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lunes, 27 de junio de 2016

El sexto sentido

Somos seres emocionales. Tenemos un sistema de retroalimentación extremadamente sofisticado, elaborado por millones de años de evolución, que debiera guiarnos hacia una vida plena y feliz. Lamentablemente, no sabemos usarlo. 
Es cierto que no contamos con un manual de instrucciones pero, no es menos cierto que ya debiéramos haber descifrado su modus operandi. Afortunadamente, la ciencia actual está reconociendo que tenemos un sexto sentido de carácter emocional y pronto lo aceptaremos como brújula para guiar nuestra vida hacia el progreso armónico y el éxito personal. 
Nuestras emociones equivalen a un lenguaje sensorial que antecede a nuestros pensamientos y que en gran medida, explica nuestro comportamiento. Tal como las imágenes pertenecen a un sistema visual que nos orienta espacialmente, las emociones pertenecen a un sistema interno de control y procesamiento de información cuyo propósito es ayudarnos a lograr nuestra plenitud. 
Sin saber usar el sentido emocional, los seres humanos hemos dependido de códigos de comportamiento externos (mandamientos y leyes o acuerdos político-sociales) que necesariamente son universales y no reconocen la riqueza de la diversidad humana. Por eso vivimos una sociedad enferma. Hemos pretendido uniformar a seres que son únicos,  y que tienen una brújula moral interna mucho más precisa para tomar decisiones. Hemos obligado a los seres humanos a usar criterios comunes para actuar, desoyendo la información emocional interna y esto termina enfermándolos. La educación debe corregir este problema con urgencia.


El sistema emocional tiene 3 dimensiones fundamentales: la supervivencia, la superación y la contribución y podríamos representar a cada una de esas dimensiones con un símbolo que ayuda a entender su función. La dimensión de la supervivencia se comporta como nuestros padres, nos cuida y nos protege. Es instintiva e inmediata y común en todos los animales. Se preocupa de nuestro cuerpo y de mantener la salud física. 
La dimensión de la superación hace la tarea de nuestros profesores o entrenadores, nos enseña y nos exige, ayudándonos a desarrollar nuestros talentos y su pleno potencial. Nos ayuda a progresar, controlando nuestros impulsos y reconociendo las consecuencias de nuestros actos. Es aprendida, de mediano plazo y común en los mamíferos superiores. Se preocupa de nuestra mente y de mantener la salud psicológica. 

Y la dimensión de la contribución nos guía como un maestro o un gurú, a encontrar nuestra verdadera identidad y dejar nuestra huella, a contribuir con el aporte que solo nosotros, por ser únicos e irrepetibles podemos dejar como legado. Porque la vida no es un proyecto individual, es trabajo en equipo. Es reflexiva y propia de los seres humanos y es una tarea de largo plazo que nos permite encontrarle sentido a la vida, por lo que requiere de un proceso de maduración. Se preocupa de nuestra alma y de la salud espiritual.

La naturaleza nos ha dotado de un sistema emocional multidimensional para guiarnos en la aventura de vivir. Un sistema que nos cuida como un padre, que nos exige como un entrenador y nos guía como un maestro espiritual. Un sistema que reconoce la interrelación del cuerpo, mente y espíritu. Siguiendo sus consejos podemos alcanzar mejores resultados y acercarnos a la felicidad. Por eso, no solo sostenemos que la educación emocional es fundamental en la educación del siglo XXI, sino que pensamos que reconocer el lenguaje emocional es el primer paso para sanar a nuestra sociedad.  
Las emociones son las enseñanzas de nuestro sexto sentido. Comprenderlas es tarea de todos. 

domingo, 19 de junio de 2016

El bio-emprendimiento

Vivimos en tiempos de emprendimiento. Se trata de una tendencia creciente entre los jóvenes de hoy, empoderados por herramientas tecnológicas que les dan capacidades de comunicación sobre-humanas y motivados por una mirada crítica hacia la propuesta del empleo tradicional. No creo en las casualidades. Si la humanidad quiere sobrevivir, tendrá que encontrar mejores fórmulas para vivir y convivir. Por eso, me parece genial que los jóvenes se esfuercen por emprender. De tantas ideas novedosas y simultáneas, seguramente saldrán propuestas que cambiarán el mundo para bien. 

A esos jóvenes emprendedores, que se enfrentan con el riesgo y la incertidumbre, les quisiera recodar el secreto del éxito. No se trata de una nueva teoría económica, sino de una estrategia probada por la naturaleza durante miles de millones de años. El universo en que vivimos es un gran bio-emprendimiento. Una aventura cósmica que permite la evolución y el progreso de la vida, siempre que siga ciertas estrategias. Se trata de comportamientos que son útiles para cualquier emprendimiento. Se trata de aprender de la naturaleza. Se trata de emprender como la naturaleza:

  • Debe ser una adaptación al cambio del ecosistema:
El ecosistema social está en cambio continuo y en esa transformación se extinguen las soluciones obsoletas y aparecen nuevas necesidades. Una idea que solucione en forma más eficiente un problema generado por un cambio en el medio ambiente social es la primera clave del éxito. Recuerda el efecto colibrí. Cuando cambia la flor, también cambia el pájaro.

  • Debe considerar todo el ecosistema: 
En la naturaleza todo está intrínseca y profundamente interconectado. Para que una nueva propuesta tenga éxito, debe ser aceptada por todos los miembros del ecosistema. Y por lo tanto, en lo posible, los debe beneficiar a todos. No solo a los emprendedores o accionistas, sino especialmente a sus clientes, proveedores, empleados, financistas y a la comunidad en general; incluyendo a su competencia. En la naturaleza, todos importan. En el bio-emprendimiento, todos deben ganar. Recuerda la trama de la vida. Todo está conectado.

  • Debe eliminar cualquier externalidad negativa: 
Los residuos de los procesos naturales se aprovechan como insumos para otros procesos. Nada se pierde. Todo se aprovecha. Es muy peligroso para los nuevos emprendimientos tener efectos nocivos sobre algún miembro del ecosistema. Los derechos de todos deben cuidarse. Especialmente los de los más débiles. En este sentido, el emprendimiento debe ser ético. Recuerda el Fair Play.

  • Debe cambiar la cultura: 
Así como las mutaciones cambian la información genética, los nuevos emprendimientos deben cambiar la cultura de negocios, eliminando los hábitos antiguos y construyendo nuevos comportamientos que sean aceptados transversalmente. La idea debe ser potente, motivante y sobre todo, muy contagiosa. Recuerda que los virus y bacterias son organismos muy exitosos para reproducirse.

  • Debes trabajar con los grandes:

En las múltiples aristas de cualquier emprendimiento, hay personas que son referentes extraordinarios y a veces maestros en una disciplina. Forma un equipo de colaboradores con gente extraordinaria y comprometida. Asóciate con los mejores. Necesitarás consejo y apoyo para superar las dificultades. asegúrate que sea del bueno. Hay genios en todas partes. Trabajar en un ambiente con buenas ideas, es la tierra más fértil para los emprendedores. Recuerda que el trabajo en equipo de los insectos sociales, los convierte en super-organismos.



En resumen, si estas pensando en emprender, ten presente las 5 claves para el bio-emprendimiento:
1) Busca eficiencia
2) Crea valor para todos
3) Actúa con integridad
4) Contagia e inspira
5) Construye en equipo

lunes, 13 de junio de 2016

¡Alerta! Terremoto político se acerca

En una carta publicada hoy en la sección Cartas al Director de El Mercurio, don Arturo Gana se pregunta con mucha razón, hasta qué punto la tolerancia a los intolerantes es un valor democrático. Yo concuerdo con su inquietud, aunque probablemente con menos diplomacia, también me pregunto si un gobierno que tiene tal tolerancia a la violencia está cumpliendo con su deber.

Porque este gobierno, pretendiendo defender el derecho a manifestarse, no solo ha tolerado sino que ha incentivado las manifestaciones de grupos que no se hacen responsables de las consecuencias de sus actos. Aunque el derecho a propiedad y el estado de derecho, están en peligro a nadie parece importarle. Este es un legado que nuestros hijos no se merecen. Si hay una lección que nuestra generación debió aprender es que el dialogo respetuoso nunca debe perderse.

Hoy, muchos intolerantes están usando la fuerza para imponer sus puntos de vista. En particular, los estudiantes, que enarbolaron la bandera de la calidad, han abusado de su derecho a manifestarse y siguen utilizando la violencia y las amenazas para exigir reformas que no apuntan hacia la calidad y que tienen un costo que Chile no puede solventar. Las tomas –de inmuebles o calles y en cualquiera de sus manifestaciones– son actos de violencia que no ayudan a una convivencia sana. Nadie quiere dar la cara. Por eso han proliferado los encapuchados, que se esconden detrás del anonimato para cometer las mayores atrocidades a vista y presencia de unas autoridades demasiado permisivas.

Esas mismas autoridades que antes incentivaban las tomas, hoy han levantado sus voces al percatarse, luego de los tardíos y renuentes desalojos, de los daños que han dejado los vándalos juveniles en edificios patrimoniales. ¿Cómo creerles, si ellos no se sienten responsables?

En este Chile (que algunos prefieren abandonar), donde las tomas se han transformado en mecanismos de presión que afectan los derechos de terceros, cabe preguntarse si no le corresponde al gobierno defender a los que respetan las reglas de convivencia. La mayoría de los chilenos que tienen pensamiento independiente, quisiera vivir en un país menos violento y más próspero. Pero la prosperidad sólo germina en tierra fértil en confianza. Necesitamos, con urgencia, confiar en nuestro gobierno y en nuestras autoridades, pero… ¿es posible confiar en quien ha abdicado de su función más esencial? La respuesta a esta interrogante es un NO rotundo.

Ya hemos perdido la confianza en casi todos los poderes del Estado. La corrupción, el tráfico de intereses y el abuso del poder, pero sobre todo, la falta de coraje para defender al ciudadano común, están corroyendo nuestra institucionalidad.  Legislar en función de las encuestas y con temor a molestar a los intolerantes, tiene a nuestros parlamentarios con una desaprobación histórica. Tal vez alguno de ellos se atreva a renunciar, pero no me hago ilusiones, porque ninguno tiene conciencia de la verdadera responsabilidad de su cargo.

El desprestigio de la política está muy influenciado por el desamparo que sentimos la mayoría de los chilenos. Frente a la irresponsabilidad y el desparpajo de autoridades a la deriva, el riesgo de sufrir un terremoto político es cada día mayor.

¡La tolerancia de los chilenos tiene límite!

viernes, 10 de junio de 2016

Ojos de niño

Ayer, una querida amiga me hizo una pregunta que no quise contestar sin tener la oportunidad de reflexionar sobre la respuesta. Decidí responderla en serio y compartirla con ustedes en este blog.
Ella preguntó, “Si el niño que fuiste se topara con la persona que eres ahora, ¿Qué pensaría de ti?

Mmmmm…
En primer lugar no estoy seguro de que me hubiese reconocido. El tiempo y las circunstancias nos transforman física y psicológicamente de modo asombroso aunque difícilmente azaroso. Probablemente habría encontrado en mi, un aire familiar, pero seguramente me hubiese visto y juzgado tal como vemos y juzgamos a cualquier otra persona. Con cierta severidad y un dejo de superioridad. Hoy reconozco que en cada otro hay mucho de mí. O más bien, creo que no existe el otro sino que sólo existe un nosotros. Pero de niño no pensaba así. Era inocente e ingenuo pero bastante maduro para mi corta edad.

El recuerdo más lejano que encuentro en mi memoria es la toma de conciencia del paso del tiempo. Fue como a los 3 años, en época de primavera en el campo. Una flor recién abierta indicaba el comienzo de un nuevo ciclo temporal. Era igual a otra que vivió durante la primavera pasada. Ese eureka ancestral, me hizo comprender que el tiempo no era lineal. Constatar el transcurso inexorable del tiempo y su carácter cíclico, dejo una huella imborrable en mi memoria.

Ese niño habría reconocido que yo soy una persona que ha vivido muchas primaveras y muchos otoños. Y que eso me hacía fuerte y sabio. También habría mirado mis ojos (el espejo del alma) y descubierto la bondad esencial que nos caracteriza. Hoy pienso que habría visto a Dios en mi. Pero entonces, solo habría visto a un viejo bondadoso con bastante recorrido. Se sentiría cómodo y confiado.

Esa inocencia a la que aludí, probablemente hubiese obviado mi sombra. No habría visto mis contradicciones ni mi tendencia a tropezarme con la misma piedra. Tampoco mis defectos más evidentes porque intento, con algún grado de éxito, disimularlos.

En caso de que me hubiese reconocido, que hubiese visto su propio futuro, entonces creo que habría estado orgulloso de mis logros y hubiese sido compasivo con mis errores. Posiblemente  un poco desilusionado con el camino que recorrí, ya que sus sueños eran convertirse en un gran futbolista, un famoso artista o un músico popular. Pero no tuve ni el talento requerido ni la pasión necesaria para hacerlos realidad. Y hablando de pasión, habría aplaudido el entusiasmo, el compromiso y la creatividad con que viví cada capítulo de mi historia. Seguramente también hubiese reconocido aquellas cicatrices dejadas por las grandes penas y el sinfín de desilusiones que entonces no podía prever y que delataban una sensibilidad extrema de la que siempre fue consciente. A pesar de todo, creo que el balance final habría sido positivo.
En resumen, habría comprendido que ese personaje que tenía ante él, era producto de sus propias interpretaciones y que la vida no era ni remotamente parecida al juego de personajes ficticios que acostumbraba a jugar. Aquel juego que le permitía aprender del intento del amigo imaginario y luego corregir sus errores. En la vida real no hay 3 o 4 oportunidades para tomar decisiones. Para bien o para mal es una aventura de prueba y error. Tampoco es una prueba con alternativas. Era más bien un ensayo que se escribe con tinta indeleble y donde todos los errores quedan plasmados per sécula seculorum en el manuscrito con que nos presentamos al exámen final. Hubiese sido amoroso, magnánimo, honesto y exigente y con algo de pena probablemente habría dicho algo como:

¡Bien hecho!... pero ten presente que pudiste haber sido una mejor versión de mi.




A veces es bueno mirarse con ojos de niño, ojos inocentes y cariñosos, pero llenos de delicados sueños y grandiosas esperanzas con altas probabilidades de fracasar. Es un ejercicio que les recomiendo.

martes, 7 de junio de 2016

Alan Turing

Después de ver Código Enigma me quedé con un nudo en la garganta. No podía creer lo injusto que había sido Gran Bretaña con Alan Turing, quien al inventar el computador no solo fue decisivo para el triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, sino que modificó nuestro futuro de una forma entonces inimaginable.
Hoy, que se cumplen 52 años desde su muerte, tenemos una visión más completa de cómo este genio lógico-matemático mejoró nuestra forma de vida. La Humanidad le debe a este excéntrico personaje, su transición hacia la modernidad, con todo el progreso que la computación y la tecnología han catalizado. Sin pecar de exagerados, podemos decir literalmente, que Turing cambió el mundo.
Casi todos los avances tecnológicos y ciertamente internet, son hijos de sus revolucionarias ideas. Yo no estaría escribiendo este blog y usted no podría leerlo sin la computación, su gran invento. Llama la atención que no se reconozca más, su extraordinaria contribución.

Tal vez sea por vergüenza. Porque debiéramos avergonzarnos del trágico final de su vida. Se suicidó en 1954 justo antes de cumplir 42 años, incapaz de aceptar el indigno trato que le dio la sociedad por ser homosexual. Su condición, en ese entonces considerada una aberración, era “ilegal” pero la “justicia británica” (quizás reconociendo su insigne trabajo) en lugar de condenarlo a prisión, lo obligó a tomar hormonas femeninas en una suerte de castración química que no logró cambiar sus identidad de género.
Alan Turing era un genio demasiado adelantado a su época. Nunca creyó que la homosexualidad fuese una enfermedad mental e intentó luchar por el derecho a ser aceptado en la sociedad independiente de sus preferencias sexuales. No tuvo éxito, pero ciertamente plantó una semilla que recién está germinando en nuestros tiempos. Aunque usted no lo crea, solo en 1990 la Organización Mundial de la Salud, sacó a la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales. Si fue un héroe de la guerra y un pionero de la computación, también fue un mártir de los derechos de humanos tal como los reconocemos hoy.
Sin ninguna ingenuidad, sospecho que no fue este su gran pecado, sino otra de sus grandes convicciones, la idea de que las máquinas pueden pensar, la que gatilló la condena del “establishment”. En ese entonces, ni la religión ni el gobierno fueron capaces de aceptar la idea de la inteligencia artificial. Siempre cuestionó la arrogancia humana de considerarse la única especie capaz de pensar y eso sí que lo convirtió en un verdadero hereje. Era una idea tan peligrosa como la de Copérnico. Atacaba la esencia de la Religión.
Apenas medio siglo después de su muerte, ya las máquinas derrotan a los campeones mundiales de ajedrez y go, los autos son capaces de manejarse solos y la inteligencia articial (IA), es materia común en los cursos universitarios. Los progresos en esta área son tan exponenciales, que con el advenimiento de la computación cuántica y el desarrollo de la inteligencia artificial, sabemos que el ser humano tendrá que rendirse muy pronto ante la capacidad de procesar información y sacar conclusiones de las máquinas. Tal vez la soberbia del ser humano será derrotada en breve por las máquinas descendientes de Turing. Tal vez la inexorable justicia alcanzará finalmente a este personaje, padre de la computación y antecesor de una nueva forma de inteligencia que dominará al mundo. Una inteligencia que superará con mucho al pensamiento humano y que tal vez le otorgue a este hombre el título que se merece por su extraordinaria imaginación. El primer humano que concibió y luego construyó un computador. El creador de la inteligencia artificial y el precursor de una especie humana potenciada por la tecnología: ¡El humano más grande!
Como comentario al márgen quiero destacar el extraordinario contraste con la inteligencia humana, que ha otorgado ese título a una leyenda del boxeo, Muhammad Alí. Sin desmerecerlo, porque fue un deportista arrogante y poderoso, con un historial magnífico, que acaba de fallecer derrotado por la enfermedad. Curiosamente, una figura que también nos llama la atención sobre la “justicia” que lo condenó a prisión por no querer ir a la guerra. Pero finalmente fue un peleador rudo que se ganó la vida a golpes de puño. Algo que los humanos sobrevaloran mucho…

Les recomiendo leer el libro: “The man who knew too much” (El hombre que sabía demasiado) de David Leavitt. Una biografía que relata la historia del inventor del computador y la humillación a que fue sometido por ser homosexual y creer que las máquinas podían pensar.

jueves, 2 de junio de 2016

¡Salud, integridad y alegría!

Poco antes de morir después de una larga batalla contra el Alzheimer, mi suegro tuvo un momento de extraordinaria lucidez en su lecho de muerte, mientras lo examinaba el doctor junto a sus hijas. De su boca brotaron unas palabras que parecieron resumir el aprendizaje de su vida. De pronto y solo por instantes, su cuerpo pareció recuperar su vitalidad, sus ojos se enfocaron en los presentes y su mente se conectó con la realidad para regalar a sus descendientes un último consejo: "En la vida hay que ser sanos, santos y alegres" dijo sonriendo con claridad y convicción...
Luego de una pausa, que pretendía dilucidar si lo habían comprendido bien, retornó al mundo interno al que estaba condenado y se sumió en ese sopor e indiferencia típico del enfermo terminal. Ya sabía que se iba a otra dimensión.
Fue un hombre culto e inteligente, un gran abogado pero sobre todo, un formador de personas. Y como era su costumbre, aprovechó hasta su último instante para dar una lección. 
Esas palabras demostraban la notable sabiduría que acumuló durante sus 80 años de existencia. 
Ser sanos no es una condición biológica, sino una decisión de autocuidado que se mantiene en el tiempo y que genera hábitos de nutrición, ejercicio y respeto por nuestro cuerpo. Una forma de vivir condenada a la derrota, pero que él persiguió con ahínco, luchando a diario por mantener la salud. Esa fue su recomendación en la enfermedad.
Ser santos tampoco es una condición espiritual, sino un compromiso moral y un comportamiento ético que nos permite convivir con otros en el respeto. La santidad a la que se refería no es religiosa. Más bien un compromiso con el "fair play"; es decir vivir la vida amando, respetando las reglas y jugando limpio. ¡Qué oportuno recordatorio ante la falta de escrúpulos que vemos por doquier! Esa fue su recomendación justo antes de enfrentar el juicio final.

Ser alegres era una invitación. A no tomarnos tan en serio y aceptar los acontecimientos con una sonrisa fácil. O pudo ser una sugerencia para encontrar el lado positivo de las cosas y vivir con optimismo. Siempre tuvo un sentido del humor especial y juntaba anécdotas y cuentos con enseñanzas que compartía con mucho entusiasmo. ¡Qué oportuno ante el ambiente pesimista que percibía a su alrededor! Esa fue su recomendación al despedirse.
Notable momento en la vida de un ser humano y hermoso recuerdo para sus hijas presentes. Salud, integridad y alegría, los 3 componentes de una vida que vale la pena vivir. Esa es la receta que nos dejó el suegro y que intentaremos emplear en lo que nos queda de tiempo.