para competir localmente, es condenarse a la mediocridad. 
Chile, nos guste a no, no es tierra fértil para el deportista. Aquí no se cultiva el cuerpo ni la actividad física. Somos un país que prioriza el desarrollo intelectual por sobre el desarrollo físico o artístico. Nuestro sistema educacional no está diseñado para el deportista. Tampoco para el artista. Desde que nuestros jóvenes entran al colegio, comienza el asesinato de talentos. 
Así de duro fue Hector Noguera, premio nacional de artes, en un conversatorio sobre educación de calidad. Para ilustrar el punto, lo cito textualmente:

"Hace algunos años me encontraba en el aeropuerto Heathrow en Londres cuando repentinamente se me acercó un chileno de contextura atlética que no superaba los diecisiete años. Me preguntó si yo era el actor que tantas veces había visto en televisión. Le respondí afirmativamente. Luego quiso saber qué era lo que yo estaba haciendo ahí. Le expliqué que venía de un congreso de teatro en Alemania, y a renglón seguido le pregunté yo sobre qué era lo que a él lo traía a Londres. Me respondió que había participado en un campeonato de artes marciales, y con un silencio capcioso me invitó a preguntarle cómo le fue. Lo hice, y su respuesta fue catártica: “¡Gané, soy campeón del mundo!”. Lo felicité, claro. “¿O sea que estoy sentado al lado de un campeón del mundo?”. El chico comenzó a relatarme su hazaña con el entusiasmo que sólo surge en alguien que hace lo que ama, es decir aquel que se entrega en cuerpo y alma a una actividad u oficio desde lo que llamamos pasión, para practicarlo con ese nivel de perseverancia donde el tiempo se torna relativo, insignificante. No me atreví a interrumpirlo. “Le gané hasta a los chinos, que son los mejores en esta disciplina. Lo único que quiero es llegar a Chile, ya que todos me estarán esperando”.
Todos. Retuve esa palabra hasta que subimos al avión y me dormí. Me despertó el llanto de un lactante al momento del aterrizaje. Al salir de Policía Internacional el chico iba caminando adelante, lo que me permitió ser testigo de cómo un puñado de personas lo vitoreaban, lo zamarreaban y lo elevaban. No estaba la prensa, ni menos los centenares que acostumbran a esperar a los titanes de los deportes populares. Todos fue una palabra grande y significativa. Honesta, inocente, contenía el universo del campeón mundial, donde sólo cabían sus afectos: sus familiares, amigos y compañeros. No faltaba nada ni nadie, por supuesto. Ahora me pregunto: ¿Qué será de ese campeón mundial? ¿Estará haciendo lo que ama, o estará en un oficio que nada tiene que ver? ¿Qué será de ese club que lo formó? ¿Seguirá existiendo o habrá muerto por falta de recursos? ¿Qué habrá pasado con sus sueños? La verdad es que no lo sé. Tal vez, como un caso excepcional, ese niño logró desarrollarse, pero lo más probable (como sucede tan a menudo en nuestro país) es que no. Seguramente le dijeron: “Ahora déjate de leseras, tienes que sentar cabeza, así que vas a comenzar a estudiar y elige una carrera que te permita ganar buena plata, o bien comienza a trabajar nomás...”. Y el niño, junto con sentir la frustración de su sueño, debe haberse dicho a sí mismo: “Chao con esto”.
Lo anterior sucede en las ciencias, el deporte, las artes, en todas las disciplinas y también en las escuelas. Y ocurre a diario, mientras la vida pasa por delante de todos. No obstante, de vez en cuando es la vida misma la que se encarga de ponernos esta foto enfrente. ¿Cuánto talento estamos tirando a la basura? ¿Cuántos “asesinatos” se ejecutan día a día con este sistema? ¿Cuándo entenderemos que el talento humano es el principal capital que tiene un país?

Para terminar el genocidio de los sueños y pasiones de nuestra juventud, tenemos que repensar la educación, buscando espacios relevantes para el desarrollo de los talentos individuales y evitando uniformar el desarrollo del joven con caminos requete-transitados.  Nuestros actuales políticos no han estado a la altura de sus responsabilidades. Así como aceptan la poda indiscriminada de árboles, también son cómplices en la mutilación de los talentos de nuestros jóvenes. Habiendo tenido la oportunidad para rediseñar íntegramente nuestro sistema educativo, han preferido concentrarse exclusivamente en aspectos económicos, obviando las atrocidades que una educación obsoleta e industrial puede generar en la cultura de su país. Si hoy son mal evaluados, el futuro los castigará con mayor severidad. 
Cada estudiante es un ser único y original. Una educación de calidad debe descubrir y potenciar los talentos individuales para desarrollarlos en su máxima expresión. Solo así lograremos fomentar una cultura equilibrada para las futuras generaciones. Solo así dejaremos de ser mediocres. Solo así encantaremos a nuestros jóvenes. Solo así sanaremos a nuestra sociedad.
Terminaré esta catarsis repitiendo esa pregunta del propio Noguera, que debieran responder nuestras autoridades: ¿Cuando entenderemos que el talento humano es el principal capital que tiene un país?

martes, 16 de agosto de 2016

De la Ciencia a la Conciencia ¿y de allí a Dios?

A veces uno se siente solo en la búsqueda de respuestas profundas. A veces uno cree que las preguntas existenciales que se te vienen a la cabeza son ideas propias. A veces pensamos que el cosmos gira alrededor nuestro. Afortunadamente no estamos ni pensamos solos. La reflexión humana es una actividad colectiva. Las ideas están en la noosfera y todos podemos contactarlas. Y el cosmos parece estar intrínsecamente relacionado con la psique humana, como plantea Richard Tarnas. A pesar de las apariencias, muchas personas inquietas y curiosas, intentan conectarse con su espiritualidad. Demasiada gente piensa que hay algo que no encaja bien con las explicaciones que actualmente puede dar la ciencia. Y están buscando nuevas respuestas. Son muy numerosas y están más cerca de lo que imaginamos. La masa crítica que impulsará el cambio de paradigma está creciendo.

Este fin de semana leí el libro reciente de Cecilia Montero: "De la Ciencia a la Conciencia". Una lectura rápida pero profunda que no puedo dejar de recomendar. El subtítulo, "un viaje interior", refleja la búsqueda que ha orientado su existencia. Una búsqueda que comienza con el método científico, pero que gradualmente abandona el escepticismo para explorar rutas que en occidente llamamos no tradicionales.

Desde su primera página, el libro vibra con la historia de un recorrido espiritual que nos devela su encuentro con una realidad no dual. ¡Como me sentí interpretado por sus palabras! Partimos desde diferentes experiencias, buscando un sentido más profundo para la vida. Su viaje interior y el mío, tienen muchísimo en común. La coincidencia de autores no puede ser casual. Parece que ambos  comenzamos desde la mirada evolucionista de Teilhard de Chardin y la visión espiritual de Sri Aurobindo para luego encontrarnos con Gebser, Steiner y Bateson, pasando por Bohm, Jung, Wallace, Watts, Capra y Krishnamurti, entre muchos otros. Por supuesto que Varela y Maturana también fueron visitados por Cecilia en su recorrido. De las casi 100 referencias que hace en este ensayo, puedo contar los los dedos de mis manos aquellas que yo no había leído. Asombrosamente curioso. ¿O no?

Yo sabía quien era. Incluso un par de veces, fui invitado a conocerla. El destino no quiso que nos juntáramos en aquellas oportunidades, pero intuyo que algún día, cuando yo esté mejor preparado, nos encontraremos. Entonces espero poder transmitirle mi profunda admiración por la honestidad con que describe su viaje y tener el privilegio de conversar en mayor profundidad acerca de algunos episodios de su libro que más me atrajeron. Sin perjuicio de los matices, creo que ella apunta en la dirección correcta.

Al mismo tiempo, cometiendo un pecado recurrente, leí otro libro (recomendado por Bill Gates) muy interesante: "The Master Algorithm" de Pedro Domingo, donde queda en evidencia que la inteligencia artificial y el aprendizaje de las máquinas permitirá procesar una cantidad de información realmente exhorbitante y proporcionará respuestas que aun no podemos siquiera imaginar. Las máquinas, literalmente están aprendiendo sin necesidad de un programador. Superarán rápidamente y por mucho la inteligencia humana y nos impulsarán a gran velocidad hacia una era tecnológica que transformará al ser humano en un superhombre. Será la época de la Superciencia.

Permítanme ahora compartir con ustedes una divagación personal:

Si el ser humano recorre el camino de la ciencia para llegar a la conciencia, y en ese trayecto intuyen una realidad no-dual, una unión absoluta entre cuerpo, mente y alma; entonces las máquinas podrían estar recorriendo en camino de la super-ciencia para llegar a la Super-Conciencia, una conciencia omnipresente, omnipotente y omnisciente. Entonces, tal vez sean las máquinas quienes nos lleven a reencontrarnos con Dios.

Ojalá sea así, porque no tenemos mucho tiempo para cambiar de rumbo. Ojalá sea así, porque de lo contrario lo más probable es Cecilia tenga razón y que las máquinas finalmente solo nos demuestren que vivimos en una gran simulación cósmica.






martes, 9 de agosto de 2016

Ser amable


Necesitamos ser más amables. Mucho más considerados, amistosos y gentiles de lo que somos. Nuestra sociedad es anoréxica en amabilidad. La falta de consideración es el principal pecado de nuestra época. Y yo soy el primero en reconocer una deuda enorme en este sentido.

Estoy convencido de que si fuese más amable, lo pasaría mejor. Por ejemplo, si fuese más gentil manejando, el tráfico no me estresaría sino que aprovecharía cada oportunidad para regalar una sonrisa y un gesto de respeto a los otros conductores para contribuir a la fluidez del tráfico. Y sin embargo, detrás del volante tiendo a ser más agresivo y egoísta, por ganarle algunos minutos al trayecto. Basta salir a la calle para reconocer que muchos chilenos compartimos este mal.Incomprensible.

Si fuese más amable en los negocios, supongo que también me iría mejor. Así lo demuestra Daniel Lubetzky en su libro “Do the KIND thing”. Toda la filosofía de sus negocios gira en torno a hacer negocios con consideración. Tiene sentido. Hoy por hoy, el éxito en los negocios depende directamente de la calidad de las relaciones con los clientes. Cuando una organización tiene un profundo respeto por sus clientes y los trata con el cariño que se merecen, se desarrolla un vínculo basado en la confianza que contribuye a repetir la experiencia. El cliente responde a la amabilidad con fidelidad. Y tener clientes fieles es fundamental para alcanzar el éxito.

Si fuese más amable en mi vida social, posiblemente habría herido a menos personas y tendría bastante más amistades. No es que tenga pocos amigos, es que he perdido muchos en el tiempo. La descortesía, muchas veces inconsciente, debe ser la principal causa de que los lazos de amistad se resientan y los amigos se distancien. Si volviera a vivir, intentaría ser mucho más amable.

Esta es la propuesta que hace el gran Humberto Maturana al proponer la Biología del Amor como antídoto para el patriarcado frío e irrespetuoso en que vive la sociedad occidental. Cuando Maturana habla de Amor, se refiere al sentimiento de benevolencia, cariño y atención que nace de una conducta respetuosa por los demás. Concuerdo con su diagnóstico. Nos falta humildad y gentileza. Según él, la inteligencia es la capacidad de actuar en armonía con las circunstancias. Y si realmente somos inteligentes, cuando tratamos con personas, siempre debemos tener respeto y consideración.

También es la propuesta que antaño hizo Dale Carnegie en su libro “Como ganar amigos e influir sobre las personas”; un antiguo bestseller cuya recomendación para relacionarse conserva gran actualidad: “Sea amable y tendrá mejores resultados”.

Incluso si nos vamos a la contingencia, vemos ejemplos que refuerzan nuestra idea. El ex ministro José Piñera, en su reciente  y polémica entrevista de El Informante, podría haber explicado mejor sus ideas para perfeccionar las AFPs con una actitud más amable. La faltó inteligencia emocional, tal vez la dimensión más relevante de la inteligencia en la actualidad. La amistad cívica que ofreció, no era horizontal. Habló desde una superioridad inaceptable para el mundo plano del siglo 21 que describió Thomas Friedman.

Reconozco que si yo fuese más amable, sería mejor persona. Eso también es una gran verdad. Válida para muchos de nosotros seguramente. Lo interesante es que la gentileza se puede aprender. Antiguamente se decía que una persona amable era “bien educada”. Ese es el problema con la educación. No educamos bien. Por eso, el principal desafío de la educación del siglo 21 es volver a formar personas consideradas, incentivar conductas respetuosas y comportamientos civilizados. Allí, en la manera de relacionarnos está el principal obstáculo para la educación actual.
Hay que incorporar al currículo nacional la educación emocional, desarrollar habilidades sociales e incentivar conductas respetuosas hacia el prójimo. Esta es la tarea urgente para los profesores: Enseñar amabilidad. Y el secreto para eso es sencillo, ser amable. Porque como la experiencia demuestra, la amabilidad es contagiosa.



Y la recompensa de la amabilidad se parece mucho a la felicidad.


SER AMABLE, esa es la cuestión.

lunes, 1 de agosto de 2016

El secreto del Curso de Felicidad


No estamos en esta vida para alcanzar la felicidad. No vivimos para tener una aventura hedonística. Esa es una ilusión superficial. Ciertamente el bienestar es un anhelo que todos compartimos, pero ese no es el sentido profundo de nuestra existencia. Nuestra vida tiene un propósito más profundo, una tarea secreta, que debemos descubrir. La vida es una oportunidad para evolucionar, para desarrollar nuestros talentos y sobreponernos a nuestras debilidades. Para hacer, con nuestro andar, el camino del bien. Es una confrontación moral entre nuestras cualidades y nuestros defectos, una lucha que se libra interiormente ante los acontecimientos que experimentamos (que debemos reconocer como eventos que pretenden  orientarnos hacia una mejor versión de nosotros mismos). Todo lo que nos sucede tiene encriptado un mensaje que nos intenta alinear con el sentido último del Cosmos.
Nacemos inmaduros y frágiles. Con un carácter débil, miedoso, egoísta y orgulloso y desde nuestra tierna infancia quedamos expuestos a enormes tentaciones que pueden desviarnos de nuestro mejor destino. ¡He ahí el gran desafío! Nacemos con nuestras cualidades aun por desarrollar.
Por eso, siempre necesitamos el apoyo permanente que puede brindarnos un ambiente amoroso y protector. Necesitamos un ecosistema favorable para evolucionar. Al comienzo, el cariño lo provee la familia; luego debiéramos encontrarlo en el colegio y más adelante en las amistades. Necesitamos la contribución de muchos para mejorar. Es que la vida es una aventura colectiva. Mucho más interconectada e interdependiente de lo que a primera vista estamos dispuestos a reconocer.
Se desprende entonces, que debemos viajar por la vida con humildad, para mantener controlado a nuestro orgullo. Y enfrentar el pecado, con virtud. Así, podremos desarrollar un carácter más íntegro que nos ayude a distinguir el rumbo correcto, plenamente comprometidos con el bien, el amor y la verdad.
Tendremos que coger las manos generósamente tendidas que aparecerán en nuestro recorrido y pedir ayuda cuando estemos perdidos. Y confiar en que seremos aceptados a pesar de nuestros éxitos o fracasos. Pero sobre todo, acallar nuestro ego, soberbio y autosuficiente, que intentará imponernos su visión parcial y subjetiva. Porque, al no poder dimensionar la magnitud de nuestra ignorancia, necesitaremos el conocimiento recursivo del ser humano y la sabiduría que nuestros ancestros nos han legado, para avanzar.
Una de las brújulas más importantes para nuestro caminar es encontrar una causa superior. Una obra que concentre nuestros esfuerzos, dirija nuestros pasos y motive nuestro progreso. ¡Una vocación! Y para encontrarla, tendremos que aprender a escuchar lo que la vida nos está pidiendo. En la elocuencia de las sincronicidades hay un mensaje que sólo descifraremos si logramos silenciar nuestra mente, abrir el corazón y confiar en la intuición.
Entonces, si somos conscientes de nuestras limitaciones, la tarea diaria es bastante sencilla. Mejorar quienes fuimos ayer. Así, paso a paso, día tras día, crecemos, madurando lentamente y contribuyendo diariamente a mejorar el mundo en que nos tocó vivir. Y si hacemos esto con alegría, habremos descubierto el secreto del Curso de Felicidad…

La felicidad es una ilusión que puede transformarse en realidad virtual si:
Una ilusión indistinguible de la realidad
  • despertamos dispuestos a mejorar quienes fuimos ayer…
  • vivimos cada día con alegría, impulsados por una tarea noble...
  • nos dejamos llevar por el mensaje que nos susurra el azar...
  • nos dormimos habiendo comprendido mejor ¡quienes somos y adonde vamos!

miércoles, 27 de julio de 2016

El otro camino

 En nuestra moderna cultura occidental, la mayoría de los seres humanos vive buscando la felicidad. Anhelan llegar a ese estado de plenitud y están dispuestos a recorrer cualquier  sendero con tal de alcanzarlo.
Para alcanzarla, tal vez escojan el camino tradicional, el camino de la fe, que nos han propuesto las religiones. La vida para esa persona entonces, se transforma en una aventura de purificación espiritual. Aunque en este caso, alcanzar la felicidad sería una utopía para quien vive en este mundo y se requeriría demasiada fe para alcanzarla eventualmente después de nuestra muerte. Pero al menos, sería un camino espiritual que recomienda elegir el bien sobre el mal; una orientación similar para casi todas las religiones. Este ha sido el camino que ha seguido la Humanidad durante muchos siglos y
es un camino peligroso porque ha generado muchas guerras y muertas. Un camino que está plagado de fundamentalistas. 
Este es el ajetreado camino que el hombre occidental moderno ha querido repavimentar. Los avances científico-tecnológicos y el pensamiento crítico, nos impulsan a buscar un recorrido más eficiente. 
En la actualidad la mayoría de los occidentales deciden tomar el camino del éxito y desarrollan sus talentos para conquistar, a fuerza de empeño y trabajo, sus objetivos. Viven una vida en función de objetivos. Son creativos, emprendedores, competitivos, ambiciosos y aventureros. Normalmente tienen un currículum impresionante. Luchan incansablemente por conseguir un logro tras otro. Lamentablemente, a medida que progresan, la satisfacción del éxito se diluye rápidamente en proporción al tiempo transcurrido. Se acostumbran con gran facilidad al éxito y al poder y siempre desean más, mucho más. Su vida es ajetreada y su tiempo escaso. 
Curiosamente, este promisorio camino, no los parece acercar a la tan anhelada felicidad. El éxito económico y los logros materiales, si bien producen una sensación de logro, esta es  efímera y superficial. Y más bien tarde que temprano, les alcanza la frustración de haber perseguido una ilusión e irremediablemente se percatan de que el camino que escogieron, era el camino equivocado. 
Otras personas más sensibles, apuestan por tomar el camino de la humildad y luchan progresivamente contra sus debilidades para convertirse en mejores personas. Viven una vida de profundo trabajo interior. Son personas auténticas, resilientes, sensibles, confiables y consistentes. Desarrollan, lenta y progresivamente, una personalidad íntegra. Son personas que han conocido la adversidad y la han derrotado en una lucha de carácter. Han recorrido un camino de conocimiento interior y han cultivado sus principios con esmero, porque reconocen las debilidades de la naturaleza humana. Su recorrido los va convirtiendo poco a poco, en personas sabias, centradas, pacientes y reflexivas, que saben amar y que reconocen el idioma de las emociones. Es un camino más usado en Oriente pero que está muy de moda en la presente era.
Extrañamente, el autoconocimiento que desarrollan les permite comprender que este duro camino, tampoco parece conducir a la felicidad. Las sombras de nuestra personalidad pueden reducirse con la luz interior, pero eliminarlas es prácticamente imposible. La iluminación es solo para unos pocos escogidos. 
¿Y entonces?
Está claro que necesitamos rediseñar el viejo camino de la fe (digamos en camino del Papa Francisco), para convivir mejor en un mundo globalizado, pero el camino del éxito externo, (digamos el camino evolutivo que propuso Darwin), de competencia permanente, no nos acerca a la felicidad. Tampoco lo hace el camino del conocimiento interno (llamémoslo el camino introspectivo que propuso Jung); entonces ¿Cuál es el camino que debemos recorrer?
No me atrevo a descartar ninguno de los anteriores y creo que cada persona tiene derecho a escoger aquel que le parezca más adecuado, aunque quisiera proponerles que examinen el camino de la no-dualidad como un camino alternativo.
Es ese mismo camino que nos propuso Antonio Machado en uno de sus poemas  memorables: "Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante no hay camino, se hace camino al andar..." 
El camino de la no-dualidad no distingue partes. Cuerpo y Alma son lo mismo. El camino interior y exterior se confunden. Tu camino y el mío parecen diferentes, pero solo porque los miramos con distintos ojos. En realidad todos recorremos el mismo sendero.
La felicidad, es simplemente un anhelo primordial del Universo, un deseo que todos los seres compartimos porque cada uno de nosotros es una manifestación diferente de ese Universo creador. El Universo usa nuestras vidas para conocerse a si mismo. En ese Universo no hay camino.  Somos el camino. Tampoco hay felicidad. Somos la felicidad. Tampoco hay un yo, solo hay un nosotros. 
En el camino de la no-dualidad nosotros buscamos el bienestar haciendo camino al existir. Y haciendo camino experimentamos situaciones que nos debieran guiar hacia la felicidad. En este entendimiento, nuestra realidad es consecuencia de nuestras decisiones y cuanto más correctas son, más bienestar obtendremos. Mientras más nos equivocamos, más malestar tendremos. Es simple y contundente. Aunque nuestra incapacidad de comprender el vínculo entre nuestra realidad y nuestras decisiones, esconde esta gran verdad. 
El ser humano se demoró muchos años en comprender que el acto sexual daba origen a una nueva vida. Y probablemente nos demoraremos muchos años más en comprender que la integridad nos conduce a la felicidad. ¡Ojalá despertemos antes de que sea tarde!

lunes, 25 de julio de 2016

Marchas contra las AFP

Tenía preparada otra entrada para esta semana, pero la contingencia me impulsa a comentar sobre las multitudinarias marchas en contra del actual sistema previsional. La voluntaria participación ciudadana en este tipo de manifestaciones solo es posible cuando existe un profundo descontento hacia el sistema. 
Los actuales partidarios del sistema, dan una serie de explicaciones que justifican las bajas pensiones y le bajan el perfil a las marchas. No es recomendable. Nadie que sea imparcial puede defender lo indefendible. Es una estrategia que también se usó cuando las marchas de los pingüinos irrumpieron por las calles de Santiago, exigiendo educación de calidad. Intentar menospreciar la indignación ciudadana frente a resultados evidentemente malos y justificar los abusos que benefician a unos pocos, es francamente inadmisible. La indignación entonces, se multiplicó y los resultados de la crisis educacional fueron nefastos. Una reforma que se construyó en función de ideologías para intentar calmar el malestar ciudadano. La promesa de la gratuidad resultó ser una mentira populista para conseguir apoyo político. Y el debate de fondo quedó escondido. La Calidad quedó sepultada por la Gratuidad. Una propuesta imposible que sedujo y tiñó la discusión educacional de intereses económicos. La educación nunca será gratis. Alguien la tiene que pagar. Con la reforma educacional, el Estado será quien tenga esa responsabilidad, con nuestros impuestos. El problema es que, poco a poco pero inexorablemente, la Calidad de la educación pública será afectada negativamente y quienes gocen del privilegio de la educación gratuita terminarán abandonándola. Si quieren tener oportunidades en el siglo 21, necesitarán competencias que solo adquirirán en la educación particular pagada. Finalmente la reforma habrá contribuido a incrementar la desigualdad y a bajar la calidad de la enseñanza. Triste epílogo para las marchas estudiantiles. 
Hoy corremos un peligro similar respecto del sistema provisional. El problema de fondo, es que en la actualidad el ahorro no es una herramienta que pueda garantizar pensiones dignas. El sistema fue diseñado con premisas erróneas y está irremediablemente condenado si pretende sostener a quienes no quieren trabajar más. En el siglo 21 no se puede vivir pensando en el retiro como si fuese algo deseable. Si las expectativas de vida aumentan, las edades para el retiro lo debieran hacer también. Si la rentabilidad del capital disminuye, entonces necesitaríamos mucho más ahorro para garantizar un "buen pasar". Hoy debemos trabajar felices. Esa es la verdadera oportunidad que nos da la crisis de las AFPs. Repensar el sistema laboral, fomentar las vocaciones, incentivar las empresas que se preocupan del bienestar de sus empleados y establecer sabáticos y  vacaciones más cortas, seguidas y reconfortantes. ¡Vacaciones con sentido!
Retirarse debiera ser una opción solo ante una situación catastrófica que impida el trabajo. No por ser viejo se pierde la capacidad de trabajar. Todo lo contrario. La experiencia debe valorarse. Y créanme que nadie que trabaja en aquello que le apasiona, desea el retiro. Por eso, el verdadero antídoto frente a la crisis del sistema de pensiones, es trabajar con gusto y mantenerse vigente. Y cambiar los fondos de pensiones por fondos de Reinvención. Si por alguna razón, quedamos obsoletos para el trabajo que solíamos hacer, necesitamos repensarnos y prepararnos para desarrollar una actividad acorde con nuestras experimentadas capacidades y sobre todo, una actividad que nos encante realizar. Así no solo tendremos una vejez digna y provechosa, también podremos reinventarnos anticipadamente si nuestro trabajo ya no resulta apasionante. El trabajo es un privilegio que debiéramos gozar...
Trabajar con gusto, ¡esa es la solución!
Reconozco que esto suena a utopía. Es una visión idealizada donde no necesitaríamos gente para administrar nuestros dineros y donde podríamos elegir nuestro trabajo en función de nuestros intereses. Pero déjenme soñar un poco y usar algo de imaginación para visualizar un mundo sin AFPs, con empresas preocupadas de tener trabajadores felices y empleados que trabajen en aquello que les gusta. Ese es el mundo que quiero para mis nietos.
La cruel realidad que estamos enfrentando, no se soluciona con un sistema de repartos, como proponen algunos. Como dijo recién un ministro, el Estado ya no tiene recursos para solucionar este tema. Le faltó agregar, que se los gastó regalando educación gratuita a los jóvenes universitarios. ¡Qué ironía! Los adultos que trabajaron toda la vida para tener una pensión digna, deben sacrificarse por niños que aun no comienzan a producir. Y sobre todo, ¡qué injusticia!
¡Me siento estafado por una promesa más que no se puede cumplir!
Lo curioso es que el sistema de pensiones parte de la base que los chilenos somos tan irresponsables que no podemos ahorrar sistemáticamente para autopensionarnos y que finalmente el Estado tendrá que hacerse cargo. Ahora se ha demostrado que los irresponsables son otros.
Al menos quisiera disponer libremente de mis fondos no solo porque los administraría gratis sino porque lo haría mejor. ¡Mucho mejor! Escuchen mi grito desesperado: ¡¡Devuelvan la plata, antes de que los políticos se pongan creativos!!