jueves, 22 de junio de 2017

Como nació la educación espiritual


La educación tradicional es económica y por tanto, racional. Está basada en la producción de valor físico. Tiene por lo tanto, premisas esencialmente materialistas. Es y fue muy necesaria para el ser humano que necesitaba aprender a ganarse la vida en forma autónoma. Pretendía que el estudiante adquiriera competencias concretas para desarrollar una actividad productiva y lo hacía competir para progresar. Pero es una educación que tiene problemas porque el mundo no es exclusivamente material. Paulatinamente nos dimos cuenta que hay consecuencias negativas e imprevistas, cuando se educa exclusivamente para el progreso individual. Nuestro medio ambiente sufre, el ser humano se estresa y las reglas de convivencia se rompen. 

Afortunadamente, nació un nuevo tipo de educación:

La educación ecológica: Una educación basada en la biología y la ecología, que reconoce la propuesta tradicional y agrega una visión ecológica y emocional. Es una educación más responsable. Reconoce la profunda interconectividad en que vivimos. Está basada en la fuerza de la diversidad y del trabajo en equipo. Es colaborativa, respetuosa del medio ambiente y eminentemente social. Persigue que el estudiante logre autonomía, aprendiendo a relacionarse con los demás, a respetar la vida en cualquiera de sus formas y a construir comunidades. 
Pero reconozcamos que también es una educación que presenta problemas, porque el universo tampoco es exclusivamente material y relacional. Existen fuerzas invisibles que este tipo de mirada no considera: energías que son relevantes para nuestro bienestar. La cabeza y el corazón no bastan.
Por eso, hubo que inventar otra forma de educar...


Apareció entonces la educación energética: Una educación basada en la física, que plantea que vivimos en un universo energético. Que también reconoce los aportes de las educaciones tradicional y ecológica, pero que agrega una nueva dimensión. Considera a lo material como un tipo de energía y se preocupa mucho más de las energías sutiles que influyen en nuestra realidad: las emociones, los pensamientos, los sentimientos, los deseos y las mal llamadas habilidades blandas. Propone ver a las ideas como un tipo de energía también y en ese sentido, es una mirada que persigue que el estudiante produzca valor energético y aumente su bienestar. Una educación que nos convierte en creadores y emprendedores, que desarrolla nuestros talentos y amplía nuestra conciencia.  
Esta nueva educación acertadamente, potenció la imaginación, pero aun así, no logró resolver los problemas existenciales del ser humano. 

Fue así como nació la educación espiritual: Una educación basada en la física cuántica y en las religiones orientales. Es una educación que construye una mirada validando las educaciones anteriores pero que se empeña en que descubramos nuestra verdadera identidad y en darle un sentido profundo a nuestras vidas. Sostiene que estamos atrapados en una ilusión onírica y pretende despertarnos. Una educación orientada a la realización plena. Una mirada que nos hace descubrir una nueva forma de entender la realidad. Nos convierte en observadores de nuestra propia conciencia y finalmente nos ilumina. 
Esta educación espiritual nos está transformando en seres con cuerpo, mente y espíritu. Sin distinguir entre ellos. Y nos ayuda a descubrir que somos una gran conciencia experimentándose desde diferentes puntos de vista. Esta es la educación que hace que el hombre y la humanidad se conviertan en Uno. Es la ciencia que descubre la No-dualidad.


lunes, 19 de junio de 2017

¿Qúe es la felicidad?

Le pregunté a un dinosaurio qué era la felicidad. Me contestó: "Convertirse en ave y aprender a volar". El viejo reptil me sugirió que la felicidad es un estado de conciencia adquirido. Más espiritual y menos material. Más celestial y menos terrenal. Mucho más evolucionado. Un estado de conciencia que se alcanza aprendiendo de las experiencias que vivimos. Y de los cambios físicos que sufrimos. Me aseguró que la mayoría de nosotros necesitamos experimentar muchas vidas para adquirir los aprendizajes que necesitamos para encontrarnos con la felicidad. No es fácil para un dinosaurio ser feliz. La transformación es lenta y dolorosa. Pero se aprende acercándose al cielo...

Le pregunté a una oruga qué era la felicidad. Me contestó: "Convertirse en mariposa y surfear el viento". Me sonrió irónicamente señalando que había que despojarse del cuerpo y hacerse más liviano. Me recomendó el desapego. Desprenderse de nuestros vínculos con lo material y conectarse con el aire. No es fácil para una oruga aprender a volar, me confesó. Hay que reinventarse. Y tener fe. Mucha fe...

Le pregunté a un manzano qué era la felicidad. Me contestó: "Convertirse en flor y esparcir semillas". El frutal esperaba la primavera con ilusión para ofrecer su bello y delicado néctar a las abejas y la belleza de sus pétalos al atardecer. Entregarse. Eso es felicidad, añadió. Trascenderse. La felicidad es amor que repartimos. Lo más difícil es tener paciencia y mantener la esperanza en el otoño.

Le pregunté a un simio qué era la felicidad. "Convertirse en humano para construir aviones y volar por los cielos", señaló. El mundo de la imaginación del humano es infinito, lleno de posibilidades. Me  gusta imaginar que nuestra mente puede liberarnos de la animalidad y acercarnos a la humanidad. La felicidad es poder imaginar. Así nos convertimos en creadores. En dioses...

Le pregunté a un niño qué era la felicidad. "Convertirse en ángel y habitar en el cielo", respondió. Me recordó que todos queremos desprendernos de las limitaciones biológicas y explorar el potencial del alma. Somos animales que queremos convertirnos en ángeles. Agregó que es cierto que perdemos los recuerdos de nuestras existencias previas, pero no es menos cierto que igual recibimos los aprendizajes heredados de nuestros antepasados. Vienen incorporados en nuestra arquitectura neuronal, en nuestra cultura, en nuestros valores familiares. Vienen como un regalo generoso del pasado. Porque todos los seres humanos estamos evolucionando hacia un estado más etéreo, más sutil, más benevolente y más hermoso. 

Le pregunté a una mujer qué era la felicidad. Y me dijo: "Ser hermosa para convertirme en la reina del Universo". Y agregó: "La felicidad es bella". No me confundí. No se refería a la belleza externa. Insinuaba que la encontramos en un nivel de conciencia donde dejamos de sufrir y nos identificamos con el Universo. Con todo el Universo. Señaló que encontramos la plenitud en aquella dimensión más profunda de nuestra conciencia donde todo se hace Uno. Ella creía que la belleza es la fuente de la felicidad y que la felicidad es la fuente de la belleza. Que son lo mismo. 

Le pregunté a un viejo qué era la felicidad. "Vivir...Vivir sin ataduras, fluyendo en el presente", aseguró. Vivir es una experiencia espiritual buscando trascender lo material. Es madurar y comprender... Algo que todos hacemos en etapas, buscando el tesoro del bienestar.  Es tomar conciencia de que podemos elegir ser felices. Porque aunque no lo sepamos, todos poseemos la capacidad de acceder voluntariamente a esa dimensión más sutil donde desaparecen los límites y somos totalmente plenos. Felicidad es estar en esa dimensión donde nos damos cuenta de que simplemente somos. Y que esa es la razón de existir. Somos. Simplemente somos. Y eso basta para ser feliz. 

Después de escucharlos a todos, me pregunté: ¿qué es la felicidad?
Y yo mismo me contesté: No lo sé... aún, pero en las palabras de estos maestros se encierra el secreto que debo descifrar. Parece que la felicidad es un enigma a punto de resolverse.

domingo, 11 de junio de 2017

Profesores auténticamente felices

Esa fuerza poderosa que genera el cambio continuo y nos impulsa a la acción, esa fuerza que llamamos vida, pretende que seamos felices, que vivamos en el bienestar. Lo único que se interpone entre nuestra realidad y nuestra felicidad son nuestras creencias. Porque todo lo que sucede está perfectamente alineado con nuestro destino. Todo, absolutamente todo, sucede por una buena razón. Es perfecto para nuestro aprendizaje.
Sin embargo si nos resistimos a los acontecimientos, sufriremos. La vida es un juego para disfrutar, no una lucha para sobrevivir. Si intentamos ser alguien distinto de quien somos; si pretendemos ocultar nuestras debilidades y mostrar tan solo nuestras virtudes, siempre tendremos que hacer un esfuerzo agotador. Sólo siendo verdaderamente auténticos, la vida se hace fácil, fluye.
Y para ser auténticos, hay que comenzar por aceptarnos tal cual somos. Esa aceptación, es el comienzo de la aceptación de cualquier otro… Ya no intentaremos cambiarnos nosotros mismos ni tampoco cambiar a nadie más. Nos respetamos y comenzamos a respetar a los demás. Aceptarnos significa valorar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestra alma tal como son. Es rendirnos ante nuestra realidad y reconocer que en realidad somos perfectos.  Es dejar de resistirnos.
Vivir sin oponer resistencia hace que la vida sea más agradable y también implica vivir siguiendo los dictados del corazón. Expresando aprecio y cariño. Asombrándonos y evolucionando. Aprendiendo y madurando. Tomando conciencia de que somos vida. Somos una versión de la vida que ha decidido mirarse desde nuestro punto de vista, aceptar nuestros ancestros y nuestra historia, usar nuestro cuerpo como vehículo y nuestra mente como brújula. Somos vida experimentándose como nosotros.
Cuando aceptamos esto, recién entonces, caemos en cuenta que los demás, también son vida, expresándose desde otras perspectivas. Tan válidas como la nuestra. Somos esencialmente lo mismo. Debemos pues, aceptarlos como son. Son personas viviendo un proceso que espera hacernos felices y que lamentablemente boicoteamos cuando nos aferramos a creencias que nos hacen sufrir. Todos estamos acá, buscando la felicidad. Los que no logran ser felices, simplemente tienen creencias limitantes.  Que son falsas, por lo demás. Basta cambiarlas, para que despierten del infierno en que viven y comiencen a experimentar el bienestar natural que nos pertenece por derecho.
La primera responsabilidad de la educación, por lo tanto, debiera ser motivarnos a ser auténticos.  Únicos. Aceptarnos tal como somos y ayudarnos a moldear nuestras creencias para que no obstruyan nuestro feliz destino. Descubrir nuestros talentos, transformarlos en pasiones e inspirarnos a convertir nuestras vidas en obras de arte. Es obvio que necesitamos personalizar la educación. Como proponen los colegios Waldorf o Montessori, por ejemplo.
Una educación que aspire a tener alumnos felices, también requiere profesores satisfechos, motivados y realizados. Y por esta razón, la transformación educacional debe comenzar por los docentes. La mayoría de ellos, tiene buenas intenciones, pero se apoyan en creencias limitantes que deben ser examinadas y disueltas. Hay que ayudarlos a despertar. A aceptarse y quererse. A respetarse e identificarse con la vida. Postulo que hay que ofrecerles talleres de autoestima, de autoayuda y de autoconocimiento. Refrescarles sus miradas para que cuestionen aquellas creencias sospechosas. Ayudarlos a fluir por la vida.

En vez de gratuidad universal, yo hubiese preferido invertir esos recursos en “felicidad docente”. En lugar de destinar el 10% de los ingresos de Codelco a renovar armas, yo hubiese optado por potenciar el arsenal cognitivo de nuestra juventud. En la era del conocimiento, allí se darán las grandes batallas del siglo XXI. Nuestro país debe imponerse en la guerra de ideas. Por eso, sostengo que tener profesores auténticos y realizados, es el ingrediente más importante de la nueva educación y la inversión más rentable para la economía del país. 

domingo, 4 de junio de 2017

Somos una fuerza poderosa

Acabo de terminar un taller titulado “Desde la Ciencia a la Conciencia” conducido por Cecilia Montero. Se trató de una búsqueda íntima entre 5 personas desconocidas, que querían encontrarse consigo mismas. Fue una linda experiencia. Como habitualmente sucede, a medida que vas conociendo más a esas almas desconocidas, primero las vas aceptando, luego las comienzas a querer y finalmente terminas admirándolas.
Eso también ocurrió esta vez, porque en aquella búsqueda nos dimos cuenta de que todos vivíamos en una especie de sueño. Una ilusión. Juntos descubrimos que la realidad era tan solo una fantasía. Una narrativa escabrosa que habíamos construido para darle sentido a nuestras creencias, para justificar nuestras conductas y para alimentar a ese ambicioso charlatán, el ego.
Estábamos allí porque queríamos despertar. Recuperar nuestro libre albedrío. Todos pretendíamos evitar que nuestra voluntad fuese raptada por algún villano. Creo que todos ansiábamos ser felices y éramos suficientemente honestos como para reconocer que alguno de esos impostores, estaba tomando nuestras decisiones, incluso haciéndose pasar por nosotros. Si queríamos despertar del hipnótico trance en que vivíamos y desenmascarar a esos embusteros, tendríamos que conocer nuestra verdadera identidad.
En primer lugar, aceptamos que no éramos nuestro cuerpo y por ende, que las necesidades biológicas no debían dirigir el rumbo de nuestras vidas. Nunca se sacian. Había que satisfacerlas, qué duda cabe, pero no como fin, sino como medio para seguir viviendo. Es que a veces confundimos nuestro cuerpo con nuestra esencia, pero descubrimos que es verdad que somos más que biología.
Otras veces confundimos nuestra trayectoria con nosotros mismos. Pero tampoco somos nuestras historias, nuestras experiencias, ni nuestras actividades. Ni nuestro genero, ni nuestras responsabilidades. Ni nuestro estatus, nuestro patrimonio o nuestro poder. Esos rótulos eran apenas unos cuentos que nos contaba nuestra mente. Etiquetas que quería ponernos.
Luego, desarticulando otra confusión muy habitual, reconocimos que tampoco éramos nuestros pensamientos, nuestras creencias o nuestra imaginación. Ese es apenas un perpetuo ruido que habita en nuestra mente y que nos distrae continuamente. Es más, nuestros pensamientos no son hijos nuestros. Flotan por ahí y los sintonizamos si vibramos en su misma frecuencia. Como programas de radio que están al aire. Pero no nacen de nosotros. Y nuestra mente es como un detector de ideas. Como aquella radio que transmite en diversas frecuencias y que siempre está funcionando. Pero, ¿quién opera esa radio? Eso andábamos buscando. Y muy pronto concluimos que no somos nuestras mentes ni nuestras ideas o pensamientos.
Tal vez éramos algo incluso más profundo. Más etéreo. Algo como nuestra alma. Ese espíritu que arrienda nuestro cuerpo para existir. Parecía que estábamos cerca, pero descubrimos que tampoco se trataba de eso. Nuestras almas, en el sentido clásico, existen, puesto que es energía que se alimenta de amor pero son diferentes. Independientes una de la otra. Y eso también era una sensación de separación ilusoria. Otro espejismo.
¿Quién soy yo, entonces?, pensábamos entre todos…

Somos lo mismo. Nuestra verdadera esencia es idéntica. Por eso nos fuimos aceptando, queriendo y admirando. Nos fuimos reconociendo en otra versión humana. Allí en esas “otras” personas estábamos “nosotros” mismos. Somos la fuerza que nos anima. Esa fuerza que hace llorar a los bebés, florecer las primaveras, que hace volar a las aves, nadar a los peces, lactar a los mamíferos y cazar a los predadores. La fuerza poderosa que hace crecer a los árboles y que impulsa los vientos, agitando la superficie del océano. Somos la fuerza que mueve el cosmos. Porque el universo está preñado. Somos vida.


Somos manifestaciones de una única e infinita Conciencia. Todo lo que existe es esa gran Conciencia que vive y se experimenta desde diferentes puntos de vista. Desde el tuyo y desde el mío. Somos esa Conciencia manifestándose y cuando la reconozco en ti, te acepto, te quiero y te admiro. Percibir esa Conciencia en mi realidad es lo que me hace feliz. Me regala plenitud. Me ilumina. Ese fue nuestro gran aprendizaje. Y no solo valió la pena, sino que fue un hermoso regalo de amor que ahora quiero compartir contigo. 

A ti, que lees estas palabras, te quiero contar que están escritas sobre una hoja en blanco de puro amor. Acéptalo y disfrútalo. Te lo mereces por estar vivo.

martes, 23 de mayo de 2017

La vida es sagrada

Los chamanes dicen que las plantas son sagradas. Que nos enseñan a apreciar la belleza de la naturaleza, nos nutren y nos sanan. Pero sobre todo, nos hablan de la profunda interconexión que permite la vida en la Tierra. 
Al igual que los seres humanos las plantas tienen un cuerpo energético, equivalente al aura. Es la manifestación de su energía vital. Las plantas nacen de la tierra, trepan hacia el cielo buscando la luz del sol y se nutren con agua que purifica sus emociones. Son un verdadero regalo energético de Dios. 

La ciencia ha descubierto recientemente que las plantas sienten y se comunican. No como lo hacen los humanos, sino en su lenguaje vegetal que nosotros no entendemos. Pero ellas perciben nuestras intenciones. Son capaces de leer nuestras mentes. Literalmente.
Afortunadamente el ser humano está reconociendo que es necesario proteger los recursos naturales. En el año 2008, Ecuador fue el primer país que le otorgó derechos a la naturaleza en su constitución. La constitución ecuatoriana establece que "la naturaleza tiene derecho a existir, persistir, mantenerse y regenerarse siguiendo sus ciclos vitales". Esperamos que muchos otros países sigan este ejemplo.

El papa Francisco, en su encíclica Laudato Si, también ruega por un nuevo entendimiento frente a la naturaleza. Una forma de apreciar nuestros orígenes y la intrincada relación que tiene nuestra sociedad con la naturaleza. 

La educación tiene una enorme responsabilidad en este cambio de mirada. No basta con promover la sensibilidad medio ambiental, ni preocuparse de la naturaleza para minimizar los efectos del cambio climático. Esas posturas egoístas, típicamente humanas, no nos permitirán apreciar el verdadero potencial de este extraordinario regalo de Dios. El jardín del Edén es un vergel que de una forma misteriosa nos protege del mal. Transmitir este profundo mensaje a los jóvenes es una tarea pendiente de la educación. 

Los niños dicen que los animales son sagrados. Que nos enseñan a apreciar la lealtad, el cariño, la libertad y las relaciones. También nos alimentan y nos recuerdan las conexiones invisibles que unen a todos los seres vivientes. 
También tienen un cuerpo sutil, que manifiesta su vitalidad. Los animales son nuestros parientes. Todos con inteligencias distintas, adaptadas para su modo de vida. Viven en el presente y respetan los ciclos naturales. 

Hace tiempo que la ciencia reconoce su capacidad de sentir y emocionarse y ahora está a punto de descifrar algunos lenguajes, como el de los delfines. Algunos incluso pueden aprender lenguajes de señas para comunicarse con nosotros. Quién sabe que conversan acerca de nosotros, pero es probable que quedemos horrorizados con las espeluznantes historias que cuentan del hombre desalmado. 

Al menos los movimientos animalistas están ganando las batallas en contra de los crueles experimentos, los cazadores por diversión y la entretención con animales salvajes en cautiverio. Incluso ahora se condenan los trabajos forzados de los animales. Estamos mucho más conscientes de los derechos de los animales, pero nos queda mucho camino por avanzar. 


Las flores dicen que los insectos son sagrados. Que las ayudan a multiplicarse y les traen noticias de sus amigas desde largas distancias. Algunos insectos sociales nos demuestran el poder de la colaboración. En equipo son capaces de hacer milagros. Pero son pocos los humanos que les tienen consideración. Y aunque pueden maravillarse con los colores de las mariposas, ni siquiera trepidan en matar una mosca. 

El mar dice que los peces son sagrados. Que adornan las profundidades y se mimetizan con las algas. Que viajan juntos para protegerse de los mas grandes y aprovechan las corrientes submarinas para explorar la inmensidad del océano. Y muchas veces nos nutren con sus cuerpos. 

Yo digo que la vida es sagrada. Y que hay que vivirla con amor, porque es expresión de energía divina. Creo que debemos cuidarla y protegerla en cualquiera de sus manifestaciones. Me duele el sufrimiento animal, casi tanto como el sufrimiento humano. Me molesta el maltrato vegetal y me preocupa la insensibilidad ambiental. Tal vez a estas alturas de mi vida estoy más sensible, aunque prefiero pensar que me he vuelto más consciente. Amo la vida. Y la vida me ha amado también. Cada día que he vivido ha sido una hermosa aventura de descubrimiento personal. Veo a mi familia crecer y multiplicarse y me siento conmovido. Tendrán nuevos desafíos porque vivirán otros tiempos y probablemente más adelante verán que la vida es apenas un suspiro, aunque aun no se den cuenta. Solo quisiera dejarles un profundo respeto por el milagro de existir.


martes, 16 de mayo de 2017

El Transhumanismo


La actual cosmovisión predominante en el mundo, es el materialismo científico. Un sistema de creencias que propone una realidad material, independiente del observador, que podemos conocer completamente usando la razón y la ciencia. Reconoce solo la realidad exterior y los hechos comprobados por la ciencia. Lo que nuestra ciencia aun no descubre, no parece existir. Esta visión, evidentemente obsoleta, ha generado una sociedad individualista, egoísta e irresponsable. Y le ha dado al ser humano el carácter de depredador. 
En contraposición a esta postura, se han generado una serie de movimientos, que proponen miradas diferentes. Ya vimos la ecología profunda, que nos recuerda que vivimos en un mundo físico profundamente interconectado y los creativos culturales que también proponen esa interconexión a nivel mental. 
Ahora nos corresponde analizar la propuesta del transhumanismo. Una idea que plantea al ser humano como un organismo en proceso evolutivo, que no ha alcanzado su versión definitiva. Es lógico pensar que el hombre continúa evolucionando... De hecho, en la medida que nuestra cultura cambia-un hecho indesmentible- el ser humano debe adaptarse-una consecuencia evolutiva. Y en una civilización eminentemente tecnológica, el hombre está fusionándose con la tecnología. La arquitectura neuronal de los nativos digitales es diferente, de eso, ya no hay dudas. 
Pero lo que plantea al transhumanismo, va más allá. Sugiere que el hombre está usando la tecnología para mejorarse. Cosa que podemos conceder. Los implantes cocteleras, los marcapasos y las prótesis mecánicas, están resolviendo algunas de nuestros defectos. Pero, además, la tecnología está mejorando nuestras capacidades naturales. Hay algunos humanos que han decidido usar tecnología para aumentar el rango de sus sentidos, o incluso, agregarse un sentido adicional. Son los llamados cyborgs. Algunos pueden percibir el campo magnético de la Tierra, otros pueden percibir movimientos sísmicos. 
En resumen, el transhumanismo propone que el mejoramiento de la especie humana se logra con la incorporación de prótesis artificiales, que le darán al hombre superpoderes. Y si esta idea les choca, tal vez debieran revisar cuanto dependemos ya, de la tecnología. Ya somos humanos mejorados. Podemos acceder a un cúmulo de conocimientos con un simple click. Cualquier pregunta que hagamos, es contestada por un buscador artificial, en cuestión de segundos. Hasta nos comunicamos más vía la web, que verbalmente. Nuestras redes sociales ya son virtuales. No cabe duda, somos Homo Technos. 
Las promesas del transhumanismo incluyen:
a) La superlongevidad: Esto supone la derrota del envejecimiento, que es visto como una enfermedad. Y si supieran cuantos recursos se destinan a esta batalla, quedarían horrorizados. Estamos intentando alcanzar la inmortalidad. Y no se extrañen entonces, que pronto vivamos en un mundo de ancianos.
b) La superinteligencia: La inteligencia artificial ya ha superado a la inteligencia humana en tareas específicas. Ahora, todos parecen querer aumentar su inteligencia. Y lo podrán lograr, al fusionarse con la inteligencia artificial. En algunos años, la capacidad de procesamiento de información, usando nuestras máquinas, superará a la inteligencia biológica. Usaremos las máquinas para pensar.
c) El superbienestar: Mediante el uso de tecnología eliminaremos el dolor. Y podremos generar ambientes virtuales al gusto del consumidor. Podremos engañar a nuestros sentidos para sentirnos bien, independiente de nuestras circunstancias. Incluso el sexo virtual será más satisfactorio que la intimidad tradicional. 
El transhumanismo propone que los humanos trascendamos las limitaciones de nuestra biología. Hay muchos ya, que piensan que este salto evolutivo es inevitable. Hay otros, como Steven Hawkins, un ser humano que se expresa gracias a la tecnología, que miran esta propuesta con mucha suspicacia. Incluso señaló que la Inteligencia Artificial es peligrosa para la Humanidad. 
Lo que es relevante, es que la tecnología ha acelerado la evolución en la Tierra. Y nos estamos haciendo cada vez más dependientes de ella. Nos está empujando aceleradamente hacia una mejor versión de nosotros mismos. La evolución biológica es lenta e ineficiente. La evolución tecnológica es veloz y eficaz. Esta última finalmente se impondrá y abandonaremos los procesos genéticos para mejorar. 
La pregunta entonces es: En un mundo transhumanista...¿Como se verá afectada la naturaleza humana?¿Como educarnos para ser superiores, si ni siquiera sabemos ser? ¿No estaremos creando a un Frankenstein?
Hay que estar preparados para discutir estos temas. Están ocurriendo a vista y presencia nuestra y nadie se atreve a comentarlos. 

lunes, 1 de mayo de 2017

Diagnóstico equivocado

Francamente decepcionado, bastante molesto y hasta un poco divertido. Esa es una sensación que describe bien lo que me produjo ver los diagnósticos de nuestras autoridades educativas frente a los resultados de las pruebas SIMCE. 
Confieso que pensé en horrorizarme, pero ya tengo demasiadas evidencias de la incapacidad del ser humano de hacer diagnósticos acertados desde dentro del bosque. De modo que la miopía del Mineduc y su Agencia de Calidad, no me extrañan. Ningún funcionario, en ese ambiente demasiado sensible a las ideologías políticas, exacerbado en un año electoral, es capaz de hacer un diagnóstico holístico y con visión de largo plazo. 
De modo que decidí temperar mis emociones. Me decepcioné por las publicaciones que culpaban a la tecnología de los malos resultados en comprensión de lectura, me molesté con la proverbial incapacidad del gobierno para mejorar la educación pública y me reí con las explicaciones que los supuestos expertos esgrimían. Ni Yerko Puchento es capaz de inventar ese tipo de teorías. 
Ya se ha dicho reiteradamente en esta y en otras publicaciones serias, que las pruebas estandarizadas son herramientas que deben utilizarse correctamente. Los resultados que muestran una baja en la comprensión lectora de los adolescentes, demuestran un cambio cultural relevante. Nuestros jóvenes están buscando información más visual, precisa y concisa, que la que ofrecen los libros tradicionales. Nuestros adolescentes, y especialmente los varones necesitan respuestas más inmediatas. Prefieren videos, memes y fotos. Saben perfectamente que "una imagen vale mil palabras". Ellos viven un porcentaje importante de sus vidas, en un mundo virtual, más rápido y más conectado, comunicándose con un lenguaje diferente al de sus padres y abuelos y resolviendo varios problemas al mismo tiempo. Usan un lenguaje que pretende ser eficiente, donde la forma es menos relevante que la rapidez de la retroalimentación. Y atienden lo justo y necesario a cada problema puesto que no es el único que están resolviendo. Los humanos, todos, estamos dejando espacio neuronal libre, que antes usábamos para memoria, para procesar información. Ya no necesitamos bodegas de datos para números de teléfonos, fechas de cumpleaños o las tablas de multiplicar. Al menos, no tanto espacio como antaño. Ya no necesitamos aprender cosas de memoria. Es algo que nuestra educación tradicional debe aceptar. 
Nuestros jóvenes han desarrollado mentes para la multitarea, concediendo la mínima atención focalizada a cada situación y privilegiando la rapidez de respuesta para pasar al siguiente desafío. Porque viven en ese mundo. Se han adaptado a esa realidad virtual en la que están profundamente inmersos. ¡Esa es una gran noticia!
Nuestro jóvenes, tienen mentes plásticas y postmodernas, apropiadas para la era tecnológica. No son ellos los que deben adaptarse a textos obsoletos y a los profesores que piensan que ellos deben leer las ingeniosas aventuras del hidalgo caballero, don Quijote de la Mancha. No lo harán. A lo más, leerán un extracto de resumen conseguido en internet. Y se perderán de acceder a la verdadera fuente de sabiduría que un clásico puede proporcionar, porque no es un texto adecuado a los tiempos de un estudiante del siglo XXI. 
No son los jóvenes, los que deben cambiar. Son las prácticas pedagógicas. Ese es el problema. Y mientras las autoridades sigan preocupadas de no enojar al colegio de profesores, seguiremos encontrando funcionarios que estigmaticen la tecnología, o peor aun, a los patines que usan los colegios privados.
Las pruebas estandarizadas deben evaluar la comprensión lectora en el contexto real de un mundo hiperconectado y tecnológico. Las preguntas están mal formuladas. Deben actualizarse con urgencia. Ojalá por profesores milenials. Nuestras autoridades están viendo la enfermedad en el lugar equivocado. Es la obsolescencia, ¡Estúpidos!
Pero las mismas pruebas están demostrando algo que nuestras autoridades olvidan: los cerebros de hombres y mujeres son distintos. Procesan la información con estrategias diferentes. Y sin embargo, insisten en la igualdad de género, olvidando los miles de años de aprendizaje evolutivo y los descubrimientos de la neurociencia. Por supuesto que hay que enseñar a ambos a leer, pero no se extrañen que tengan resultados diferentes. Hombres y mujeres piensan diferente. Unos son de Marte, otras son de Venus. Es la biología, ¡estúpidos!
Y también esas mismas pruebas, están demostrando que el contexto es muy relevante a la hora de educarse. La educación privada obviamente sale favorecida porque el ambiente cognitivo en el colegio es superior. Y en lugar de mejorar el entorno de las escuelas públicas y apoyar a las familias mas necesitadas, esas autoridades prefieren destinar todos los recursos del país, a dar gratuidad universitaria. Es la cultura, ¡estúpidos!
¡Cuando uno recibe un diagnóstico tan ridiculo, debe cambiar de médico!
Llegó la hora de enjuiciar a los irresponsables.