jueves, 9 de noviembre de 2017

La discriminación chilena

Aunque no queramos aceptarlo, Chile es un país donde la discriminación reina. Aunque la discriminación se disfrace con elegantes ropajes, seguirá siendo injusta e irrespetuosa. Una vieja fea que se pasea altiva y desdeñante por los pasillos de los poderosos, sin que nadie la salude. Todos la conocen, nadie la reconoce.
En tiempos pasados se discriminaba por raza. Juzgábamos a los demás por el color de la piel o el color de pelo o el color de los ojos. Nuestros pueblos originarios no fueron tratados dignamente. Nuestra historia está plagada de ejemplos de una discriminación brutal de los descendientes de inmigrantes europeos que se consideraban aristócratas. Y así  acabamos con muchas etnias y tribus que vivían en la américa precolombina. Aun tenemos grandes problemas en la Araucanía y los Pascuenses pretenden independizarse. No hemos aprendido a convivir. 
También se discriminaba por religión. Aquellos que no comparten nuestras creencias, son considerados diferentes e inferiores espiritualmente. En un país esencialmente cristiano, profesar otra religión sigue siendo un pecado mortal. Y en la educación nacional, muchos colegios religiosos ahondan la sensación de separación y de superioridad moral. Los exámenes de admisión, escondían subrepticiamente las diferentes pruebas de blancura,   exigidas a sus alumnos. Tampoco hemos aprendido a respetar diferentes credos religiosos.
Para qué hablar de la discriminación por género. Obvia en la sociedad actual. Tanto que el gobierno ha pretendido equilibrar la cancha para las mujeres, artificialmente. Exigiendo cuotas de participación. Mejor hubiese sido potenciar los colegios colegios mixtos, haciendo que la convivencia entre hombres y mujeres sea normal desde la tierna infancia. Reconocemos que los hombres y mujeres procesan la información con estrategias diferentes. Pero son complementarias. Lo que es innegable es que vivimos juntos y los colegios deben ir más allá del aprendizaje. Deben enseñarnos a convivir en armonía. La discriminación por género es fomentada en los proyectos educacionales excluyentes. 
Hay otras discriminaciones muy vivas en nuestra sociedad: se discrimina al discapacitado y al campesino. Y también al delincuente, pretendiendo aislarlo. No fomentamos la inclusión. 

En estos tiempos, se reconoce la injusticia de la tan extendida discriminación por la preferencia sexual de las personas. Está de moda celebrar al que sale del closet, como si fuese un gran éxito. En público muchos esconden la condena y toleran, esa es la palabra correcta, apenas toleran la diversidad sexual. Son demasiados los hipócritas que por dentro   enjuician severamente a quien es diferente. Ahora, este gobierno mediante una serie de normas y leyes, quiere aparentar que somos abiertos y tolerantes y que no discriminamos. Pero ese cáncer está demasiado extendido como para extirparlo mediante decretos. 
Todas esas formas de discriminación aun existen y perduran porque nunca hemos educado para fomentar la diversidad. Todo lo contrario. Este es un país de clubes sociales. Y el que no pertenece al club, no puede acceder a los beneficios de la red. Es tan profunda la discriminación, que incluso discriminamos a las nanas y a los profesores. A los que educan a nuestros hijos. Son trabajadores que no pertenecen al club. ¿Como podemos educar para la diversidad si menospreciamos a los educadores?¿Qué aprenden nuestros hijos de ese tipo de actitudes?
La discriminación chilena va más allá. También discrimina por afinidad política. Este mismo gobierno es un gran culpable de esa, la peor discriminación que existe. Hoy, cuando estamos llenos de inmigrantes que viene a nuestro país buscando justicia social, ellos, los extranjeros recién llegados, se encuentran de frente con esta discriminación moderna. La discriminación ideológica. Esa es la discriminación que está ahogando a nuestra sociedad. Es invisible para muchos. Creen que nadie la percibe. Pero se engañan...
Darle preferencia a uno sobre otro más capaz, solo porque comparte nuestras ideas políticas es una forma de discriminación mucho más deleznable que la discriminación tradicional. Y en los últimos años, en este país, esa profunda discriminación ideológica que impera en la sociedad, ha desvalorizado la función política y ha infectado a las instituciones más prestigiosas, transformándolas en clubes ideológicos, que ondean estandartes para perpetuar una forma de pensamiento. Hemos construido una institucionalidad incestuosa, incapaz de generar innovación o creatividad. 
En este país, nadie puede pensar fuera de la caja. El pensamiento independiente es condenado incluso antes de su concepción. Nos obligan a abortar las ideas diferentes. Por eso seremos estériles en el desafío de la economía de la creatividad. Peor aún, ahora que se aproximan las elecciones, los candidatos a la presidencia nos están invitando a incorporarnos a su club. Solo tenemos que votar por ellos. Enarbolar sus ideas. No perciben el peligro de enjuiciar al que piensa diferente. Luego se extrañan de que la mayoría no quiera votar. En el siglo XXI las ideas se enriquecen con aportes desde la diversidad.  
Las ideas no son propiedad de algún club exclusivo. Son patrimonio de la humanidad. Son producto de un proceso histórico. Y nuestra responsabilidad es enriquecerlas. 
Hubiese querido ver a algún candidato aceptando y enriqueciendo las propuestas de sus contendores. Hubiese querido ver debates constructivos para pensar el país que queremos para nuestros hijos y nietos. Hubiese pensado votar por aquel que mirase al futuro con los anteojos de la diversidad. Integrando las buenas ideas, vengan de donde vengan, para ser presidente de todos los chilenos. No del club que lleva la barra más numerosa a las urnas.
Reconozco que pequé de ingenuo. En un país que discrimina, aquel que cambia de opinión, que escucha para comprender, que evoluciona, que aprende y que apoya las buenas ideas de otros clubes, es peligroso y sabe a traidor. Aquí ya no hay políticos que tengan estatura de estadista. Que puedan mirar por sobre la cordillera y diseñar a un país verdaderamente global. Chile está conectado al mundo y para tener éxito, los chilenos debemos conectar nuestras mentes, imaginando colectivamente una sociedad más integrada, respetuosa y justa. Una sociedad que nos enorgullezca.
Sin fomentar la educación para la diversidad, Chile seguirá discriminando, seguirá dividido en grupos ideológicos e irremediablemente se quedará atrás. El siglo XXI está repleto de oportunidades para los países respetuosos de las diferencias, para las culturas inclusivas y para las sociedades heterogéneas. Ojalá dejemos atrás la discriminación con una educación inclusiva. 

miércoles, 18 de octubre de 2017

Charla TEDxUMayor: El tamaño de nuestra conciencia IMPORTA


Aquí podrán ver el video completo de la charla TED que dí hace algunos años, donde pretendí mostrar una nueva manera de educar. En ese momento me pareció que esta propuesta no fue bien comprendida. La educación estaba enfrascada en una discusión ideológica sobre cómo debía financiarse. Hoy, sin embargo, por distintos medios y desde diferentes países, me han llegado excelentes comentarios sobre la iniciativa que aquí esbozamos.  Educar para expandir la conciencia. Parece que el mundo está cambiando muy rápido. Y los educadores están aceptando la necesidad del cambio de enfoque. Tal vez sea una idea a la que le ha llegado su momento. Por eso lo vuelvo a subir...

Incluso en una reciente columna vi que J.J.Brunner está postulando una educación enfocada en las artes liberales. Una formación amplia que nos prepare para el cambio permanente y para vivir en la incertidumbre. Justamente eso es lo que pretende una educación integral. Combatir la fragmentación de la especialización excesiva que no nos deja ver el bosque.

Si se toman el trabajo de ver el video, tengo que confesar que tiene un pecado capital: allí hay mucho más información que la que es evidente a simple vista. Es necesario pausarlo o verlo varias veces, para digerir la información subliminal. Pero creo que vale la pena. Aunque sea autorreferente, allí se sintetiza una visión renovadora de lo que debe entenderse por educación en el siglo XXI. 


viernes, 13 de octubre de 2017

Aprender del error

El ser humano es curioso por naturaleza. Por eso, hasta ahora, nuestra estrategia para educarnos ha sido probar y luego aprender del error. Probar por curiosidad y reaccionar frente al resultado. Y toda la cultura científica e incluso la propia civilización se ha diseñado para permitirnos cometer errores como medio de aprendizaje. En las actuales circunstancias, cuando el ser humano ya ha adquirido tecnología para aniquilar al mundo, modificar el clima, extinguir o resucitar especies extintas, crear nuevos virus biológicos y usar tecnología capaz de pensar en forma autónoma, esta estrategia se ha vuelto extremadamente peligrosa. 
Hoy en día, aprender del error puede resultar fatal para nuestra especie. Un pequeño error en alguna de estas cruciales materias, puede resultar verdaderamente letal para la humanidad. No podemos permitirnos el lujo de equivocarnos en temas que amenazan nuestra supervivencia. 
Peor aún, cuando los líderes de países tecnológicamente poderosos no tienen la prudencia ni la sabiduría para permitirnos dormir tranquilos, entonces quiere decir que hemos llegado a un punto de inflexión. No debemos continuar aprendiendo del error. Hay demasiados políticos que tienen poder pero no tienen criterio. Y conociendo a algunos de ellos, eso es aterrador. 
Necesitamos modificar nuestra forma de aprender. Es urgente que durante el siglo XXI seamos mucho más responsables, cuidadosos y sabios que nuestros antepasados. Y la única forma de lograr esto, es a través de una nueva forma de educar. Educar en valores y apuntar hacia la sabiduría antes que el desarrollo tecnológico es la única posibilidad para nuestros descendientes. Cambiar el rumbo pedagógico hacia una educación responsable y consciente. Ese es el único camino viable para el ser humano. Cualquiera que no vea el peligro latente de mantener la educación tal como está ahora, o está ciego o es irresponsable. O indolente...
Aprender del error ha sido una bendición histórica para el ser humano. Mucho de nuestro progreso material se ha basado en esta estrategia. Pero ahora, cuando el hombre tiene superpoderes, esa ideología puede ser su peor maldición. Nos hemos convertido en seres demasiado peligrosos y nuestra tan proverbial humanidad, que reconoce la falibilidad como característica de nuestra especie, se está transformando en una fragilidad evolutiva tan delicada como evidente. 
Si no somos capaces de incrementar la velocidad de expansión de conciencia de nuestros jóvenes, si no somos capaces de convertirlos en seres sabios, solidarios y empáticos, nuestra especie se extinguirá. Ahora somos socios de la evolución, porque estamos interviniendo en sus quehaceres. La mutación azarosa del pasado que dirigía la evolución y posibilitaba la supervivencia del más apto, está cambiando por el diseño "inteligente" que irremediablemente transformará la especie humana en una versión diferente de si misma. Veo 2 alternativas: Nos convertiremos en una especie extinta o  en una mucho más sabia. 
Por eso, el imperativo educacional más urgente es volvernos una especie consciente antes que seguir aspirando a un progreso económico no sustentable. No necesitamos más desarrollo ni más tecnología, si no tenemos la sabiduría para hacernos responsables de nuestras propias decisiones. Necesitamos una fuerte componente espiritual en la educación actual. Antes de que sea demasiado tarde. 
Aprender del error puede ser la última gran equivocación del homo sapiens. 


martes, 10 de octubre de 2017

El laberinto existencial

La idea de un laberinto como una metáfora educacional de la vida, es algo bastante común.  Un recorrido largo y sinuoso, repleto de bifurcaciones que nos invitan a tomar decisiones en base a nuestra intuición y a la información que conocemos. Se presenta como un camino irreversible donde hacemos uso del supuesto libre albedrío que poseemos y tomamos decisiones que nos acercan o alejan de nuestro objetivo.
Pero ahora, con el desarrollo de la realidad virtual podemos imaginar un laberinto muchísimo más parecido a la realidad. Un laboratorio donde ejercitamos nuestra voluntad, obligándonos a tomar decisiones de carácter ético, recurriendo a información que nos ayude a encontrar el rumbo correcto, como si estuviéramos viviendo una aventura real. Y esa información que recibimos, puede ser a veces consciente y otras veces estar escondida en algunas señales que nos envía el universo para orientarnos. 
Ese laberinto educacional que ahora imaginamos y describimos, podría transformar la realidad que experimentamos al recorrerlo y hacerla más dura y dolorosa en caso de que tomemos el camino correcto o más suave y placentera en caso contrario. Como lo hace la vida misma. El camino y sus desafíos se van transformando en función de nuestras decisiones. 

Las encrucijadas del laberinto nos enfrentarían a dilemas éticos y nos obligarían a enfrentar las consecuencias de nuestros actos y decisiones. Las variantes sin salida demuestran que antes te equivocaste. Encuentra el error y enmiéndalo. Porque, a diferencia de nuestra propia existencia, al volver nuestros pasos y corregir la decisión, podemos analizar qué hubiese sucedido si en lugar de haber torcido en ese lugar, hubiésemos escogido el otro sendero. Así es como este laberinto, se transforma en una herramienta poderosa para forjar nuestro carácter y reforzar nuestros valores. 
Un laberinto que puede ser diseñado por psicólogos y educadores, con el fin de aprender las lecciones de la vida. Las pequeñas y las grandes enseñanzas. Un laberinto que nos permite evaluar el criterio con que procesamos la información. Que incluso nos ayuda a elegir correctamente colocando señales que debemos interpretar correctamente. Señales que pueden quedar en nuestro inconsciente, como los sueños o símbolos más obvios, señales que están allí para dirigirnos y que a veces pasamos por alto. Este laboratorio experiencial será la principal herramienta de los colegios del futuro para desarrollar el carácter y la personalidad de sus alumnos. Sobre todo, una herramienta para aprender a luchar con las tentaciones de la vida cotidiana.

Un lugar donde nos colocaremos anteojos de realidad virtual para experimentar una aventura. Con la misión de encontrar nuestro objetivo. Pero donde podremos tener éxito sólo si siempre escogemos el rumbo éticamente correcto. Una experiencia virtual en diversos escenarios, desde la sabana africana o en las profundidades del océano donde tendríamos que escondernos de nuestros depredadores; hasta unas escarpadas montañas que tendríamos que escalar o una selva impenetrable donde deberíamos sobrevivir.
Un juego virtual, deben estar pensando ustedes. Exactamente. Un juego de realidad virtual que nos enseñe a ser mejores personas. Y que nos proponga desafíos que estén de acuerdo a nuestra capacidad. O mejor dicho, diseñado para diferentes niveles de conciencia. Allí está la clave de la educación de calidad. Allí está el futuro de la educación. Entretenida, tecnológica, experiencial y personalizada. Allí es donde debieran estar trabajando los educadores del siglo XXI, asociados con los diseñadores de juegos computacionales. Allí, en esos juegos didácticos se está jugando el futuro de la humanidad. ¿Cuanto demoraremos en tomar consciencia de que este es el verdadero desafío educativo de nuestra generación?


jueves, 5 de octubre de 2017

Rita

Así como en este mismo blog hace algún tiempo recomendamos la extraordinaria serie de Netflix, Merli, también queremos recomendar Rita. Trata de una profesora rebelde en una escuela pública de Dinamarca, que permanentemente se salta las reglas en beneficio de sus alumnos. Otra serie que muestra la incapacidad de los profesores tradicionales para enfrentar los desafíos de educar millenials.
La serie es una ventana hacia la educación nórdica y hacia una cultura muy diferente de la latina, pero bien vale la pena para flexibilizar el comportamiento de los educadores nacionales. No podemos seguir haciendo lo mismo. Estamos educando a una generación que ha evolucionado y es más consciente, pero usamos los mismos métodos arcaicos. Es que a veces no nos damos cuenta cuan atrapados estamos con los reglamentos y normativas...



Así comienza cada capítulo y cada uno de ellos presenta una problemática diferente. Rita se atreve a enfrentar los problemas, aceptando riesgos y algunas veces trascendiendo la lógica y la razón. Recomiendo que los profesores vean esta serie y la discutan con sus colegas. Rita rompe los moldes incluso con imprudencia y desfachatez y tiene una actitud muy particular para enseñar. Pero se atreve a desafiar el status quo. Sólo eso, hace que la serie sea un aporte a la educación de calidad. 
Pero por supuesto que hay más. Allí se muestra que el mundo del profesor tradicional, se está derrumbando. Y todos en aquella escuela pública están sufriendo las tensiones de un cambio que no comprenden bien. A pesar de las buenas intenciones, las vidas de todos los profesores evolucionan hacia un futuro incierto. El cambio es inexorable. 

viernes, 22 de septiembre de 2017

El escarabajo que cambiará la educación

Hoy, comienza la primavera. Hoy, después de 9 meses de trabajo, he terminado el libro que propone un nuevo camino para la educación: Los secretos del escarabajo. Me siento contento. Independiente del futuro, tengo la sensación de que allí está plasmada mi propuesta educacional más interesante.
Como un pequeño "teaser", les puedo contar que el escarabajo  es un colegio que reconoce que la vida es más que lo que nos cuentan nuestros sentidos humanos. Hay fuerzas invisibles que mueven los hilos del destino y después de un largo entrenamiento, logra reconocerlas. 
Entonces decide que la educación debe enseñar a reconocer emociones y a respetar la vida, en cualquiera de sus expresiones. Todo está conectado. 
Habiendo desentrañado el misterio de nuestra limitada realidad, el escarabajo busca un camino para encontrarse consigo mismo. Un camino espiritual. Y luego de enfrentarse con las enormes dificultades que le atraviesa su ego, comprende que todos los caminos conducen al mismo lugar. 
Y decide que la educación debe enseñar a respetar todos las propuestas religiosas, incluyendo la religión del siglo XX, la ciencia. Las creencias de cada persona están asociadas a su nivel de conciencia. Por eso educa para expandir le conciencia de sus estudiantes. 
También descubre que la suerte no existe y que detrás de los acontecimientos, siempre hay buenas razones. Por eso enseña a hacernos responsables de nuestras acciones y pensamientos. Y en esa línea, se da cuenta de que está viviendo una simbiosis que lo transformará en algo muy diferente. Reconoce que la evolución lo está cambiando y que sus propias herramientas serán la causa de su metamorfosis.   Tiene miedo y con justa razón. Aprovecha la tecnología para mejorar su eficiencia y le entrega poder. Demasiado poder. 
Tanto que teme ser esclavizado. Sobre todo, cuando estudia a sus antecesores. Son más complejos e influyentes de lo que imaginó. En sus genes y en sus aprendizajes, están escritas todas sus debilidades. Su linaje tiene una historia violenta, que no presagia un buen final. 
Posteriormente el escarabajo se transforma para enseñar a desarrollar talentos y alcanzar la felicidad. Desenmascara a los impostores que nos embaucan y nos lleva en un viaje de autodescubrimiento que nos sorprenderá. 
No puedo darles más detalles, sin develar la historia, pero escondidas entre estas páginas están los secretos que cambiarán la educación. 
Cuando se publique el libro, provocará comentarios, generará controversias para que por fin podamos conversar sobre lo que es una educación de calidad. Recomendaré su lectura antes del lanzamiento. ¡No se lo pierdan!

lunes, 11 de septiembre de 2017

Conversaciones

Un viejo amigo que es doctor en medicina, me invitó a una tertulia en su departamento ayer en la noche. Se trataba de una invitación a conversar sobre temas profundos con otros dos invitados. Un premio nacional de ciencias y un educador con doctorado en filosofía. 
¿Una invitación a conversar?
Así fue. Los invitados llegaron puntualmente y mediando apenas los saludos protocolares, la conversación adquirió una profundidad poco habitual. 
Hablamos sin pauta preconcebida sobre la vida, en general y sobre la educación –interés compartido por todos– en particular. Las palabras fluían musicalmente, como siguiendo un ritmo, entre copas y mastiques.
–Casi no tenemos tiempo para conversar –sugirió uno al rato, saboreando las reflexiones en voz alta que hacíamos.
–Es que son pocos los que saben conversar –comentó otro, mientras disfrutaba una exquisita copa de vino.
–Aunque son menos los que saben escuchar –terció el anfitrión dejando que sus palabras penetraran en el silencio que se produjo entonces.
El arte de la conversación, parece estar extinguiéndose. Reunirse alrededor de una chimenea o una mesa, dispuesto a compartir pensamientos, es un hábito del pasado. Es una pena, porque conversar nos transforma. Como pudimos atestiguar los presentes. Nos enriquece y nos expande la mente. 
¿Porqué en los colegios no se enseña a conversar? Nos preguntamos. Y cada uno encontró una respuesta. Todas diferentes, pero sin embargo, coincidimos en que en los tiempos que estamos viviendo,  es urgente y necesario recuperar la capacidad de establecer una instancia de comunicación más profunda con nuestros amigos y seres queridos. El tan extendido chat, no tiene el mismo sabor que una conversación cara a cara. Tal vez la presencia física trasmite emociones que dan sentido a las palabras. En una conversación, nuestros decires siempre van acompañados de un lenguaje corporal que complementa el mensaje. En un chat, podemos sazonarlos con emoticones, de vez en cuando, pero no se logra el mismo efecto. Es muy difícil hablar de corazón a corazón por medios virtuales. No cabe dudas de que hemos ido aprendiendo a comunicarnos sin emociones. Como se comunican las máquinas. 
Y en esas reflexiones, también concordamos en que es necesario aprender a conversar con desconocidos. Para transformarlos en personas con historia e identidad. Para volver a confiar en los demás. Porque estamos viviendo una crisis de confianza. Llegamos a la conclusión de que tal vez las conversaciones en persona, sean el antídoto contra el individualismo y la fragmentación que nos está alienando. 
Porque para conversar de verdad, hay que pensar antes de pronunciar palabras. Ese puede ser el problema. Estamos viviendo tan apurados, que no nos damos tiempo para pensar en lo que creemos, en lo que queremos y mucho menos, en quienes somos o en el sentido que tiene la vida. 
Aunque de acuerdo a la experiencia que vivimos ayer, conversar nos enriquece. Desde el punto de vista espiritual más que material. Y esa es riqueza verdadera. 
Conversar. Invitar a conversar. Conversar con nuestros compañeros. Para entenderlos, para conocerlos, para quererlos. Conversar con nuestros familiares para estrechar los lazos de amor y afecto. Sobre todo, conversar con nuestras parejas. Para cultivar esas relaciones importantes. 
¿Y porqué no?, conversar con nuestras mascotas y con las plantas de nuestro jardín. Conversar con el cosmos y con el silencio. Conversar con nuestros antepasados y también con Dios. Porque a mi, me pareció que detrás de las palabras de mis contertulios, había un mensaje de alguien mas sabio y más amoroso que los presentes. Hay que aprender a tener  conversaciones profundas...
Intentar que nuestros pensamientos bailen con pensamientos extraños y que produzcan una coreografía de ideas que transforme nuestra realidad es muy gratificante. Aprovechen de conversar. Busquen excusas para compartir, porque así serán mucho más felices.